Escribe: Nicolás R. Viscaya
Sirvan de presentación para unos y de recuerdo para otros los siguientes apuntes sobre la Alameda de la República de la ciudad de Huánuco.
Desde el asentamiento de la ciudad, en 1543, hasta 1789, se le conoció con el nombre de “Carrera del Campo”, por tratarse de un lugar destinado al deporte de las carreras y otros juegos.

Don Nicolás R. Viscaya
En agosto de aquel año llegó don Juan María de Gálvez, intendente de Tarma, y, según refiere José Varallanos en Historia de Huánuco, ocurrió lo siguiente:
“Concluida la junta, manifestó el intendente deseos de ver la ciudad y sus contornos, por lo que salimos en su compañía varios de la junta y, habiendo llegado al sitio llamado la Carrera del Campo, se propuso lo útil que sería para el ornato de la ciudad hacer allí una alameda de diferentes árboles, que sirvieran de recreo y de prestar conveniente sombra, con un buen ambiente. Admitida la propuesta, comisionó al subdelegado y a dos regidores para que, acompañados de los botánicos, la hiciesen formar con la posible brevedad, lo cual se verificó a los quince días, plantando cuatro calles de árboles con dos plazas a los extremos”.
De la Carrera del Campo a la Alameda del Patrocinio
Construida la capilla de la Virgen del Patrocinio en fecha que se ignora, en reemplazo de la de Santiago, demolida antes de 1810 según documentos de entonces, el antiguo espacio comenzó a ser llamado Alameda del Patrocinio.
En la descripción publicada en El Diario de Lima, el 27 de junio de 1793, se consignan datos relevantes sobre este paseo público:
“Tiene extramuros, a la parte norte, una frondosa alameda de naranjos de cuatro cuadras de longitud que termina a la margen del río Pilco, con muchos canapés y poyos alrededor, donde las noches de verano se juntan la principal nobleza y amanecen tocando, cantando y bailando, haciéndose más delicioso este festín con el dúo, gorjeos y trinados que hacen, al mismo tiempo, los muchos ruiseñores, canarios y jilgueros que se recogen en los naranjos”.
Esta cita, recogida por José Varallanos en Historia de Huánuco, permite apreciar la importancia que la Alameda había alcanzado hacia fines del siglo XVIII, no solo como espacio de recreo, sino también como lugar de encuentro social.
Lugar de inspiración y reunión pública
Esteban Pavletich, en El Huánuco de Gabriel Aguilar, publicado en febrero de 1969, evocó el ambiente de aquellas reuniones sencillas y casi pastoriles en la Alameda. Según escribió, en esas citas, a las que no podían dejar de concurrir los miembros de la familia Aguilar Nalvarte, el poeta adolescente Gabriel Aguilar afinó sus innatas condiciones de cantor impaciente.
Al calor de esas reuniones, la Alameda se convirtió poco a poco en sede propicia para la siembra de ideales emancipatorios y, con el paso del tiempo, en el único sitio de grandes congregaciones públicas.
Las jornadas de 1812
Entre los hechos históricos ocurridos en este espacio destaca la imponente formación de las fuerzas insurgentes nativas de los pueblos que hoy integran la provincia de Pachitea y los distritos de Chinchao y Santa María del Valle, pertenecientes a la provincia de Huánuco.
El 13 de febrero de 1812, vencida la resistencia española el día anterior en Guayopampa, dichas fuerzas se concentraron en la Alameda. El 3 de marzo siguiente, también lo hicieron las fuerzas de la ciudad, unidas para oír las arengas de Crespo y Castillo, fray Marcos Durán Martel y otros líderes, momentos antes de dirigirse a Ambo, donde el día 18 se enfrentaron al ejército español.
La Alameda y la causa republicana
El 9 y el 15 de diciembre de 1820, el pueblo marchó jubiloso desde la Alameda para proclamar, junto con los cabildantes en la Plaza de Armas, la independencia nacional. Con ese acto, Huánuco se adelantó a otras urbes, sin temor a las violentas represalias de las autoridades realistas, que ocho años antes se habían excedido en crueldad y barbarie.
Allí también, el coronel don Francisco de Vidal, llegado en julio de 1822 atraído por el ánimo patriótico de Huánuco, organizó y preparó los cuadros guerrilleros que hostigaron exitosamente, en las cercanías de Lima, a la milicia española. Así lo consigna Geraldo Arosemena G. en El primer soldado del Perú en su Independencia, edición extraordinaria de El Comercio de Lima, del 28 de julio de 1971.
Bolívar y el batallón huanuqueño
Durante la presencia de Bolívar, la Alameda fue escenario de la conformación y el adiestramiento del batallón huanuqueño, heroico participante en las acciones definitorias de Junín y Ayacucho.
En justo homenaje por sus útiles servicios a la patria, recibió el nombre de Alameda de la República, denominación que el pueblo mantiene con lealtad y cariño, pese a inconsultos rebautizos que fueron rechazados.
Memoria militar, religiosa y popular
En la Alameda de la República, Leoncio Prado Gutiérrez y sus capitanes enardecieron con sus palabras al contingente huanuqueño que hizo honor a su bizarra estirpe, cubriendo con pedazos de sus cuerpos los caminos y campos de batalla en el esfuerzo de contener al invasor del infausto 79.
Cada vez que los conflictos bélicos amenazaban a la nación, la Alameda sirvió como espacio para los ejercicios de la juventud llamada a las armas y, ordinariamente, para las marchas dominicales de los movilizables.
En esas reuniones se contaba que la bandera bicolor, izada en el frontispicio del local del Juzgado de Primera Instancia al ocurrir la ocupación de la ciudad en 1881, fue llevada al museo chileno de Santiago como trofeo de guerra.
Procesiones, fiestas y tradiciones
La venerada imagen del Señor de Burgos avanzó en procesiones apoteósicas por el centro de la Alameda desde épocas lejanas.
Durante las Fiestas Patrias, los días 30 y 31, la población entera la llenaba de extremo a extremo para presenciar las espléndidas carreras de caballos y otras actuaciones de entretenimiento y recreo.
Tampoco debe olvidarse que el pueblo salía de nuestro evocador paseo público en estupendas manifestaciones en defensa de sus fueros. Una de ellas ocurrió en 1923, contra la pretensión de despojar a la población de Llicua de su inmemorial y legítimo territorio chupacho.
La remotísima “Entrada de Don Calixto”, figura alegórica del carnaval huanuqueño, nunca tuvo otro punto de reunión y de salida.
Campo de masas y memoria colectiva
La Carrera del Campo, nuestra Alameda, no cesa de revelarnos tantos hechos históricos y tradicionales desde la fundación de la ciudad.
A demostrar su fe religiosa y su identificación con las costumbres ancestrales, el nuevo vecindario viene colmando con su presencia la honorable Alameda de la República. Siempre habrá de reunirse en ella, ora corajudo, ora insuflado de alto fervor cívico, como noble e indeclinable amante de sus valores eternos, cuantas veces las circunstancias lo exijan, por ser campo de masas y para masas por designio histórico.
Referencia bibliográfica
Tomado de Huánuco de Ayer. Biblioteca Huanuqueña N.º 25. Empresa Periodística Perú. Huánuco, 2008, pp. 117-120.









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