El activo más rentable, que se debe educar y fortalecer constantemente, para un ciudadano y profesional es la actitud y el carácter. La actitud no depende directamente del talento ni del conocimiento. Un arranque de ira o desliz verbal puede arruinar la reputación personal y el prestigio profesional que han costado años de entrenamiento, estudio, inversión y experiencia. La confianza, la responsabilidad, la adaptación a nuevos contextos y desafíos y el trabajo en equipo hoy son imprescindibles en la gestión pública. Si fueras empresario o líder pedagógico, ¿consentirías en tu equipo a un trabajador de alto rendimiento profesional, pero tóxico, con descontrol emocional, impuntual y desafiante a la autoridad? La respuesta va a depender con quiénes trabajas. La selección integral de personal es estratégica. En el mercado laboral y el desempeño profesional, se valoran muchísimo las habilidades sociales, las competencias socioemocionales y las destrezas digitales. La amistad es un valor social importante, pero no requisito para acceder a un empleo. No se firma contrato laboral en el bar o en la pollada. Amistad y trabajo, agua y aceite. La inteligencia artificial y el impacto de las redes sociales son irreversibles; no queda otra opción que adaptarnos inmediatamente. Solo hay que responder con pensamiento crítico (lectura, análisis y reflexión), toma responsable y correcta de decisiones y resiliencia cotidiana. La tecnología ha rediseñado la performance y “valor agregado” del trabajo y el pensamiento estratégico. La imprescindibilidad no existe; todo tiene su reemplazo. A rey muerto, rey puesto. La prosperidad y productividad dependen de la calidad profesional, ética e inteligencia emocional de los colaboradores. No bastan resultados, sino también regulación emocional. En educación y salud, es fundamental el buen trato a estudiante y paciente; sin ellos no hay escuela ni hospital. Hay que cuidar el trabajo.
¿Cuál es la razón que explica la práctica de una actitud coherente y sostenible? Madurez emocional y la consolidación de la experiencia. No es que un día soy empático, pero el otro muestro una actitud reactiva e intransigente con los errores y el incumplimiento de metas. Cuidado con la frase: “Yo digo las cosas de frente, en blanco y negro, sin anestesia”. Un lector de poesía diría que es mejor el eufemismo, un coach recomendaría la asertividad. No es lo que dices, sino cómo lo dices. No está en cuestión la verdad, sino el modo de hacerla llegar la información al interlocutor. La efectividad de la comunicación requiere que emisor y receptor muestren empatía emocional, hacer match para conversar. Este es, precisamente, el primer paso de las relaciones laborales, sentimentales y amicales. Mejor se entiende lo que se ve, que lo que se escucha. El lenguaje no verbal transmite poderoso mensaje con matices e intenciones. La juventud es impetuosa, un guerrero espartano con sed de camino y avidez de experiencia; ahí se aprende y se forja el carácter. La adultez es la madurez donde se cosecha el sembrío de los años briosos y vitales. La vejez concentra la sabiduría que no es, necesariamente, infalible. A veces nunca se aprende, a pesar de los tropiezos y la ingratitud.
Si encuentras en la vida a un interlocutor que sabe escuchar, te sacaste la Tinka; no lo sueltes ni desperdicies. La escucha empática permite establecer un vínculo de solidaridad, relaciones interpersonales saludables y una convivencia democrática. Escuchar y chatear y revisar el Facebook en el celular es una insolencia y desconsideración. Juzgar, criticar, interrumpir al otro y actuar con prejuicio es contraproducente. No se trata de escuchar -“te escucho, habla nomás”-, sino saber escuchar activamente, mirando a los ojos, con las manos desocupadas, sin cuestionar ni cortar el relato. Trata a los demás, como quieres que te traten. La confianza -significa “con fe o fianza”, es decir, otorgar licencia a alguien en quien creemos que va a hacer las cosas correctamente- es el cimiento de la credibilidad, la cohesión y la coherencia, La confianza ciega es un suicidio. La confianza y el respeto funcionan con normas y límites claros y con consecuencias si hay transgresión. Si algo sale mal, se asumen responsabilidades. Pedir disculpas es un acto ético y emocional de alta decencia. Saber escuchar es una virtud de pocos.
El prestigio profesional no es perfección, obsesión por la pulcritud moral ni impedimento de errores. A veces los yerros y deslices, caen como aguacero. La santidad es una aspiración social mediocre e hipócrita. El pusilánime tiene horror a “meter la pata”. Eso no es el acabose. La equivocación es privilegiada oportunidad para aprender, corregir y afinar el hábito y la habilidad. Quien no quiere aprender, quien niega la relevancia de la experiencia, el que deliberadamente renuncia a aprender haciendo o no quiere aprender está por demás en un equipo de trabajo; puede contagiar a los demás. Es la manzana podrida del cajón de frutas, el detractor frontal o conspirador. Usa el chisme como arma de socavamiento y descrédito. La puntualidad se adquiere por iniciativa personal, por cumplimiento de norma laboral o viendo ejemplos del entorno. Los honores académicos y los pergaminos no siempre son compatibles con el carácter y la madurez emocional. La inteligencia emocional no debe avanzar por inercia, solo por buena voluntad o en piloto automático. Un trabajador -docente o líder pedagógico- con estrés, ansiedad, depresión y desorden alimentario es un alto riesgo durante el desempeño profesional. La inteligencia emocional se cultiva, fortalece en el tiempo y ajusta como si fuera una tuerca sosteniblemente. En una situación de alta presión conflictiva puede provocar caos y enfrentamiento. La astucia es instinto natural para superar la adversidad; la habilidad, una actitud técnica para resolver problemas dentro del marco legal, la convicción y la ética. Contratar a un trabajador solo por competencias profesionales y académicas es arma de doble filo; se debe analizar el CV. ¿Qué habilidades blandas tiene? ¿Cómo resuelve problemas casuísticos? ¿Cuáles son los antecedentes de procedencia? Ahora se exige obligatoriamente el registro en el Regiep. La vinculación laboral por amistad o prebenda genera devolución de favores en perjuicio del servicio al cliente o usuario y la rentabilidad.
Escribe Inés Temple: “… la verdadera diferenciación entre profesionales dependerá menos de lo que saben hacer y más de cómo trabajan con los demás”. Al empresario Enrique Baldeón López, escuché fundamentar, con la autoridad de la experiencia, que la “cultura de éxito” se basa en una lógica válida universalmente: acción, error, lección, aprendizaje y, como consecuencia, el éxito. El resultado es prosperidad y crecimiento. Gestionar el desempeño de colaboradores, alinearlos a la visión, misión y objetivos de la institución es una tarea diaria. La productividad y el funcionamiento del equipo dependen quién lidera y con quiénes se trabaja.








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