Marruecos ha dado por terminada la sequía que sufrió entre 2018 y 2025, pero en lugar de confiar en las lluvias, ha acelerado una transformación completa de su sistema hídrico. El país construye simultáneamente grandes embalses, prepara 42 nuevas presas hasta 2050, desarrolla pequeñas infraestructuras, multiplica la desalación y levanta una enorme red para trasladar agua entre regiones. La pieza más llamativa es la denominada “Autopista del Agua”.
Prepararse para la siguiente sequía
Las lluvias y nevadas del último invierno han permitido elevar las reservas hasta unos 12.290 millones de metros cúbicos, alrededor del 72,1% de la capacidad nacional frente al 37% del año anterior. El Gobierno calcula que dispone de agua suficiente para garantizar entre dos y cinco años de consumo y riego, pero la recuperación es desigual: mientras cuencas como Tensift, Bouregreg y Sebú presentan niveles elevados, zonas del sur como Souss-Massa siguen sometidas a mayor presión.
Según el ministro de Equipamiento y Agua, Nizar Baraka, más de la mitad de los aportes hídricos del país se concentra en una fracción mínima de su superficie. La respuesta es conectar los recursos mediante una red capaz de transportar agua desde las regiones más húmedas hacia las más deficitarias.
La “autopista del agua”
Esta infraestructura conecta inicialmente las cuencas del Sebú y el Bouregreg y permite trasladar excedentes hacia el eje Rabat-Casablanca, garantizando el abastecimiento de más de 11 millones de habitantes. El proyecto acaba de recibir un respaldo de 348 millones de euros mediante un programa que combina subvenciones de la Unión Europea con créditos de agencias de Francia, Alemania e Italia.
La autopista es solo una pieza. El país ya cuenta con 156 grandes presas operativas y desde 2021 ha terminado otras ocho. Actualmente hay 14 grandes presas en obras y hasta 16 grandes actuaciones en paralelo, con una capacidad conjunta de 5.037 millones de metros cúbicos y una inversión aproximada de 29.530 millones de dirhams, unos 2.700 millones de euros. Proyectos como Sidi Abbou y Aït Ziat están casi terminados, mientras Ratba almacenará más de 1.000 millones de metros cúbicos con una inversión de 4.369 millones de dirhams.
Llenado anticipado y pequeñas presas
Marruecos ha comenzado anticipadamente el llenado de cuatro presas todavía en construcción (Sidi Abbou, Sakia El Hamra, Aït Ziat y Beni Azimane) para atender necesidades inmediatas de abastecimiento y regadío. Además, el programa 2022-2027 contempla 155 pequeñas presas, de las que 12 ya estaban terminadas, 45 en construcción, 30 previstas para 2026 y 68 en estudio para 2027. A ellas se suman cuatro presas medianas.
Desalación: el otro pilar
Las inversiones en desalación alcanzan los 12.000 millones de euros, con el objetivo de que alrededor del 60% del agua potable marroquí proceda del mar en 2030. Esto permitiría reservar el agua de los embalses para regiones interiores y usos agrícolas, como en Souss-Massa, donde la desaladora de Chtouka Aït Baha ya contribuye a la actividad agrícola. Marruecos mantiene restricciones como impedir que campos de golf y zonas verdes públicas sean regados con agua dulce, obligándolos a usar aguas residuales depuradas.
El objetivo final
La experiencia de siete años de escasez ha situado la seguridad hídrica en el mismo terreno que otras infraestructuras estratégicas. El Plan Nacional del Agua combina solidaridad territorial, soberanía hídrica, resiliencia climática, sostenibilidad y diplomacia internacional, aunque expertos marroquíes cuestionan el enorme consumo de agua de una agricultura orientada parcialmente a la exportación. La apuesta de Rabat consiste en no elegir una única solución: construir decenas de grandes presas y cientos de pequeñas infraestructuras, producir agua mediante desalación y conectarlo todo con una “Autopista del Agua” capaz de llevar el recurso desde donde la naturaleza lo concentra hasta donde el país realmente lo necesita.









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