Por un huanuqueño que ya no quiere acostumbrarse
Este domingo 4 de octubre, Huánuco elige a quienes gobernarán la región y sus municipios entre 2027 y 2030. Llegamos a esta elección cansados. No es el cansancio de quien trabajó mucho, sino el de quien esperó demasiado y recibió muy poco.
Basta recorrer la ciudad para entenderlo. Hay paraderos improvisados en cada esquina y combis que se detienen donde quieren. Las pistas están rotas y el tránsito no respeta a nadie. El agua llega por horas en algunos barrios y en otros no llega. Los hospitales no tienen especialistas ni medicinas. Muchas escuelas funcionan con techos que gotean y sin conexión. Y los robos se han vuelto tan comunes que ya casi no se denuncian, porque la gente no cree que sirva de algo.
Nada de esto es un accidente. Es el resultado de años de gestiones que confundieron el cargo público con una oportunidad de negocio.
Las cifras que avergüenzan
Huánuco sigue entre las cinco regiones más pobres del Perú: más de un tercio de su población vive en pobreza monetaria, según cifras del INEI. Casi la mitad de nuestros niños menores de tres años tiene anemia (44,9 %, según la ENDES 2024). Es un daño que afecta su desarrollo y su aprendizaje para toda la vida. En las zonas pobres, más del 40 % de las familias obtiene el agua de ríos o acequias.
Mientras tanto, la Contraloría observó que el Gobierno Regional asignó en su presupuesto 2026 apenas S/ 448 289 para que el Consejo Regional fiscalice la gestión. El mínimo requerido era S/ 1 187 670. En otras palabras, se recortó el dinero destinado a vigilar cómo se gasta el dinero. No hace falta decir más.
Y hay un dato que debería preocupar a todo elector: cuando la Comisión Regional Anticorrupción de Huánuco invitó a los candidatos al Gobierno Regional a firmar un compromiso de transparencia e integridad, solo cuatro de diez lo firmaron. Los demás no creyeron necesario comprometerse, ni siquiera en el papel.
El verdadero problema: la impunidad
La corrupción no prospera sola. Prospera porque nadie paga por ella. Las obras que se inflan, se paralizan o se entregan mal casi nunca terminan con alguien preso ni con el dinero devuelto. Los procesos judiciales se alargan hasta prescribir. Las denuncias se archivan. Y el mensaje que recibe el siguiente funcionario es claro: aquí se puede.
Esa impunidad es lo que destruye los servicios. Cada sol desviado es una posta sin médico, un colegio sin carpeta, una carretera que se lleva el primer huaico. La corrupción no es un problema moral abstracto. Es la razón concreta por la que el Estado no funciona en Huánuco.
Lo que deben hacer las nuevas autoridades
Quien gane el domingo no necesita promesas nuevas. Necesita cumplir cinco tareas básicas que cualquier gestión seria asumiría desde el primer día.
1. Transparencia total desde el primer mes. Publicar en línea, en lenguaje sencillo, cada contrato, cada obra, su avance y su costo. Transmitir en vivo las sesiones del consejo regional y los concejos municipales. Devolver al Consejo Regional el presupuesto completo para fiscalizar. Quien no tiene nada que esconder, no teme ser vigilado.
2. Agua y salud antes que cemento vistoso. La prioridad no puede ser el monumento, la plaza remodelada o la obra que se inaugura con banda. Debe ser el agua segura en cada hogar y la lucha contra la anemia con metas medibles cada año. Además, los hospitales deben tener personal y medicinas. Un niño sano rinde más que cualquier obra de fachada.
3. Ordenar la ciudad con autoridad, no con operativos de un día. Huánuco necesita un plan de transporte urbano: paraderos formales, rutas autorizadas y fiscalización permanente. Las municipalidades deben coordinar con la Policía para recuperar el control del tránsito y de las calles. El desorden cotidiano también es una forma de abandono.
4. Seguridad ciudadana articulada. Serenazgo, Policía, juntas vecinales y Fiscalía deben trabajar con información compartida y metas comunes. Hay que iluminar los barrios y poner cámaras que funcionen. Pero lo más importante es que el vecino vuelva a denunciar porque confía en que habrá respuesta.
5. Obras que se terminan. Ninguna obra nueva debería empezar mientras haya obras paralizadas sin resolver. Primero hay que terminar las carreteras, los colegios y los hospitales que ya se pagaron. Luego, recién, soñar con lo siguiente.
La tarea también es nuestra
Sería cómodo culpar solo a las autoridades. Pero en Huánuco, como en todo el país, muchos votan por el que regala, por el conocido o por el que promete puestos. Luego nos quejamos de lo que elegimos.
El 4 de octubre, antes de marcar la cédula, vale la pena hacerse tres preguntas. ¿Este candidato firmó el compromiso anticorrupción? ¿Tiene procesos o sentencias? Pueden revisarse en la plataforma Voto Informado del JNE. ¿Su plan dice cómo va a hacer las cosas o solo qué promete?
Y después de votar, el trabajo continúa. Hay que asistir a las audiencias públicas, exigir rendición de cuentas y denunciar ante la Contraloría. La vigilancia ciudadana es la única garantía que no depende de la buena voluntad del gobernante.
Huánuco tiene todo para salir adelante: su gente trabajadora, su clima privilegiado, su agricultura, su universidad, su historia. Lo que no ha tenido es autoridades a la altura. Que esta vez sea distinto no depende del destino. Depende de a quién elijamos y de cuánto les exijamos después.
Mi pueblo no está condenado. Está esperando.









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