El Mundial de Norteamérica 2026, el primero en jugarse en tres países (Estados Unidos, México y Canadá) y con 48 selecciones, arranca este fin de semana con la promesa de batir todos los récords. Con 104 partidos en seis semanas y las entradas más caras de la historia, el torneo llega bajo la sombra de un contexto político complejo, marcado por las políticas migratorias de Donald Trump y la gestión comercial de la FIFA.
Récords y tensiones
El campeonato, impulsado por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha sido diseñado para maximizar el rendimiento financiero, con la cooperación del gobierno estadounidense. La imagen de Infantino entregando un “premio FIFA de la paz” a Trump en diciembre pasado refleja la época en la que se celebra este Mundial.
Estados Unidos, como anfitrión principal, enfrenta críticas por sus políticas migratorias: se ha rechazado en la frontera a un árbitro somalí con la máxima cualificación, se ha obligado a la selección de Irán a alojarse al otro lado de la frontera, y se ha amenazado con enviar agentes de inmigración a los estadios para acosar a los latinos, comunidad sin la cual el fútbol estadounidense no sería viable como negocio.
El poder del fútbol frente a la política
A pesar de este contexto, la historia demuestra que el poder de seducción del fútbol suele imponerse. El Mundial se ha celebrado en la Italia fascista, en la Argentina de la dictadura militar, en la Rusia de Putin y en la monarquía absolutista de Qatar, y ninguno de esos contextos forma parte del relato colectivo del deporte.
Este sábado, 32 años después del Mundial de 1994, la selección de Estados Unidos debutó como anfitriona en un estadio de nueva construcción, lleno de famosos y en horario estelar. El fútbol ha pasado de ser una excentricidad para nostálgicos a un deporte que vende emoción, gracias a los millones de inmigrantes latinoamericanos que han creado un vínculo emocional con el deporte.
México: historia viva
En México, la imagen del Estadio Azteca el jueves, lleno para actuar como anfitrión por tercera vez, fue sobrecogedora. El lugar donde triunfaron Pelé y Maradona aporta una mística única a la historia de los mundiales. Las historias que ocurran en las próximas cinco semanas se contarán durante los próximos 30 años, y el contexto político será lo de menos.










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