Un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional Hermilio Valdizán apuesta por visibilizar problemáticas sociales y revalorar tradiciones locales a través del cortometraje “Shuyamay”, una producción ambientada en Tambogán que combina narrativa social con elementos culturales propios de la región. La obra, dirigida por María Paz Ruiz González Díaz junto a un equipo de ocho estudiantes de Ciencias de la Comunicación, se desarrolla en el contexto del carnaval de Tinkuy, también conocido como la “guerra de las naranjas”, festividad emblemática que rememora la revolución de Huánuco de 1812.
La historia sigue a Vicenta, una mujer que vive bajo opresión tanto en el ámbito familiar como social, y que busca escapar de esa realidad con la ayuda de un amigo. Sin embargo, su intento no tendrá el desenlace esperado, lo que introduce una narrativa de tensión que busca interpelar al espectador sobre las dinámicas de violencia y desigualdad aún presentes en entornos rurales.
El equipo eligió Tambogán no solo por su riqueza cultural, sino por el valor simbólico del Tinkuy, que aporta un contexto histórico y emocional a la historia. La producción se realizó en cuatro días de rodaje, coincidiendo con las festividades principales, lo que permitió capturar escenarios reales y contar con el apoyo directo de la población local.
Producción estudiantil
El cortometraje es resultado del trabajo de ocho estudiantes en su último año de formación, quienes asumieron roles técnicos y creativos en áreas como dirección, fotografía, arte y maquillaje. Esta experiencia marca su primera participación como equipo seleccionado para representar a la universidad y a Huánuco en el festival UNIFEST, un espacio que impulsa el desarrollo audiovisual a nivel nacional.
Parte del equipo accedió a capacitación especializada en Lima mediante clases maestras organizadas por el festival, lo que permitió fortalecer sus competencias antes de llevar a cabo el rodaje. No obstante, el proceso enfrentó limitaciones propias de una producción independiente, como las condiciones climáticas adversas durante la temporada de lluvias, que obligaron a extremar cuidados con los equipos técnicos.
A pesar de estos desafíos, la producción logró concretarse gracias al trabajo colaborativo y al respaldo de los pobladores de Tambogán, quienes facilitaron locaciones y contribuyeron al desarrollo del proyecto. Esta articulación entre academia y comunidad se presenta como un elemento clave en la consolidación de propuestas audiovisuales con identidad local.
Retos y expectativas
El enfoque del cortometraje abre también un espacio de reflexión. Por un lado, aborda una problemática sensible como la violencia de género, lo que plantea el desafío de representar esta realidad con responsabilidad y profundidad, evitando caer en estereotipos o simplificaciones. Por otro, incorpora una festividad tradicional que exige un tratamiento respetuoso para no reducir su significado histórico a un mero recurso escénico.
El proyecto refleja, además, las condiciones actuales del cine emergente en regiones: iniciativas impulsadas desde la academia, con recursos limitados y escasa asesoría profesional consolidada, pero con alto potencial creativo y compromiso social. En este contexto, “Shuyamay” se posiciona como una propuesta que busca trascender lo académico y abrirse camino en espacios competitivos.
Las expectativas del equipo son altas. Si bien aspiran a obtener el reconocimiento principal en el festival, también destacan el aprendizaje colectivo y la oportunidad de proyectar su trabajo a un público más amplio. La experiencia, más allá del resultado, representa un paso significativo en la construcción de una mirada audiovisual propia desde Huánuco.







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