Huanacaure no es solamente una montaña ni un sitio arqueológico aislado. La exposición fotográfica itinerante “Huanacaure: Donde brilla el arcoíris entre los Andes y la Amazonía”, del fotógrafo e investigador Edgardo Solórzano Palacín, propone entenderlo como un antiguo espacio de conexión entre poblaciones, caminos, ecosistemas y culturas de la sierra y la selva central. La muestra reúne imágenes tomadas durante los recorridos realizados por Solórzano en una zona de geografía accidentada y abundante vegetación. El investigador sostiene que el Huanacaure de Huánuco tuvo carácter sagrado y fue ocupado por los chupaychos y, posteriormente, por los incas. El primer panel presenta una imagen de un arcoíris cubriendo la montaña. Esa escena dio origen al nombre de la exposición y resume la mirada que atraviesa todo el proyecto: Huanacaure como un territorio donde el paisaje, la memoria de las comunidades y las evidencias arqueológicas forman parte de una misma historia. Caminos que integraron el territorio Uno de los principales aportes de la exposición es la reconstrucción de los antiguos caminos que articulaban los Andes con la Amazonía. Solórzano identificó rutas procedentes de San Pablo de Pillao y del sitio arqueológico de Marcapunta que avanzaban en dirección a Huanacaure. Desde la montaña, los caminos descendían hacia el valle del Huallaga y el puente Rumichaca. Luego continuaban hacia Chaglla y Pachitea, antes de prolongarse hacia Pozuzo, Huancabamba y Oxapampa, en la actual selva central de Pasco. Esta red habría permitido el desplazamiento de personas, productos y conocimientos entre territorios cultural y ecológicamente diferentes. Para Solórzano, esa posición estratégica explicaría el interés de los incas en establecerse en Huanacaure, sobre un espacio que ya había sido ocupado y utilizado por poblaciones anteriores. La exposición no presenta esas rutas como simples senderos. Las incorpora como parte de un sistema territorial que permitió atravesar montañas, ríos, farallones y bosques para comunicar comunidades andinas con poblaciones amazónicas. Tres maneras de llegar a Huanacaure La segunda parte de la muestra describe tres rutas actuales de acceso al sitio. Una parte del centro poblado de Huanacaure, recorre la cresta de las montañas y llega a la zona arqueológica por la parte alta. Una segunda alternativa también comienza en Huanacaure, pero continúa hacia Pillco Pampa antes de ascender a la montaña. Solórzano destacó que actualmente es posible llegar en vehículo hasta Pillco Pampa, situación distinta a la que encontró durante sus primeras exploraciones, cuando todo el recorrido debía realizarse a pie. La tercera ruta completa una aproximación diferente al sitio y permite observar cambios en el paisaje. Aunque los trayectos son exigentes, cada uno ofrece una lectura particular de la montaña, los bosques y las comunidades asentadas en sus alrededores. Santuario, terrazas y construcciones El tercer bloque de la exposición está dedicado al sitio arqueológico, que Solórzano divide en tres sectores. El primero se encuentra en la cumbre y correspondería a la parte sagrada o santuario. En una zona inferior persisten construcciones rectangulares y estructuras distribuidas sobre terrazas. El paisaje está marcado por farallones o peñas de gran altura, alrededor de los cuales también se identificaron evidencias de ocupación. Un tercer sector contiene otras construcciones todavía cubiertas parcialmente por la vegetación. El investigador evitó presentar conclusiones definitivas y reconoció que se necesitan nuevos estudios para determinar la extensión, función y antigüedad de las estructuras. Un refugio de biodiversidad La riqueza de Huanacaure no termina en la arqueología. Los bosques de páramo que rodean la montaña albergan numerosas variedades de orquídeas y fauna como el oso de anteojos, tucanes y el denominado erizo bicolor, descrito por Solórzano como una especie de espinas doradas, blancas y negras. Las comunidades mantienen, además, una producción agrícola diversa. La exposición registra hasta 15 variedades de frijoles, junto con rocoto, cacao, café y diferentes especies de frutas. Solórzano atribuyó la conservación de ese patrimonio a los pobladores de Agua Nueva, Pillco Pampa y Huanacaure. El cuidado comunitario permitió que las estructuras, caminos, bosques y especies sobrevivan pese a la falta de una investigación integral. La exposición funciona así como una invitación a mirar Huanacaure más allá de sus fotografías. Presenta un patrimonio todavía parcialmente desconocido, conservado por sus comunidades y con capacidad para explicar cómo Huánuco articuló históricamente sus territorios andinos y amazónicos.
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