Cuando se dieron los atentados del 11 de septiembre, yo tenía 6 años de edad. Mentiría si les dijera que tengo algún mínimo recuerdo de ese día. La primera vez que supe los detalles de aquel ataque en contra de Estados Unidos fue gracias al documental Fahrenheit 911 del famoso documentalista y activista político norteamericano Michael Moore. Debo confesar que me sentí impactado por todo lo que se contaba ahí. Como, por ejemplo, el presidente norteamericano de ese entonces, George Bush, habría ganado a Al Gore las elecciones con fraude, cómo es que se dejó escapar en aviones a la familia Osama Bin Laden al día siguiente de los atentados y cómo una serie de empresas petroleras y militares se hicieron con un gran negocio gracias a la guerra de Irak, a costa de la vida de mucha gente. Eso sí, hay una parte de la historia que muchos desconocen y que sigue siendo tabú en muchos sentidos. Estoy hablando de la teoría de los danzantes israelíes.
Al momento de publicar este texto, estaremos a dos días de cumplirse un aniversario más de ese terrible atentado que le costó la vida a casi 3 mil inocentes y que terminó desatando una de las guerras más terribles de inicios del nuevo siglo. La actual coyuntura que vivimos, en pleno auge del genocidio en Gaza, Palestina, a manos de Israel y el conflicto bélico abierto entre Irán y los Estados Unidos, no es para nada diferente a lo que en ese entonces se vivió en el mundo, con la única diferencia de que no existían las redes sociales. Hace poco, en un documental de 5 partes de nombre “Los archivos del 11-S”, estrenado en YouTube por el periodista conservador Tucker Carlson, volvió a dar nuevamente luces sobre todo lo que la comisión investigadora de ese atentado no dio a conocer a la opinión pública y que justamente en su capítulo 4 echa nuevas luces sobre esta actualmente llamada teoría de conspiración.
La mañana del 11 de septiembre, un grupo de 5 ciudadanos israelíes supuestamente presenciaron la explosión inicial de las torres gemelas y fueron vistos celebrando. En ese momento, una vecina de un complejo de apartamentos en Jersey City, Nueva Jersey, llamó a la policía tras observar un comportamiento inusual desde su ventana. Con el tiempo se determinó que estos individuos eran agentes de inteligencia de ese país extranjero, supuestamente aliado, y que aparentemente se regocijaban de la muerte de miles de estadounidenses. Los implicados en cuestión eran: Sivan Kurzberg, Paul Kurzberg, Oded Ellner, Omer Marmari y Yaron Shmuel. Los testigos que denunciaron el hecho afirmaron que el grupo se encontraba en el techo de una camioneta de mudanzas blanca, sonriendo, abrazándose, chocando las manos y tomándose fotos con el fondo del ataque. Todos fueron detenidos ese mismo día.
Eso sí, la principal pregunta que nos hacemos todos es qué interés tendrían agentes de Israel para celebrar un hecho tan macabro y trágico como ese. Un artículo firmado por el periodista James Bennet el 12 de septiembre del 2001 en el New York Times cita al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu respondiendo a los ataques del 11-S diciendo que es algo que generará simpatía inmediata y que fortalecería el vínculo entre sus 2 pueblos al haber experimentado el terror durante muchas décadas, culminando que Estados Unidos experimentó una masiva hemorragia de terror. No cabría dejar a un lado aquella intervención del primer ministro en el Comité de la Cámara de Representantes de los EE. UU. defendiendo la intervención en Irak, dándole credibilidad a la falsa teoría de las armas de destrucción masiva, cosa no muy diferente a lo que dijo de Irán en estos últimos años respecto de las armas nucleares.
Según documentos del FBI, los israelíes atrapados celebrando los ataques del 11-S habían grabado en video los hechos y podían haber tenido conocimiento previo del mismo. Durante el proceso de registro del vehículo blanco que transportaba a estos agentes de inteligencia, se encontraron 4,700 dólares en efectivo, pasaportes extranjeros, agendas con números de teléfono y mapas de Nueva York con ciertos puntos resaltados. Un perro detector de explosivos de la policía reaccionó positivamente al revisar el vehículo, lo que levantó sospechas de que la furgoneta pudo haber transportado material explosivo o que los hombres estuvieron en contacto con él. El conductor, Sivan Kurzberg, le dijo a la policía de inmediato: "Somos israelíes. No somos su problema. Sus problemas son nuestros problemas. Los palestinos son el problema".
Ante estos hechos, el caso fue transferido de inmediato al FBI y al Servicio de Inmigración (INS) debido al temor de que formaran parte de una red de espionaje o tuvieran conocimiento previo de los atentados. Los hombres trabajaban para una empresa de mudanzas llamada Urban Moving Systems, propiedad de otro ciudadano israelí llamado Dominik Suter. Pocos días después de las detenciones, Suter abandonó repentinamente los Estados Unidos con destino a Israel, dejando el negocio abandonado, lo que incrementó las sospechas. Al revelar los rollos de fotos de las cámaras incautadas, el FBI confirmó que los hombres aparecieron posando de forma alegre y sonriente con el humo de las torres de fondo. En una de las fotos, uno de ellos sostenía un encendedor encendido simulando la llama del atentado. La sección de contrainteligencia del FBI investigó si la empresa de mudanzas era una fachada de la inteligencia israelí (Mosad).
Según los registros del mismo FBI, las pruebas de polígrafo sugirieron que no tenían conocimiento previo de los atentados, pero que sí incurrieron en engaño y que probablemente estaban involucrados en acciones de contrainteligencia extranjera ilegal espiando dentro de los EE. UU. El líder del grupo, como ya mencionamos antes,Dominik Suter, huyó a Israel el 14 de septiembre del 2001 y más tarde fue incluido en una lista de vigilancia antiterrorista del FBI distribuida a aliados europeos en mayo del 2002. La mayoría de los israelíes se mantuvieron detenidos por alrededor de 2 meses y medio antes de ser deportados por violaciones de visa, una forma común de expulsar a agentes de inteligencia extranjeros de países aliados. Varios de ellos aparecieron en un programa tratando de justificar y excusar su accionar.
En ese sentido, los israelíes son famosos y se vanaglorian bastante a sí mismos por infiltrarse en servicios de inteligencia árabes y en cada grupo terrorista. ¿Sabían acaso del 11 S y lo ocultaron? Un memorando presentado a la comisión investigadora del atentado sugería que numerosos estudiantes de arte de Israel, que en realidad eran agentes de inteligencia, habían sido ubicados estratégicamente en el país norteamericano, siendo que muchas de las ubicaciones en donde fueron encontrados coincidían con las zonas en donde vivían los que terminaron secuestrando los aviones que llevaron adelante el ataque a las torres gemelas. Según The Forward, una publicación judía, el gobierno israelí reconoció la operación y se disculpó por no haberla coordinado con el gobierno estadounidense. Según muchos teóricos de la conspiración, esto no fue casualidad y aseguran que el gobierno israelí colaboró abiertamente para que el atentado se realizara y de esa manera se justificara la intervención en Irak y el derrocamiento de Sadam Hussein, objetivo estratégico de Netanyahu para debilitar a un potencial rival en el Medio Oriente.
Pese a todo lo antes mencionado, quedan más dudas que respuestas. Durante estos últimos meses se viene hablando de la supuesta existencia de un futuro atentado dentro del territorio norteamericano en manos de la inteligencia iraní como represalia por los ataques suscitados en su territorio. Desde ya, el gobierno iraní ha venido deslindando con anticipación cualquier ataque o atentado terrorista en contra de civiles. ¿Será que el gobierno de Donald Trump, en alianza con lo peor del sionismo, estaría pensando en un ataque de falsa bandera para justificar una intervención a gran escala en el Medio Oriente, así como Bush lo hizo, aparentemente según muchos teóricos, hace más de 20 años? Afortunadamente, y gracias a las redes sociales, existe una narrativa alternativa que puede hablar de estos temas sin la gran censura mediática de antaño, pese a las típicas y cansinas acusaciones de antisemitismo. En una fecha tan trágica como la que se viene, es necesario no olvidar y recordar lo que muchos quisieran que no fuera recordado.








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