Nació en Cotabambas, echó raíces en La Victoria y construyó una identidad que reúne 25 campeonatos nacionales, figuras inolvidables y una singular capacidad para levantarse después de sus momentos más difíciles.
Antes de Matute, antes de Cubillas, Cueto o Waldir, Alianza Lima cabía en el entusiasmo de un grupo de muchachos. Era 1901 y el fútbol apenas comenzaba a abrirse paso en Lima.
Aquellos jóvenes se reunían en los alrededores del jirón Cotabambas y el 15 de febrero decidieron formar su propio equipo. Lo llamaron Sport Alianza, tomando el nombre de una caballeriza cercana que formaba parte del paisaje cotidiano del barrio. Difícilmente podían imaginar que esa iniciativa, nacida sin grandes recursos ni pretensiones, terminaría convirtiéndose en una de las instituciones deportivas más populares del país.
Con los años, Alianza hizo de La Victoria su casa. Allí dejó de ser solamente un club de fútbol. Se volvió una costumbre familiar, una camiseta transmitida entre generaciones y una forma de reconocerse en medio de la ciudad.
Esa costumbre de seguir a Alianza no se quedó en la radio ni en las tribunas de Matute. Se trasladó, como todo lo demás, al celular: en casa de apuestas en Perú se comparten las alineaciones antes del partido, se discuten las jugadas en el entretiempo y se revisan las cuotas antes de ver el clásico.
Veinticinco campeonatos, varias generaciones
No todos los hinchas recuerdan al mismo Alianza. Algunos crecieron escuchando las historias de Alejandro Villanueva; otros vieron jugar a Cubillas, Sotil y Cueto. Para una generación más reciente, los recuerdos llevan los nombres de Waldir Sáenz, Jefferson Farfán o los equipos campeones de 2021 y 2022.
Las épocas cambian, pero las cifras permiten tender un puente entre ellas: Alianza Lima suma 25 campeonatos nacionales. Su palmarés atraviesa la etapa amateur, la llegada del profesionalismo y las distintas transformaciones que experimentó el torneo peruano.
Alianza logró cuatro veces algo que siempre cuesta más: volver a ser campeón al año siguiente. La primera vez fue en 1931 y 1932. Después tuvo que esperar casi cincuenta años para repetirlo, con el equipo de Cubillas en 1977 y 1978. Ya en este siglo lo consiguió dos veces más: 2003-2004 y, la más reciente, en pleno regreso de Farfán, 2021-2022.
Basta con decir cinco nombres para que cualquier hincha mayor de cincuenta años suspire: Cubillas, Sotil, Cueto, Velásquez, La Rosa. Ese equipo ganó en 1975, 1977 y 1978, y lo hizo sin necesidad de correr más que nadie.
La historia no terminó en el torneo local. En 1976 y 1978, aquel Alianza quedó entre los cuatro mejores de la Copa Libertadores. Ningún otro plantel blanquiazul ha vuelto a alcanzar esa instancia.
En 2026, el equipo volvió a celebrar al ganar el Torneo Apertura. No se trató de la estrella nacional número 26, pues la temporada todavía debía definirse, pero sí de un logro que devolvió al club al primer plano de la competencia.
La fecha que Alianza nunca olvida
Hay números que se celebran y otros que pesan. Para Alianza Lima, el 8 de diciembre de 1987 pertenece al segundo grupo.
El primer equipo regresaba de Pucallpa después de disputar un partido del campeonato nacional. El avión Fokker F-27 que trasladaba a la delegación cayó al mar frente a las costas de Ventanilla. Murieron 43 personas. Entre ellas estaban 16 futbolistas, miembros del cuerpo técnico, dirigentes y otros integrantes del club.
En ese vuelo viajaban el entrenador Marcos Calderón, el arquero José Gonzales Ganoza y Luis Escobar, una de las mayores promesas de aquella generación de “Los Potrillos”. En cuestión de minutos, Alianza perdió a casi todo su plantel y el fútbol peruano quedó paralizado por una tragedia que desbordó cualquier rivalidad deportiva.
El club tuvo que reconstruirse mientras todavía lloraba a sus muertos. Recurrió a jóvenes de sus divisiones menores, convocó nuevamente a jugadores experimentados y recibió ayuda de otras instituciones. Colo-Colo de Chile cedió futbolistas para que Alianza pudiera continuar compitiendo.
Desde entonces, cada 8 de diciembre se recuerda a quienes no regresaron de aquel viaje. No es solamente una ceremonia del club. Es una fecha que forma parte de la memoria del deporte peruano.
Los ídolos detrás de la camiseta
Hablar de los grandes nombres de Alianza obliga a empezar por Alejandro Villanueva. “Manguera” jugó cuando el fútbol se contaba por radio y sobrevivía en fotografías en blanco y negro. Su habilidad ayudó a formar lo que después se conocería como el estilo aliancista. El estadio de Matute lleva su nombre, pero su verdadera huella está en la forma en que el club aprendió a entender el juego.
Teófilo Cubillas llevó esa tradición mucho más lejos. Surgió en Alianza, brilló con la selección peruana en tres Copas del Mundo y se convirtió en una figura reconocida fuera del país. No necesitaba imponerse físicamente para dominar un partido: le bastaban el control del balón, la precisión y una notable facilidad para llegar al gol.
César Cueto tenía otra manera de hacerse dueño de la cancha. Parecía jugar sin apuro, aunque muchas veces ya había visto el pase antes que los demás. Por eso lo llamaron el “Poeta de la Zurda”.
Mucho después apareció Waldir Sáenz. No tenía el juego elegante de Cueto ni la dimensión internacional de Cubillas, pero desarrolló algo que los hinchas valoran de una manera especial: el gol en el momento necesario. Cuando colgó los chimpunes, era el goleador histórico del club. Estuvo ahí en 1997, en el título del centenario en 2001, y otra vez en 2003 y 2004.
Jefferson Farfán y Claudio Pizarro demostraron luego que la cantera blanquiazul podía seguir produciendo futbolistas para escenarios mayores. Farfán regresó para cerrar el círculo y ser campeón en 2021. Pizarro construyó en Alemania una de las carreras más importantes alcanzadas por un delantero peruano.
El CAR: un proyecto ambicioso, todavía sin fecha de inicio
Alianza también intenta mirar más allá del siguiente campeonato. Una de sus mayores aspiraciones es contar con un Centro de Alto Rendimiento propio en Lurín.
La propuesta presentada considera siete hectáreas, seis canchas de fútbol y un edificio de unos 4000 metros cuadrados donde funcionarían gimnasios, vestuarios y otros ambientes para el primer equipo y las divisiones menores.
Fernando Cabada, exadministrador del club, informó que se habían previsto recursos para impulsar el proyecto. Sin embargo, todavía no existe una fecha definitiva para comenzar la construcción. La administración entrante también puede revisar la ubicación, el diseño y las dimensiones planteadas.
En términos sencillos: hay un proyecto y existen recursos anunciados, pero todavía no hay una obra irreversible. El verdadero avance se podrá medir cuando el club defina el diseño final, anuncie un cronograma y empiecen los trabajos en el terreno.
El capítulo incómodo de 2026
Ese año no estuvo marcado únicamente por lo ocurrido dentro de la cancha. Carlos Zambrano, Miguel Trauco y Sergio Peña fueron separados del primer equipo después de un episodio registrado durante la pretemporada y mientras se conocía una denuncia relacionada con un presunto hecho de violencia sexual ocurrido en Uruguay.
Los tres jugadores rechazaron la acusación. En este punto corresponde establecer una frontera clara: la denuncia existe, pero eso no convierte automáticamente a los señalados en responsables. Determinar si hubo o no un delito es tarea de las autoridades competentes y debe hacerse respetando la presunción de inocencia.
El club, por su lado, abrió un procedimiento disciplinario y posteriormente negoció la desvinculación de los futbolistas. Son dos planos que no deben confundirse. Una decisión laboral o deportiva no reemplaza una resolución judicial, del mismo modo que una denuncia no puede ser presentada como una condena.
Alianza terminó ganando el Torneo Apertura, pero ese resultado pertenece al ámbito deportivo. No resuelve, borra ni relativiza lo que corresponde esclarecer a las autoridades.
Cuando el fútbol continúa en el celular
El partido ya no termina cuando el árbitro da el pitazo final. En el teléfono continúan las repeticiones, las estadísticas, los comentarios y las conversaciones entre hinchas. En ese mismo espacio han crecido también las plataformas vinculadas a las apuestas deportivas.
Para quien esté evaluando una casa de apuestas en Perú, la primera pregunta no debería ser cuánto ofrece como bono, sino si trabaja dentro de la legalidad. Antes de registrarse conviene revisar si los operadores promocionados cuentan con autorización del Mincetur, leer sus condiciones y tener presente que ninguna apuesta asegura una ganancia.
La historia de Alianza podría contarse únicamente como una sucesión de campeonatos. Sería más sencillo, pero también incompleto. El club empezó con un grupo de muchachos en Cotabambas, encontró su casa en La Victoria, conoció la gloria y atravesó una tragedia que pudo quebrarlo. Más de un siglo después, la camiseta continúa reuniendo historias distintas bajo los mismos colores.
Una última precisión, sin letras pequeñas
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