Hay situaciones frente a las cuales guardar una prudente distancia institucional termina pareciéndose demasiado a la indiferencia. Que pacientes de salud mental permanezcan en ambientes donde el agua se filtra por el techo y tenga que ser recogida en recipientes colocados sobre el piso es una de ellas. Las fotografías y videos entregados a Diario Ahora muestran precisamente esas condiciones. Y nuestra posición es clara: esto no puede normalizarse.
No estamos hablando de paredes bonitas, acabados nuevos ni comodidades extraordinarias. Estamos hablando de personas hospitalizadas que necesitan tranquilidad, seguridad y un espacio adecuado para recuperarse. La salud mental sigue cargando demasiados prejuicios como para añadirle, además, instalaciones deterioradas, áreas reducidas y una sensación de abandono.
Una fuente cuya identidad este diario mantiene en reserva por temor a represalias sostiene que la Unidad de Hospitalización en Salud Mental y Adicciones del Hospital Regional Hermilio Valdizán Medrano continúa funcionando dentro de una zona del antiguo hospital intervenido para el futuro hospital oncológico. Según su versión, el servicio habría quedado aislado conforme avanzaron los trabajos de demolición y funcionaría en aproximadamente 70 metros cuadrados, sin patio para los pacientes.
Ese testimonio requiere, naturalmente, las precisiones institucionales correspondientes. Pero las imágenes no necesitan demasiadas interpretaciones: hay filtraciones, recipientes destinados a contener agua y sectores del antiguo establecimiento sometidos a demolición. Es suficiente para formular una pregunta elemental: ¿Son esas las condiciones que Huánuco considera aceptables para una persona internada por un problema de salud mental?
Creemos que la respuesta ciudadana sería un rotundo no.
La preocupación aumenta porque no se trata únicamente de proteger a los pacientes de la lluvia. Una hospitalización psiquiátrica demanda espacios donde una persona pueda desplazarse, realizar actividades, recibir acompañamiento y atravesar su recuperación con la mayor dignidad posible. La fuente consultada advierte precisamente que el espacio reducido limitaría esas condiciones y cuestiona incluso la capacidad de respuesta ante una eventual emergencia médica.
También existe una contradicción que merece explicación. En enero de 2024 se anunció una Unidad de Salud Mental con 22 camas y una inversión aproximada de S/2,8 millones, que sería instalada en el hospital de contingencia de La Esperanza. Más de dos años después, según la denuncia recibida por este diario, los pacientes continuarían en el antiguo hospital. ¿Qué ocurrió con ese anuncio? ¿Por qué la unidad no habría sido trasladada? ¿Cuál es hoy el plazo real?
No corresponde adelantar responsabilidades sin escuchar las respuestas oficiales ni conocer los documentos que expliquen el proceso. Pero tampoco corresponde aceptar el silencio como respuesta.
La construcción de un hospital oncológico es importante. La atención de los pacientes con cáncer merece infraestructura especializada y recursos suficientes. Sin embargo, ningún proyecto de futuro puede justificar que quienes necesitan atención hoy permanezcan relegados a condiciones precarias.
La salud mental no puede seguir siendo el servicio que se acomoda donde queda espacio. Las personas internadas no son un obstáculo dentro de una obra ni una dependencia que pueda esperar indefinidamente.
Huánuco necesita saber dónde y en qué condiciones serán atendidos estos pacientes. Y, sobre todo, cuándo dejarán de convivir con las goteras.










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