La gestión pública es técnica y política a la vez, no buenas intenciones ni espontaneidad. Un plan de gobierno debe convertirse en realidad concreta. El gobernador regional es servidor público, no se le exige títulos académicos ni alto coeficiente intelectual, solo pragmatismo, vocación de servicio y honestidad, elegido por el voto popular, con sueldo del Estado. Su deber moral y político, con su equipo gerencial y aliados estratégicos, es resolver, en plazos cortos, los problemas de la gente que lo eligió y por los que votaron por el contendor. Solo así surgirán en la región Huánuco, bienestar, oportunidades y fortalecimiento institucional. El debate político no debe sumergirse en la vulgaridad, la grosería, en los dimes y diretes, en instinto zoológico, en frases bravuconas, ni rebajar la confrontación de ideas a lío de callejón ni a discusión de borrachos terminales. El debate democrático tiene normas y límites, ética y sinceridad; exhibe argumento y propuesta, antes que clisés y demagogia. En este contexto de usura y decisiones, dubitativo, lector de poca fe en los políticos, en estas elecciones, tal vez tengamos más coincidencias felices, que discrepancias democráticas, para ti escribo. ¿Merecemos más de lo mismo? ¿Estamos condenados a lamentarnos como la llorona, luego de elegir al candidato equivocado? Gallina que come huevos, aunque le quemen mil veces el pico, sigue comiendo huevos, y con más ganas e impunidad. Después de la elección, viene la activación del plan de gobierno; si no hay metas cumplidas, aparece el fantasma de la revocatoria y la impopularidad. O ya es tiempo de merecer un gobernante coherente, con competencias éticas y decentes o vamos a seguir esperando ese merecimiento para Huánuco con la paciencia de Job o con los brazos cruzados. Del cielo no va a caer un Mesías. La política es acción ciudadana: unos son candidatos que ansían el voto, otros se lo entregan en nombre de la confianza y el beneficio de la duda. Estoy convencido que los ciudadanos huanuqueños sabrán sabiamente elegir al idóneo gobernador regional de Huánuco. La decencia en la política es imprescindible, como la vocación de servicio y la actitud ética.
A ver si esta vez acertamos; a ver si el domingo 4 de octubre el voto ciudadano es responsable, consciente y de otorgamiento de confianza al candidato que nos seduzca con sus actitudes y nos dé esperanza. Que un candidato nos pinte pajaritos en la cabeza -que a veces le funciona-, es fatal; el remedio puede resultar peor que la enfermedad. Un elemental razonamiento inferencial podría conducir certeramente a identificar al aspirante idóneo para confiar -de eso se trata, de la confianza convincente- en la gestión pública y en el ejercicio pleno del poder político. Nada cambiará si seguimos creyendo erráticamente que el gobernante debe ser el que más habla, más publicidad dispara, más inversión en la campaña electoral, tiene más mañas políticas que Maquiavelo, ofrece más de lo que puede soportar menos de un quinquenio. El trabajo de un gobernante es de 24-7. No hay descanso. Desde el primer día que asume el mandato popular, empieza la cuenta regresiva. Cada día de descuido es irrecuperable. Y el pueblo le va a pedir -incluso la misma ley- rendición de cuentas, no solo de obras de fierro y cemento, sino también de logros mensurables de indicadores de productividad y desarrollo humano. Funcionarios fructíferos, gasto presupuestal oportuno y de calidad, obras que empiezan y terminen en los plazos fijados en los contratos, más destrabe que trámites engorrosos, mejores logros de aprendizaje, maestros y médicos con empatía y compromiso, menos anemia infantil, más vías de comunicación terrestre, menos burocracia, más agilidad administrativa y atención cálida al usuario. Es clave en la política -insisto terco como mula- la vocación de servicio, trabajar por Huánuco, no para sí mismo; sin coger un céntimo ajeno. Cada sol que llega a las instituciones del Estado es para un fin determinado que resuelve problemas de los ciudadanos. Una gestión eficiente y libre de hipotecas de intereses económicos y políticos se revela en la vida cotidiana de la gente y surge la gratitud, la aprobación y la memoria histórica. Siempre se recuerda la buena gestión. Los gobernantes pasan, no son eternos, las obras y la trasparencia quedan como escritas con cincel sobre la roca.
No merecemos la duda existencial, la decisión a última hora, la suspicacia, el doble o triple intento, votar a ciegas, entregar un voto por una dádiva o dejarse engañar por el discurso infestado con falacias, deficiencias lingüísticas, carencia de grandeza moral y desaforadas promesas. Sinceramente, no lo merecemos. La política está ligada consustancialmente a la democracia y al juego del poder dentro de los parámetros permisibles. La política transgresora, que actúa fuera de la ley y la ética, sobrevive como animal rastrero, se nutre de la mentira y el maquillaje publicitario. El capital más notable de un ciudadano es su propia trayectoria profesional, su catadura moral, su experiencia en la gestión pública y un desprendimiento de tiempo para trabajar por los demás, que ya constituye un acto de total solidaridad y compromiso. Con el sueldo de gobernador regional, que recibirá solo 48 meses, más los beneficios de ley, viáticos, comisiones y gastos de representación, nadie sale multimillonario; no llega al millón de soles en cuatro años. La función pública es servicio al usuario, gestionar presupuesto, superar indicadores de educación, salud e infraestructura. Solo los resultados cuentan. El fracaso y los desaires de una gestión, con su autoridad a la cabeza, constituyen una gran estafa al electorado y a la sociedad. ¿El tiempo quién lo repone? La confianza es vital en la política y en las elecciones. Jamás se deja al gato para que cuide el despensero.
Un gobernador tiene claras sus competencias en la ley: no aumenta sueldo mínimo vital, no promulga leyes, no define el presupuesto de la república. Sí es su incumbencia, educación, salud, saneamiento básico, gasto público y mejora de indicadores de desarrollo humano. El ejercicio de la política sin ética es un riesgo en la gestión pública y el poder. Aquí es crucial entender, necesariamente, la articulación intergubernamental e intersectorial y enfoque territorial. Educación, salud y saneamiento no son islas desconectadas. El aprendizaje está directamente relacionado con la anemia y la desnutrición crónica infantil. La política es la entrega íntegra del gobernante a su pueblo. Un gobernante de convicciones y principios no mete una aguja para sacar una barreta. Trabaja, como cualquier otro servidor, para ganar un sueldo y cumplir sus promesas y ofrecimientos. La coherencia entre campaña y gestión genera confianza. La región ni la ciudad son botines de guerra ni agencias de empleo. Servir como autoridad es trabajar desinteresadamente, sin recompensa ni reconocimiento ni enriquecimiento en cuatro años. El que quiera hacerse rico y millonario, no debe ser gobernador regional ni alcalde; otra es la ruta.








Comentarios
Comparte tu opinión de manera respetuosa.
Inicia sesión para dejar un comentario.