El padre Oswaldo Rodríguez pidió a los electores de Huánuco que no decidan su voto únicamente por amistad, cercanía o propaganda, sino por la trayectoria y la capacidad demostrada de cada candidato para servir. “No podemos pensar simplemente en la amistad, en las buenas relaciones”, afirmó al plantear criterios para evaluar a quienes buscan conducir gobiernos regionales y municipales. El mensaje fue formulado en el mes del 487.° aniversario de Huánuco y durante el proceso de las Elecciones Regionales y Municipales 2026, cuya jornada de votación está fijada para el 4 de octubre. Rodríguez vinculó la identidad regional con la responsabilidad de elegir autoridades que conozcan las necesidades del territorio y orienten el poder hacia el bien común. Conocer el territorio antes de gobernarlo El sacerdote colocó como primer criterio el conocimiento de la geografía, la historia y la cultura del lugar que se pretende gobernar. Advirtió que hablar de Huánuco no debe reducirse a la ciudad, pues la realidad regional comprende provincias, distritos y espacios con condiciones sociales y productivas diferentes. “El candidato debe conocer esa región, esa provincia, ese distrito, porque él quiere estar al frente”, sostuvo. A su juicio, ese conocimiento permite comprender los recursos, las brechas y la diversidad cultural antes de ofrecer soluciones durante una campaña. Rodríguez sostuvo que la política debe orientarse al bien común. Inmediatamente delimitó el concepto: “No es bien personal, no es bien familiar, no es bien grupal. Es el bien común, el bien de todos”. La trayectoria importa más que la campaña Como segundo criterio propuso revisar la preparación profesional de los postulantes. Presentó esta cualidad como un estándar político deseable para administrar instituciones complejas y utilizar herramientas actuales, no como un requisito legal general para ser candidato. El tercer criterio fue la vocación de servicio demostrada antes de la contienda. “El servicio no es algo que se tiene que hacer en las vísperas de un evento electoral. Se tiene que tener como parte de su vida”, remarcó. Por eso pidió observar si la preocupación por la salud, la educación, la seguridad u otras necesidades apareció en la trayectoria del postulante o solamente cuando comenzó la campaña. También mencionó la autoridad moral. “Que su palabra sea creíble”, expresó al advertir que el ejercicio del cargo puede desviarse hacia intereses particulares. Su planteamiento no señaló a un candidato específico; fue una invitación a contrastar antecedentes, conducta pública y coherencia entre discurso y práctica. Capacidad para gestionar y rendir cuentas Rodríguez añadió que una autoridad no debería limitarse a administrar el presupuesto que recibe. Consideró importante que sepa formular proyectos, coordinar con otras instituciones y buscar cooperación sin apartarse de sus responsabilidades ni del marco público. “El candidato, si tiene capacidad de gestión, va a lograr mucho”, señaló. Esa aptitud, sin embargo, deberá comprobarse mediante resultados anteriores, equipos propuestos y planes viables, y no solo mediante promesas o calificativos construidos durante la campaña. El sacerdote cerró trasladando la responsabilidad al elector: “Esta persona es capaz de servir a mi pueblo; si es capaz, le doy mi voto”. La siguiente tarea ciudadana será contrastar ese criterio con las hojas de vida, los planes de gobierno y la información oficial de las candidaturas. La exhortación aporta una guía ética; la decisión informada exige además revisar documentos y propuestas concretas antes del 4 de octubre.
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