En la ciudad ecuatoriana de Durán, azotada por las drogas y las bandas rivales, el capitán de policía Jean Carlos Bustamante lidera un equipo selecto que se enfrenta diariamente a los criminales y a un enemigo interno: la corrupción. En una patrulla acompañada por la BBC, el oficial de 34 años señaló que “tenemos muchísima gente mala dentro de nuestra unidad, dentro del Estado, dentro de la política”, y agregó que hay “muchísimos tipos corruptos” a sueldo de las pandillas.
Operativos en territorio enemigo
Al atardecer, Bustamante guió a su equipo hacia un barrio marginal controlado por el grupo Los Águilas. Las ventanas están protegidas con rejas y el miedo domina a los residentes. El capitán explicó que los lugareños no denuncian a las pandillas porque “los matan”. En una casa abandonada, donde presuntamente escondían armas, el equipo utilizó un ariete para abrir la puerta y encontró dos pistolas, una lista para disparar, y munición para rifle de asalto.
Bustamante consideró el resultado como una pequeña victoria: “hay dos armas menos para las pandillas”. No obstante, admitió que las bandas tienen “muchas armas y mucho más dinero que el Estado”. El oficial perdió a tres amigos cercanos en la lucha contra las pandillas y confesó que sus padres viven con el temor constante de que muera en el cumplimiento del deber.
Crisis de violencia y narcotráfico
La violencia en Ecuador se ha disparado en menos de una década. El año pasado, la tasa de homicidios fue una de las más altas del mundo, con más de 9.200 personas asesinadas, según el Ministerio del Interior. Alrededor del 70% de la cocaína que llega a Europa y Estados Unidos proviene de Ecuador, según el presidente Daniel Noboa. La droga ingresa desde Colombia y Perú, y las bandas locales, con vínculos con carteles mexicanos y mafias albanesas, aprovechan la debilidad de los controles fronterizos y la extensa costa del Pacífico.
Los críticos de la represión del presidente Noboa señalan que, aunque se ha arrestado a líderes de bandas, esto ha provocado la fragmentación y proliferación de los grupos criminales. Muchos creen que la guerra contra las pandillas nunca se ganará, pero el capitán Bustamante insiste en seguir luchando.
Microtráfico y liberaciones cuestionadas
En otra operación, Bustamante y su equipo localizaron a tres presuntos microtraficantes que vendían paquetes de una mezcla de heroína a un dólar. Los sospechosos fueron detenidos en una casa sin electricidad, donde se encontró un escondite detrás de una ventana. Uno de ellos fue acusado y podría recibir cinco años de cárcel si es declarado culpable, mientras que los otros dos fueron liberados por los fiscales.
Altos funcionarios atribuyen estas liberaciones a la corrupción en el sistema judicial y la fiscalía. El coronel Santiago Gavilánez, subcomandante de la policía de Durán, afirmó que “compran leyes, jueces y políticos”, y que algunos liberados “matan gente y dejan huérfanos”. Un agente, cuya identidad se mantiene en reserva, relató que recibió ofertas de soborno “suficiente dinero para jubilarse” y las rechazó, pero advirtió que “nunca se sabe quién te está observando”.
Progresos y desafíos
Según la policía, la tasa de homicidios en Durán se ha reducido a la mitad en los primeros seis meses de este año. Las calles ya no están desiertas después de las 7:00 pm y ya no se encuentran cadáveres decapitados o desmembrados, algo que solía ser habitual. “Hemos logrado contener a las bandas”, dijo Gavilánez, aunque admitió que “conseguir el control total será un proceso a mediano plazo”.
Sin embargo, en otros lugares los delincuentes contienen a la policía. Un líder de una banda local, identificado como Jonathan, afirmó tener a cuatro agentes a sueldo que le avisan antes de las operaciones. “Siempre que van a realizar una operación, me llaman”, dijo, y explicó que el sistema de alerta temprana le cuesta entre US$1.500 y US$2.000 al mes. Jonathan, de 37 años, aseguró que se unió a una pandilla a los 18 para llevar comida a la mesa.
El capitán Bustamante, a pesar del cansancio, mantiene la esperanza: “Quizás estoy un poco cansado, pero es mi trabajo. Creo que podemos ganar esta guerra. Tenemos que hacerlo”. Por ahora, uno de los principales jefes de la banda en la zona sigue libre, pues “no tenemos pistas ni pruebas, así que no podemos arrestarlo”.










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