Y entre hedor de multitudes y luego de 3 intentos, quinceañero incluido, Keiko Sofía Fujimori Higuchi tomó el mando del país luego de que cumpliera su promesa del 2016 de gobernar desde el congreso aliada con lo peor del establishment y la derecha. A diferencia del exdictador Alberto, ella no llega a palacio contra el shock económico y amparada bajo sectores evangélicos y populares, sino como la viva imagen del status quo, ese mismo que no solo ha costado vidas humanas, sino un gran atraso para todo el país.
La jornada empezó, como era de esperarse, con una mala noticia y una irrelevante. Empezando por lo irrelevante, la Cámara de Diputados quedó en manos de la oposición que se sitúa bajo 4 figuras, que serán, en mi opinión, el muro de contención de este gobierno nefasto. Estamos hablando, claro, de Roberto Sánchez con JP, Ricardo Belmont con Obras, Alfonso López Chau con Ahora y el jale inesperado, el Partido del Buen Gobierno, liderado por Jorge Nieto Montesinos, que al parecer está decidido a tener un segundo aire en política.
Hablando ahora de las malas noticias, se perdió la cámara realmente importante y que, en esencia, la que realmente gobernaría el Perú aliada con la presidenta Fujimori. Esto vino, por supuesto, con traición incluida, cortesía de la senadora Silvana Robles de JP. En ese sentido y valgan verdades, todos esperamos que la puñalada vendría de parte de Obras o Buen Gobierno, pero no, vino de la segunda fuerza política. Según algunos indicios, esta traición se habría dado ya que la senadora ex Perú Libre habría pagado el favor que el TC fujimorista le debía a Vladímir Cerrón, su real jefe, por haber sido un fiel aliado de la dictadura parlamentaria, en donde su hermanito Waldemar estuvo incluido en la mesa directiva del congreso. Actualmente está expulsada y esperemos se quede así. Roma no paga traidores.
Si algo podemos rescatar, fueron en esencia 2 cosas. La primera fue la digna y clara posición del monseñor Carlos Castillo durante la misa Te Deum, rescatando la memoria de las víctimas de la dictadura parlamentaria y sentando la posición sobre la importancia de la dignidad humana y la crisis política, responsabilidad de quienes hoy detentan completamente el poder. Por supuesto, no faltaron los terruqueros de toda la vida acusando al cardenal de usar el púlpito para hacer político y calificándolo, como suele ser un claro indicio de falta de capacidades mentales, de adjetivos como rojo o cura comunista. Algo que uno podría leer un día cualquiera en Perú 21 o Expreso, mientras va pensando en lo bien que le haría comprar una para limpiar las ventanas de la sala.
De ahí podemos resaltar el patético momento que vienen protagonizando algunos genuflexos coleguitas de la prensa, varios de ellos en la capital, al momento de cubrir la ceremonia de cambio de mando y el discurso oficial. Si de algo puedo estar seguro en la insufrible cobertura de los medios tradicionales, es que este gobierno, si no tendrá una preocupación, será por el lado de los medios. Igual que los 90, estos están listos para ser los portavoces del oficialismo más desenfadado. Basta con ver cómo no hubo una enérgica protesta cuando no les permitieron entrar a las votaciones de las cámaras. Recuerdo una vez cuando Castillo no los dejó entrar a una conferencia y dejaron sus micros en el suelo como señal de protesta. Hoy, ni un remedo de gesto simbólico.
Ahora, tengo que ser sincero. Ese primer anuncio del aumento del sueldo mínimo me sorprendió bastante. Y no por el hecho de que es una medida que ha sido criticada por la ahora presidenta siempre, sino por el hecho de que ha sido prácticamente la bandera de la izquierda durante décadas. Pero claro, cuando el progresismo lo propone, salen los perros guardianes de las grandes empresas y la supuesta estabilidad fiscal a tratar esta propuesta de populista e irreal. En eso espero una corrección para los próximos líderes de la izquierda. No se dejen sorprender por los tecnócratas reciclados que se asimilan a sí mismos como técnicos, cuando bien que han sido siempre políticos y que ahora callan o hasta aplauden una medida que era de sentido común desde hace años. De ahí que el resto del discurso estuviera lleno de lugares comunes y propuestas que varios analistas realmente serios ya van calificando de irrealizables.
Y de ahí los ministros. Qué decir, varios rostros esperables. Aunque quisiera concentrarme en 1 en particular. Juan Sheput, flamante ministro de Trabajo y Promoción del Empleo y exintegrante del partido Perú Posible. Hace algunas semanas publiqué una columna sobre la fallida transición a la democracia de los 2000 y esto para mí es un claro indicio de su fracaso. Si esta clase de oportunistas y aventureros de la política fueron quienes se presentaron como opositores de la dictadura y lideraron una nueva etapa que debería haber sido la del exitoso postfujimorismo, no sorprende que ahora tengamos al fujimorismo de vuelta y con ellos de protagonistas. Un giro a lo Rospigliosi y con el mismo nivel de náusea. Si quieren conocer al antiguo Sheput, vean un debate que tuvo con Yeni Vilcatoma en TV durante las elecciones del 2016 y díganme si exagero.
De ahí que los demás claramente no sorprendan. El favorito de los adolescentes libertarios y fan enamorado de Jorge Montoya, Carlos Espa, va a Relaciones Exteriores. El señor que solo es conocido por su apellido Belaunde y que no recuerdo cómo se llama, a Defensa y, para variar, sin experiencia en el sector. Otro sin experiencia en el sector, Luis Dyer a Salud, tampoco con experiencia y en donde el mismo colegio médico ya expresó su preocupación por su designación. Burbujito Beingolea que llamaba a proteger a PPK de los hijos del dictador a Cultura. Ernesto Álvarez, ex premier del expresidente Jeri, ese por el que varias amigas progresistas se terminaron quemando y un largo etcétera que extendería esta columna hasta un mes y que ya iremos conociendo en estos largos 5 años que se vienen.
Y al final, el único mensaje que queda es el mismo de hace años. Ni la ciudadanía ni la prensa libre, y mucho menos la oposición, debe darle ni un milímetro a este gobierno para que empeñe y corrompa al país. La oposición a Keiko Fujimori debe ser tan o hasta incluso más frontal que la que tuvo la derecha con Pedro Castillo. Desconfíen de quienes ingenua u oportunistamente esperan que los mismos que destruyeron al país con la toma de las instituciones o las leyes pro crimen ahora pretendan hacer las cosas bien. Gran mensaje al Perú fue el hecho de que la oposición, portando fotos de las víctimas de las masacres, saliera del hemiciclo antes del discurso de la presidenta, así como sucedió con su padre hace 26 años. Igualmente digna fue la presencia de los familiares de los asesinados protestando y siendo reprimidos por la policía. Es por ello que, todavía, pese a todo, vale la pena seguir luchando y no dejarse caer en el olvido.







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