La revisión del 7 de agosto debe mostrar si SEDA Huánuco aprendió de la crisis y si cuenta con una respuesta real ante una nueva emergencia.
El viernes no debería convertirse en otra reunión para escuchar explicaciones, revisar papeles y fijar una nueva fecha. SEDA Huánuco asumió el compromiso de presentar, a fines de julio, los resultados de su plan de contingencia. El plazo terminó. Ahora corresponde demostrar, con medidas verificables, cómo responderá la empresa si la ciudad enfrenta otro desabastecimiento.
La población no necesita un informe elaborado para cumplir el trámite. Necesita saber qué ocurrirá cuando vuelva a faltar el agua, quién tomará las decisiones, cómo se atenderá a los sectores afectados y qué capacidad real existe para impedir que la improvisación vuelva a imponerse. Esa es la evaluación que importa. Todo lo demás será burocracia si no desemboca en una respuesta concreta.
La Comisión Regional Anticorrupción tiene ante sí una responsabilidad que no puede reducirse a escuchar una exposición institucional. Debe contrastar lo prometido con lo ejecutado y determinar si el compromiso asumido después de la crisis produjo cambios efectivos. No basta que SEDA diga que está preparada. Tiene que demostrarlo con procedimientos claros, responsables identificados y una contingencia que pueda activarse sin confusión.
También es necesario evitar una trampa frecuente: mezclar todos los problemas hasta que ninguno encuentre solución. Los reclamos por cobros elevados, las viviendas señaladas en riesgo, el cambio del directorio y el eventual retorno de la empresa a la administración municipal siguen caminos distintos. Esa separación puede ser administrativamente correcta, pero no debe convertirse en un pretexto para abandonar a los usuarios entre oficinas, expedientes y competencias.
Cada reclamo requiere una ruta definida y una respuesta comprensible. Las familias que cuestionan su facturación no pueden recibir únicamente explicaciones generales. Las viviendas cuya seguridad ha sido advertida necesitan una verificación en el lugar. Y las discusiones sobre la conducción de la empresa deben desarrollarse sin distraer la atención del problema inmediato: la continuidad de un servicio que afecta directamente la vida diaria de miles de ciudadanos.
La crisis dejó una lección sencilla y dura: una empresa de agua pierde credibilidad cuando reacciona tarde, comunica mal o no puede explicar qué hará ante la siguiente falla. Recuperarla exige algo más que declaraciones. Exige reconocer debilidades, corregir procedimientos y someter los resultados al escrutinio público. La transparencia no consiste en mostrar documentos, sino en permitir que la ciudadanía comprenda qué cambió y cómo será protegida.
Diario Ahora considera que el encuentro del viernes debe marcar un límite. No puede terminar con nuevas promesas abiertas ni compromisos sin fecha. La comisión debe informar qué encontró, qué sigue pendiente y qué acciones serán observadas en adelante. SEDA, por su parte, debe responder con hechos a una pregunta elemental: ¿está realmente preparada o la población volverá a enfrentar la próxima emergencia con la misma incertidumbre?
El verdadero resultado no se medirá por la duración de la reunión ni por el número de informes presentados. Se medirá cuando ocurra una nueva contingencia. Ese día sabremos si la crisis sirvió para corregir el sistema o si, una vez más, Huánuco fue obligado a esperar mientras sus autoridades discutían quién debía responder.










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