Una iniciativa nacida en el centro poblado de Sachavaca, en el valle del Monzón, transforma cacao, café, plátano, yuca y camote producidos en la zona para venderlos fuera de la comunidad. El emprendimiento genera trabajo directo para cinco o seis personas y adquiere materia prima de distintos agricultores locales. La productora elabora pasta de cacao, chocolates artesanales, chocotejas y chifles salados y dulces. También ha trabajado con yuca, camote y otras variedades de plátano, mientras amplía progresivamente su oferta y busca abrir mercado en Huánuco, Tingo María y Lima. Agregar valor a las cosechas La iniciativa surgió al observar que cada vez más familias cultivaban cacao y plátano, pero vendían sus productos sin procesarlos. La emprendedora encontró una oportunidad en convertir esas cosechas en alimentos con mayor valor comercial y diferentes presentaciones. El negocio comenzó hace varios años de manera gradual, principalmente mediante ventas por redes sociales. Su promotora reconoció que inicialmente dudaba de que pudiera prosperar y que enfrentó comentarios que consideraban demasiado difícil procesar y comercializar los productos. La perseverancia le permitió aumentar sus ventas, participar en nuevos espacios comerciales y preparar la apertura de un pequeño local en Sachavaca. Según su testimonio, actualmente vive de los ingresos generados por el emprendimiento. Una nueva identidad productiva para el Monzón La productora sostuvo que el valle no debe continuar siendo identificado únicamente con la hoja de coca. Señaló que el cacao, el café, el plátano y la yuca ofrecen alternativas para agricultores que buscan otras fuentes de ingreso. También manifestó que la presencia de sembríos de cacao y otros productos se ha incrementado, mientras la coca habría perdido espacio en Sachavaca. Esa apreciación corresponde a su experiencia y necesita datos agrarios oficiales antes de presentarse como una tendencia comprobada de todo el valle. Entre las posibilidades futuras mencionó la producción de harina de plátano a mayor escala. Para dimensionar el potencial del negocio todavía falta conocer sus volúmenes de producción, ventas, capacidad instalada y condiciones sanitarias. La experiencia muestra, sin embargo, un cambio concreto: las cosechas de Sachavaca ya no se venden únicamente como materia prima. Parte de ellas se transforma dentro del territorio, genera trabajo local y comienza a construir una identidad comercial propia para el valle del Monzón.
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