La anemia sigue siendo un problema de salud pública que afecta el desarrollo de miles de adolescentes en el Perú. En la región Ucayali, el 17,2% de los jóvenes de 12 a 17 años evaluados en establecimientos de salud presenta esta condición, según datos del Sistema de Información del Estado Nutricional (SIEN-HIS) del Ministerio de Salud al 2025. A nivel nacional, la cifra asciende a 22,7% en el mismo rango etario.
Esta enfermedad, causada por la deficiencia de hierro en el organismo, provoca cansancio, debilidad, dificultades de concentración y bajo rendimiento académico. En el colegio Agropecuario de Callería, ubicado en una zona urbano marginal de Coronel Portillo, docentes y padres observan a diario estos síntomas en los estudiantes.
Voces desde las aulas
María Huamán López, docente de Desarrollo Personal, Ciudadanía y Cívica de la institución, señaló que han identificado a varios estudiantes con señales de alerta. “Presentan cansancio, somnolencia y dificultades para concentrarse en clase. Algunos asisten sin ganas de estudiar y solo por obligación. Otros se quedan dormidos durante las horas de clase”, declaró.
Por su parte, Nely Saldaña Rengifo, profesora de Comunicación, indicó que la problemática repercute directamente en el aprendizaje. “Afecta el rendimiento académico de los alumnos”, afirmó.
Una madre de familia del colegio Agropecuario comentó que su hijo ha sido diagnosticado con anemia. “A veces se siente cansado, débil y con poco ánimo. Creo que eso puede afectar su aprendizaje y su salud. Para ayudarlo, trato de darle alimentos con hierro, buena alimentación y llevarlo a sus controles médicos”, relató.
La realidad de los estudiantes
Alumnos de secundaria entrevistados coincidieron en que no siempre almuerzan antes de ir al colegio, ya sea por falta de tiempo, apetito o recursos. “A veces no tengo tiempo en las mañanas o no tengo hambre. Otras veces en casa no hay suficiente comida”, señaló un estudiante de quinto de secundaria, quien además camina entre 15 y 30 minutos para llegar al centro educativo y trabaja los fines de semana.
Los jóvenes también revelaron que durante los recreos suelen consumir snacks y bebidas azucaradas, mientras que otros optan por frutas y agua. A pesar de las dificultades, manifestaron ser conscientes de las implicancias de la anemia y expresaron su deseo de estudiar carreras como Ingeniería Civil o Medicina para contribuir con su comunidad.
Vacíos en la atención institucional
La subdirectora del colegio, Zamby Pinedo Caballero, y los docentes consultados indicaron que la institución realiza charlas de orientación sobre hábitos saludables y alimentación nutritiva. Además, cuentan con el apoyo del programa de alimentación escolar Wasi Mikuna, aunque este está dirigido solo a niños de inicial y primaria. “Las acciones emprendidas no son suficientes. Es necesario fortalecer el apoyo de las autoridades de salud y educación”, admitieron.
Deysi Fuchs Andrade, subgerenta de Desarrollo Social de la Municipalidad Provincial de Coronel Portillo, reconoció que la atención a adolescentes de 12 a 17 años es un vacío. “No se ha priorizado, es un vacío que se ha podido ver, pero la competencia de la municipalidad es poder atender a niños de 0 a 5 años y primaria”, puntualizó. La funcionaria detalló que su institución desarrolla charlas preventivas, ferias saludables y tamizajes, y que los casos diagnosticados son referidos a los centros de salud.
El licenciado en Enfermería Manuel Gonzalo, coordinador de Metaxénicas del Centro de Salud 9 de Octubre de Coronel Portillo, explicó que la anemia es recuperable en adolescentes si se detecta a tiempo. “Cuando un niño o joven ha tenido anemia a partir de los 15, 16 o 17 años, es recuperable. Si no ha tenido anemia anteriormente, no hay ningún problema”, comentó. Recomendó incluir en la dieta carne, sangrecita, huevo y alimentos ricos en hierro, complementados con cítricos como la naranja.
Demandas ciudadanas
Padres de familia y estudiantes pidieron mayor presencia de profesionales de la salud como nutricionistas, enfermeros y psicólogos en las escuelas, así como campañas de prevención, controles médicos periódicos y apoyo alimentario para los estudiantes con mayores necesidades. “Deberían dar charlas más seguidas sobre alimentación saludable y mejorar los bebederos con agua limpia para todos”, instó una estudiante de quinto de secundaria.
Pese a los avances en la reducción de la anemia en la primera infancia —de 59,4% a 54,6% entre 2024 y 2025 en Ucayali, según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (Endes)—, la atención a los adolescentes sigue siendo una tarea pendiente que requiere acciones concretas y coordinadas entre los sectores de salud y educación.










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