Pakistán anunció este viernes un estado de “guerra abierta” contra el gobierno talibán de Afganistán, tras intensos bombardeos aéreos contra objetivos militares en Kabul, Kandahar, Paktika y otras provincias. La escalada responde a ataques previos de fuerzas afganas contra posiciones paquistaníes en la frontera la noche del jueves, en un ciclo de represalias que incluye operaciones como “Ghazab Lil Haq” (Furia Justa) por parte de Islamabad.
El detonante inmediato fue la ofensiva talibán contra puestos fronterizos paquistaníes, pero las tensiones se acumulan desde hace meses por el refugio que Kabul presuntamente da al Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), grupo yihadista pastún que opera desde territorio afgano y ha intensificado atentados en Pakistán. En 2025, el TTP causó al menos 2.414 muertes en el país vecino, según informes de seguridad de Islamabad, incluyendo ataques masivos que evocan el de la escuela de Peshawar en 2014 (más de 130 niños muertos).
En el centro del conflicto histórico y actual se encuentra la Línea Durand, la frontera de facto de 2.640 kilómetros establecida en 1893 por el acuerdo entre el funcionario británico Sir Mortimer Durand y el emir afgano Abdur Rahman Khan, durante el “Gran Juego” colonial entre Gran Bretaña y Rusia.
La línea divide artificialmente a las comunidades pastunes (etnia mayoritaria en ambos países) y baluchis, separando familias, clanes y territorios con profundos lazos culturales, lingüísticos y religiosos. Pakistán la reconoce como frontera internacional desde su independencia en 1947, pero Afganistán la rechaza sistemáticamente como una imposición colonial que nunca ha sido ratificada formalmente.
Esta división étnica explica por qué el TTP —modelado en los talibanes afganos pero más radical y aliado con Al Qaeda— encuentra refugio y apoyo en zonas afganas pastunes, mientras Pakistán ha intentado blindar la frontera con cercas desde 2017, lo que ha generado más fricciones con las comunidades locales.
A pesar de la afinidad ideológica (ambos gobiernos son islámicos radicales), la relación se deterioró tras el regreso talibán al poder en 2021: Islamabad esperaba cooperación contra el TTP, pero Kabul niega su presencia y acusa a Pakistán de interferencia. Los pasos fronterizos permanecen cerrados desde octubre de 2025 tras combates que dejaron más de 70 muertos.
La escalada actual —con cifras contradictorias de bajas (Pakistán afirma haber matado cientos de talibanes; Afganistán reporta decenas de soldados paquistaníes caídos)— pone en riesgo una mayor desestabilización regional, en medio de una frontera porosa, insurgencia transfronteriza y una delimitación que, 133 años después, sigue sin ser aceptada por una de las partes. Expertos advierten que sin resolución del estatus de la Línea Durand y del TTP, el conflicto podría prolongarse más allá de los bombardeos actuales.










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