En las zonas más elevadas de la provincia cusqueña de Quispicanchi, donde el frío del altiplano y la cordillera es constante y el quechua collao es la lengua materna de sus habitantes, el acceso a un libro ha sido históricamente un privilegio lejano. Para enfrentar esta realidad, la Biblioteca Nacional del Perú (BNP) ha inaugurado dos nuevas bibliotecas rurales: «Khipu Kamayuq» (Maestro de los nudos) y “Yachay Punku” (Puerta del saber).
Con estas adiciones, la Red Nacional de Bibliotecas Rurales alcanza un total de nueve espacios dedicados a descentralizar la cultura y garantizar el derecho a la lectura en las comunidades campesinas y nativas más aisladas del país.
Geografía extrema y pertinencia cultural
Las comunidades de Buena Vista de Parccocalla (distrito de Ccarhuayo) y Ausangate (distrito de Ocongate) se ubican a más de 3.500 y 4.300 metros sobre el nivel del mar, respectivamente. A estas altitudes, la infraestructura vial es limitada y el acceso a servicios básicos o de telecomunicaciones suele ser inestable. La población es predominantemente quechuahablante y sus actividades económicas principales son la agricultura de subsistencia, la ganadería altoandina (como la crianza de alpacas) y la artesanía textil.
En estas regiones, la prioridad de las familias es la subsistencia diaria. Comprar un libro de lectura recreativa o de consulta técnica es económicamente inviable, y las escuelas locales muchas veces carecen de bibliotecas escolares actualizadas.
Servicios integrales y pertinencia local
Lejos de ser solo estanterías con libros donados al azar, estos espacios han sido diseñados de forma integral y con pertinencia cultural. Ambos locales ofrecen servicios gratuitos de lectura en sala, préstamo de libros a domicilio (para que los niños puedan leer en sus casas junto a sus familias) y una agenda de actividades culturales permanentes.
Tres pilares del impacto
La apertura de «Khipu Kamayuq» y «Yachay Punku» marca un hito en la gestión pública cultural del Perú por tres razones fundamentales. Primero, los libros seleccionados no son únicamente de literatura o ficción; el acervo incluye textos sobre agricultura, ganadería, medio ambiente y desarrollo personal. Para una población rural, un libro técnico sobre cómo mejorar la siembra de papa o cómo cuidar a sus animales tiene un impacto directo en su economía familiar y calidad de vida.
Segundo, la inclusión de computadoras con conexión a internet en zonas que superan los 4.000 metros de altura rompe el aislamiento digital. Esto permite que los estudiantes locales realicen tareas escolares complejas, accedan a información global y desarrollen habilidades tecnológicas que antes solo estaban disponibles en las capitales de provincia o en Lima.
Tercero, al incluir textos bilingües y literatura en quechua, el Estado valida y dignifica la lengua originaria de la comunidad, fortaleciendo la autoestima y el sentido de pertenencia de los niños frente a un mundo cada vez más globalizado.
«Las bibliotecas rurales son una expresión concreta de un Estado que llega donde antes no llegaba. Estamos democratizando el acceso al conocimiento», señaló Juan Yangali Quintanilla, jefe de la BNP.










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