La Colección Científica de Ictiología de la Universidad Nacional Amazónica de Madre de Dios (CCI-UNAMAD) reúne alrededor de 2000 lotes que suman casi 300 especies de peces, cerca del 40 % de la diversidad reportada para la cuenca del río Madre de Dios. Se trata de la primera colección ictiológica de esa región amazónica, un territorio declarado capital de la biodiversidad peruana y fuertemente afectado por la minería ilegal de oro.
El curador de la colección, Miguel Macedo, explicó a Mongabay Latam que en ocasiones ha pasado semanas e incluso meses atrapando peces en Madre de Dios. El trabajo se vuelve más difícil en zonas de conflicto, como las inmediaciones de las pozas de minería ilegal de La Pampa, en la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata, donde los locales no dejan entrar a cualquiera.
“El hecho de trabajar en esas zonas un poco hostiles, a veces tomadas por el crimen organizado, da un poco de temor”, dice Macedo. “Sin embargo, nosotros siempre hemos salido adelante contra esos imprevistos”, insiste.
Junto con su equipo, Macedo ha buscado dialogar con los mineros de La Pampa y ganarse su confianza para llegar hasta los puntos donde trabajan y recolectar ejemplares. Ese esfuerzo permitió conformar el primer inventario local de peces de la región.
Una colección que nació para medir los cambios del ecosistema
Antes de 2017, año en que empezó formalmente la iniciativa, no existía en Madre de Dios una colección local que diera cuenta de su biodiversidad acuática. La región alberga cerca de 770 especies de peces, equivalentes al 70 % de la ictiofauna del país, según la información difundida.
Para Julio Araujo, doctor en biología y coordinador del Programa de Ecosistemas Acuáticos del Centro de Innovación Científica Amazónica (CINCIA), el estudio de los peces va más allá del conocimiento de su diversidad. “La importancia de su estudio, además de la diversidad, es que nos permite conocer en qué medida las especies de peces nos pueden servir como herramienta para medir el cambio [en los ecosistemas]”, señaló.
Entre esos cambios está comprender cómo las especies acuáticas de zonas deforestadas por la minería ilegal se adaptan a las condiciones posteriores a esa actividad. La colección conserva ejemplares que ayudan a entender ese impacto y la capacidad de los peces para adaptarse a ecosistemas transformados.
De CINCIA a la UNAMAD: casi una década de trabajo
En 2015, Araujo advertía en su tesis doctoral una “generalizada falta de información e interés por estudiar o conocer los recursos hidrobiológicos presentes” en el territorio. Dos años después fundó la colección junto a CINCIA, una organización dedicada a la investigación, conservación, gestión ambiental y restauración ecológica de la Amazonía peruana.
Hasta entonces, los investigadores que recolectaban peces en la región debían llevarlos hasta Lima, a la Colección Científica de Ictiología del Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la más antigua y grande del país. Consideraban importante contar con un inventario propio, no solo por cuestiones prácticas sino para fomentar la investigación y el conocimiento entre la población local.
En 2018 se sumó al proyecto la UNAMAD, única universidad pública de la región. Hoy la colección está gestionada únicamente por esa casa de estudios y forma parte de su Instituto de Investigación de Recursos Naturales y Medio Ambiente (INRENMA), dirigido por Yony Fernández. “La colección nació desde CINCIA, pero ha sido adoptada por la UNAMAD y pertenece a la universidad”, explica Araujo.
El acervo se encuentra en el primer piso del centro preuniversitario del campus y es visitado por estudiantes de colegios y universidades, según Fernández, encargada de la gestión administrativa.
Especies representativas y trabajo pendiente
La colección conserva ejemplares de distintos órdenes taxonómicos: rayas de agua dulce (Myliobatiformes), anguilas eléctricas y macanas (Gymnotiformes), sardinas, sábalos, pirañas y lisas (Characiformes), bagres, caneros y carachamas (Siluriformes), y bujurquis (Cichliformes). Algunos han sido identificados mediante código de barras de ADN y sus secuencias se incorporaron a bases de datos internacionales como la del National Center for Biotechnology Information (NCBI).
Entre los “ejemplares excepcionales”, en palabras de Macedo, figuran una anguila eléctrica colectada en 2020 en el río Colorado, varias rayas de distintos ríos, quebradas y pozas mineras, y un paiche o pirarucú colectado en la quebrada Sandoval. El curador señaló que estas especies no son sencillas de atrapar porque no son abundantes y suelen estar dispersas.
Las muestras provienen de las cuencas de los ríos Madre de Dios, Tambopata, Inambari y Colorado, así como de áreas protegidas como el Parque Nacional del Manu, y de quebradas, cochas, lagos, cuerpos de agua estacionales y pozas mineras. Según Macedo, todas son producto de investigaciones científicas realizadas en la región, como tesis, monitoreos, informes técnicos y artículos científicos.
El trabajo pendiente también es amplio. Macedo calcula que hay otros 4000 lotes por analizar en el área de depósito, muestras que aún no forman parte del inventario oficial, algunas colectadas incluso antes de la creación de la colección. En su lista de especies por colectar figura el pez pulmonado sudamericano (Lepidosiren paradoxa).
Limitaciones frente a otros países de la región
El esfuerzo por mantener la colección enfrenta restricciones de recursos e infraestructura. Mientras países como Brasil y Colombia cuentan con decenas de colecciones ictiológicas, Perú solo tiene tres, de acuerdo con los expertos consultados por Mongabay Latam. La CCI-UNAMAD es una de ellas y la única en Madre de Dios.










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