El departamento francés de Pirineos Orientales rechazó en una consulta ciudadana cambiar su nombre por el de "Pirineos Catalanes". La opción de mantener la denominación histórica, vigente desde la Revolución Francesa, obtuvo 18.025 votos frente a los 16.092 que respaldaron el cambio, una diferencia de apenas 1.933 papeletas.
La participación fue baja: solo votó el 10,57% del censo, es decir, 38.178 personas de los 384.000 electores convocados entre el 22 de junio y el 15 de agosto, según informó el Consejo Departamental.
Reacciones encontradas
La presidenta del Consejo Departamental, Hermeline Malherbe, zanjó la consulta con un "la democracia ha hablado", defendiendo que mantener el nombre "no implica en absoluto una renuncia" a la identidad catalana.
Plataforma per la Llengua, entidad que apoyaba el cambio, matizó que el resultado "no se puede interpretar como un voto contra la catalanidad" y acusó al departamento de haber organizado la logística sin hacer campaña pedagógica. La organización considera que la baja participación y la falta de información incidieron en el desenlace.
Un segundo revés para el catalanismo administrativo
Esta es la segunda vez que una iniciativa similar no prospera en el departamento 66. En 2016, cuando Francia fusionó Languedoc-Rosellón con Mediodía-Pirineos, una consulta barajó "Occitania-País Català" para la nueva región, pero ganó "Occitania" a secas. El patrón se repite ocho años después y el catalanismo administrativo francés acumula dos derrotas.
Louis Aliot, alcalde de Perpiñán y vicepresidente del Reagrupamiento Nacional (partido de Marine Le Pen), pidió el voto por mantener el nombre histórico; su bando ganó por un margen mínimo.
Contexto histórico: el Tratado de los Pirineos
La frontera actual se remonta al Tratado de los Pirineos de 1659, firmado en la Isla de los Faisanes tras 24 años de guerra entre las coronas de España y Francia. España cedió el Rosellón, el Conflent, el Vallespir y media Cerdaña, dividiendo un territorio que hasta entonces formaba una unidad cultural y lingüística continua a ambos lados de la cordillera.
Ese reparto aún genera anomalías: Llívia, una villa de la Cerdaña, se salvó de pasar a Francia por un tecnicismo del propio tratado —tenía estatuto de villa, no de "lugar"— y sigue siendo hoy un enclave español rodeado por completo de territorio francés.
Retroceso lingüístico del catalán
El catalán en la Cataluña Norte —nombre que usan quienes defienden su identidad histórica— convive con el francés, pero desde hace siglo y medio sufre un proceso de sustitución progresiva, acelerado por la escolarización obligatoria republicana desde finales del siglo XIX. Junts per Catalunya, formación política del Principado, apoyó la opción "Pirineos Catalanes" y también resultó perdedora.
Al sur de la frontera, el uso habitual del catalán ha caído del 36,1% al 32,6% de la población entre 2018 y 2023, según la Encuesta de Usos Lingüísticos del Idescat.
Paralelismo vasco y el santuario etarra
La Isla de los Faisanes, donde se firmó el tratado que originó la frontera, es hoy el único condominio activo del mundo entre dos países: España y Francia intercambian soberanía cada seis meses desde 1856. La misma frontera vasco-francesa fue durante décadas escenario de una situación más grave que una disputa de topónimos: el llamado "santuario etarra".
Según la fuente, Francia toleró la presencia del grupo terrorista ETA en Iparralde y concedió estatuto de refugiado político a sus militantes. Recién a partir de 1984, ya en democracia, comenzó a colaborar activamente contra la banda, con extradiciones sistemáticas.
Contraste con Alsacia y el Valle de Arán
Alsacia perdió su nombre institucional en 2016, al integrarse en la macrorregión "Gran Este" junto a Lorena y Champaña-Ardenas. A diferencia del caso catalán, la Asamblea Nacional aprobó en 2019 fusionar sus dos departamentos —Alto y Bajo Rin— en una nueva "Colectividad Europea de Alsacia" que recuperó el nombre histórico en 2021, con competencias reforzadas en bilingüismo y cooperación transfronteriza.
En la vertiente española de los Pirineos, el Valle de Arán ofrece el caso inverso: una identidad lingüística minoritaria, el aranés —variante del occitano—, logró reconocimiento oficial pleno en Cataluña en 1990 y cooficialidad en todo el territorio catalán desde 2010, pese a contar con apenas entre 3.000 y 5.000 hablantes nativos.









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