Después de una hora y media de caminata, el equipo periodístico llegó al centro poblado de Alto Catarata, en el distrito de Cholón, provincia de Marañón. Allí, entre los 1500 y 1700 metros sobre el nivel del mar, 19 integrantes de la Asociación Agropecuaria Kimsasisa intentan que su café deje de salir de la zona como una materia prima indiferenciada y alcance mercados que paguen por su calidad. La organización trabaja en el entorno del Área de Conservación Regional San Pedro de Chonta y reúne a productores de café, cacao y plátano. La mayoría se dedica a la caficultura y busca comercializar tanto café en pergamino como producto terminado. La calidad empieza antes del secado Edwin Ramos, integrante de Kimsasisa, explicó que los productores cultivan variedades como geisha, bourbon, castillo, caturra y típica, además de otras que deben ser identificadas con precisión en el registro técnico de la asociación. El objetivo no es únicamente cosechar más. Los asociados trabajan con diferentes métodos de fermentación para encontrar perfiles capaces de diferenciar sus lotes. Después de esa etapa, el café pasa al secador solar, donde la humedad debe reducirse lentamente. Durante la visita, un lote de caturra y otro de típica llevaban cerca de 15 días en proceso de secado. Ramos explicó que acelerar esta fase puede perjudicar el resultado en taza. La paciencia, en este caso, forma parte de la producción. La ubicación ofrece condiciones favorables para trabajar cafés de altura, pero la altitud por sí sola no garantiza un producto de especialidad. El resultado depende de la variedad, la cosecha selectiva, la fermentación, el secado, el almacenamiento y la evaluación final. Diecinueve productores frente al mercado La asociación permite que los agricultores reúnan producción, compartan conocimientos y negocien en conjunto. Esa organización puede reducir la dependencia de intermediarios, pero necesita volumen, homogeneidad y compradores capaces de distinguir entre café convencional y lotes trabajados con protocolos más exigentes. Ramos señaló que Kimsasisa busca empresas que paguen un precio acorde con la calidad alcanzada. El reto es convertir esa aspiración en contratos y resultados verificables. Para conocer el verdadero potencial comercial todavía hacen falta datos: volumen anual de producción, rendimiento por hectárea, puntajes de catación, costos de procesamiento, precios recibidos y mercados de destino. Sin esas cifras no se puede determinar cuánto valor adicional está capturando cada agricultor. Conservación y producción deberán convivir La cercanía con el Área de Conservación Regional San Pedro de Chonta añade una dimensión territorial. El desarrollo económico de las familias deberá ser compatible con las disposiciones del área y con la protección de su entorno. El material recibido ubica a Alto Catarata en el límite del área de conservación, aunque la presentación inicial lo describe dentro de ella. Esa delimitación debe ser precisada porque define qué actividades están permitidas y qué autoridades deben acompañar el desarrollo productivo. Kimsasisa representa, en cualquier caso, una experiencia relevante para Marañón: pequeños agricultores que ya no concentran todo su esfuerzo en producir materia prima, sino que empiezan a intervenir en los procesos que determinan la calidad y el precio. La siguiente etapa será decisiva. La asociación deberá convertir su trabajo en resultados de catación, identidad territorial, compradores estables y mejores ingresos. Solo entonces el café de Alto Catarata podrá demostrar que la calidad construida en la parcela también genera valor para las familias.
RegionalPadres cuestionan final de voleibol: rival habría llegado hasta 45 minutos tarde
Familias de San Vicente de la Barquera presentaron una queja ante la UGEL Huánuco y sostienen que las bases establecían









Comentarios
Comparte tu opinión de manera respetuosa.
Inicia sesión para dejar un comentario.