En Huánuco hay una familia de zorros que descubrió, casi por casualidad, que gobernar es parecido a administrar una chacra: primero entra el dueño, después los hijos, luego los sobrinos y, cuando ya no queda espacio, se mete hasta el perro.
La historia comenzó con el viejo Zorro Mayor, durante buena parte de su gobierno se le veía tranquilo, casi filosófico, caminaba por la ciudad con esa serenidad de quien sabe que las cosas pueden esperar. Si una calle tenía huecos, un puente necesitaba arreglo, si un pueblo reclamaba una obra todos podían esperar.
Pero un día el viejo Zorro levantó las orejas, había escuchado una palabra peligrosa: Elecciones. Desde entonces ocurrió algo extraño, las máquinas empezaron a rugir, los volquetes aparecieron, las pistas comenzaron a recibir cariño, las veredas conocieron el cemento, los obreros se multiplicaron y el viejo Zorro, que durante mucho tiempo parecía estar de vacaciones administrativas, descubrió de pronto una energía que ni sus enemigos conocían. ¡Hay que trabajar!, ordenó. Los animales del monte se miraron, la muca preguntó: ¿Y por qué recién ahora? El ucush, que llevaba años viviendo dentro de un hueco municipal, respondió: «Porque parece que el calendario electoral tiene propiedades medicinales». El zorro sonrió. No sean malpensados, todo estaba planificado. ¿Desde cuándo? —preguntó la muca. Desde antes. ¿Antes de qué? Antes de que ustedes preguntaran y asunto cerrado.
Pero lo verdaderamente interesante ocurrió una noche, cuando el viejo Zorro reunió a toda la familia, había llegado la hora de hablar del futuro. «Hermano, hijitos, tenemos que pensar en Huánuco». Los zorritos se acomodaron alrededor de la mesa. La muca, que había entrado por la ventana sin invitación, se quedó escondida detrás de una cortina.
¿Qué vamos a hacer por Huánuco, papá? —preguntó el zorrito mayor. El viejo Zorro respiró profundamente y dijo con voz solemne: «Primero tenemos que garantizar la continuidad». ¿La continuidad de qué? De la familia pues, respondió.
La muca casi se cae de la risa. El zorrito levantó la pata. ¿Y yo? Tú vas para el Gobierno Regional. ¿Yo? Tú para alcalde, tú también para alcalde, le dijo al tercero. Los tres zorritos se abrazaron emocionados, la muca, detrás de la cortina, murmuró: «¡Carajo! Esto ya no es una candidatura, es una sucesión familiar».
El ucush, que también había logrado entrar por un agujero, agregó: «¿Y si gana toda la familia?» La muca respondió: «Entonces tendremos que pedir visa para salir de la región».
Pero la reunión familiar todavía no terminaba, de pronto se escuchó un ladrido, era el perro, entró moviendo la cola: «Yo también quiero ser autoridad». Todos voltearon. ¿Tú? Sí. ¿Qué experiencia tienes? El perro levantó orgulloso la cabeza y dijo: «Soy fiel». Eso no basta. «También sé obedecer». El viejo Zorro se quedó pensando y manifestó que eso ya es un mérito político. El perro recibió una palmada. ¿Y qué cargo quieres? El que ustedes consideren conveniente, la familia se emocionó.
El gato entró caminando lentamente, como si ya fuera dueño del local. «Yo también quiero postular». ¿Para qué? «Para fiscalización». El viejo Zorro lo miró desconfiado ¿Y qué sabes de fiscalización? El gato se sentó y respondió: «Sé observar desde el techo ¿Y después? Cuando veo algo raro, hago como que no vi nada». Hubo un silencio, el viejo Zorro sonrió. Tiene condiciones.
Entonces apareció el ucush. «Yo también quiero mi puesto». ¿Cuál? El que sea. ¿Qué sabes hacer? Entrar por los huecos. La muca gritó: «¡Perfecto! ¡Ya tenemos asesor político!» Pero cuando parecía que todos los cargos estaban repartidos, apareció el gallinazo. ¿Y para mí no hay nada? El viejo Zorro preguntó: «¿Qué sabes hacer?» El gallinazo respondió: «Esperar». ¿Esperar qué? «Que algo se caiga». El viejo Zorro lo miró unos segundos y dijo «Usted tiene experiencia».
La campaña familiar comenzó así, primero aparecieron las fotografías, el viejo Zorro mirando al horizonte, los zorritos mirando al pueblo, el perro mirando a la cámara, el gato mirando a nadie, el ucush mirando dónde había un hueco y el gallinazo mirando desde arriba.
Todos hablaban de unidad, de futuro, de continuar. La palabra «continuidad» comenzó a aparecer tanto que la muca tuvo miedo. ¿Continuidad de qué?, preguntó, nadie quiso contestarle.
Mientras tanto, las obras seguían apareciendo a una velocidad impresionante, el pueblo, que durante años había pedido una pista, ahora recibía una pista justo cuando comenzaban a sonar los tambores electorales. ¡Qué coincidencia!, dijo alguien. La muca respondió: «En política, las coincidencias tienen una costumbre bien rara: siempre llegan antes de las elecciones».
Y entonces apareció el gran cartel: «Huánuco no puede detenerse» El ucush lo leyó y preguntó: ¿Y cuándo empezó a avanzar? El perro ladró, el gato se estiró, el gallinazo dio una vuelta sobre la ciudad, la muca miró al viejo Zorro y le preguntó: «Una última pregunta». ¿Cuál? Si ya están postulando los hermanos, los hijos, el perro y el gato... El viejo Zorro se puso serio. ¿Sí? ¿Cuándo van a postular las pulgas? El perro bajó las orejas, el gato dejó de lamerse, los zorritos se miraron, el viejo Zorro respondió: «Todavía no». ¿Por qué? Porque estamos esperando que se organicen.
La muca soltó una carcajada y el ucush, desde su agujero, gritó: «¡Compadres, apúrense a votar antes de que esta familia nos cobre alquiler por vivir en Huánuco!»
Al final, nadie sabe cuántos candidatos saldrán de aquella madriguera, quizá aparezca un sobrino, un cuñado, la suegra, tal vez el perro sea regidor, el gato termine en una comisión y quizá el gallinazo consiga, por fin, su oficina; pero una cosa ya está clara: el viejo Zorro no está pensando solamente en las próximas elecciones, está pensando en la familia y cuando una familia completa descubre que la política puede convertirse en herencia, ya no estamos hablando de una campaña, estamos hablando de una chacra con urnas electorales y los huanuqueños, como siempre, tendremos que decidir si votamos o si compramos nuestra propia madriguera.
P.D. Antes de que algún zorro se sienta aludido, conviene aclarar que esta crónica es una obra de ficción. Si algún lector cree reconocer en ellos a determinadas personas, familias, cargos o circunstancias de la vida política huanuqueña, eso ya no es responsabilidad del autor, El Apóstata solamente escribió sobre animales. Si algún animal se reconoce, será porque conoce demasiado bien la madriguera.










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