En la antigua Roma, el amor por las mascotas era tan profundo como hoy, con dueños adinerados dedicando epitafios en mármol y hasta uniendo cenizas, una práctica que revela la evolución de este vínculo milenario.
Los recientes cementerios para animales en países desarrollados no son una novedad. Hace más de 2.000 años, los romanos ya lloraban a sus mascotas, como demuestran más de 300 epitafios encontrados que registran el inmenso afecto por sus perros y aves.
Según la investigación publicada por La Vanguardia, el vínculo humano-animal tiene raíces profundas que se extienden hasta la Antigüedad Clásica, donde la preocupación por los compañeros de cuatro patas o con alas trascendía las necesidades básicas, reflejando una conexión emocional que hoy sigue vigente en millones de hogares.
Más de 2 Milenios de Amor Incondicional: Los Romanos y Sus Mascotas
Mientras que en la actualidad observamos con cierta sorpresa la aparición de cementerios de mascotas en barrios residenciales de capitales como Lima o Barcelona, los antiguos romanos ya manifestaban un apego similar, si no idéntico, a sus animales. Esta tendencia, lejos de ser un fenómeno moderno, tiene raíces históricas que se hunden casi 20 siglos atrás. Se estima que en el Imperio Romano, especialmente hacia el siglo I d.C., un 15% de las familias pudientes ya consideraba a sus perros o aves como parte integral de su núcleo, y no era raro invertir cuantiosas sumas en su cuidado. En total, se han documentado más de 300 epitafios dedicados exclusivamente a animales en diversas regiones del antiguo Imperio, desde Italia hasta Hispania, demostrando la extensión geográfica de esta práctica.
¿Un Perro era Más Valioso que un Soldado para Algunos Romanos?
En la sociedad romana, los perros cumplían al menos cuatro funciones esenciales: eran vitales en la guerra, compañeros leales en el hogar, aliados insustituibles en la caza y protectores incansables. Un ejemplo icónico es el famoso mosaico de Pompeya, datado en el año 79 d.C., con la inscripción "CAVE CANEM" (cuidado con el perro), que servía de advertencia en la entrada de una residencia. Además de su utilidad, el afecto era palpable. El poeta Catulo, por ejemplo, dedicó un sentido poema al gorrión de su amada Lesbia, describiéndolo con un cariño que hoy nos resulta familiar, incluso mencionando que la mujer lo quería "más que a sus ojos". Los ancestros de los Bichones Malteses, pequeños perros blancos de pelo largo, eran especialmente apreciados como compañeros de regazo, una raza que se popularizó aproximadamente en el siglo III a.C. y que se estima que podía llegar a vivir entre 10 y 14 años.
Epitafios: Testimonios Eternos de un Vínculo Inolvidable
Estos sentimientos profundos quedaron inmortalizados en piedra. Los epitafios para mascotas, una práctica inusual para la época que desafiaba la rutina de los monumentos humanos, eran a menudo redactados en verso y reflejaban la personalidad única de cada animal y el dolor de su pérdida, mostrando un nivel de sofisticación emocional que se creía exclusivo del presente.
¿Cómo un "Guardián de Carros" o una "Perla del Mar" conmovían tanto a sus Dueños?
Entre los ejemplos más conmovedores, encontramos uno procedente de Ancona, Italia, grabado en una columna: "Guardián de mis carros, nunca ladró en vano: ahora guarda silencio y la sombra protege sus cenizas". Este epitafio destaca por su extrema brevedad, 20 palabras que encapsulan una vida. Otro, más extenso y emotivo, se conserva en el Museo Británico. Dedicado a "Margarita", una perra nacida en la Galia, relata en primera persona su vida de agilidad y su trágica muerte durante el parto. El texto, de casi 100 palabras, no solo elogia sus cualidades, sino que describe su doloroso final: "Pero desgarrada por un parto desdichado, he tenido que sucumbir a mi destino. Y ahora me cubre la tierra bajo este pequeño mármol". Desde Salerno, cerca de Nápoles, otro epitafio, de aproximadamente 75 palabras, lamenta la pérdida de "Pátrice", una perrita pequeña que había brindado "miles de besos" y compañía por "tres lustros" (15 años), destacando su "ingeniosa conducta" y su costumbre de comer en brazos de su dueño.
El Costo de un Duelo Romano: Inversiones Más Allá de lo Esperado
Estos sepulcros y epitafios no eran accesibles para todos. Eran un privilegio de las familias pudientes, capaces de invertir recursos en conmemoraciones de mármol que, en ocasiones, podían costar el equivalente a varios meses de salario de un trabajador común o el valor de 100 denarios, una suma considerable para la época. La inversión económica en estos ritos funerarios para mascotas subraya la profundidad del lazo afectivo. El satírico Juvenal, en el siglo II d.C., incluso ironizaba sobre las señoras romanas que sentían más la muerte de su perrita que la de su propio marido, una exageración que, sin embargo, ilustra la intensidad del vínculo. La perra Mía, de Aquitania, también recibió un epitafio que, con unas 60 palabras, evoca el lirismo de Catulo, lamentando su incapacidad para "alborotar, ni brincar, ni disfrutar con los cariñosos mordiscos".
Un Renacer de las Tradiciones Milenarias en el Siglo XXI
La costumbre de honrar a los animales con ceremonias y monumentos funerarios prácticamente desapareció durante más de diez siglos, para resurgir con fuerza a finales del siglo XIX y consolidarse en el XX y XXI. Este "vacío" de aproximadamente 1.000 años en registros similares hace que el redescubrimiento de las prácticas romanas sea aún más significativo.
¿Qué Nos Dice Este Vínculo Antiguo Sobre Nuestro Presente y Futuro con las Mascotas?
En el Museo Arqueológico de Madrid se conserva una urna que inicialmente albergaba las cenizas de Cornelia Nympha, una patrona, a la que luego se le añadió la inscripción "y a la perrita Albana", sugiriendo que las cenizas de la dueña y su mascota fueron unidas. Este acto, que hoy parece increíblemente moderno y sentimental, nos demuestra que el mundo, en esencia, no ha cambiado tanto en los últimos 2.000 años. La capacidad humana de amar, extrañar y honrar a sus seres queridos, sean personas o animales, es una constante que trasciende culturas y eras, y nos invita a reflexionar sobre el futuro de la convivencia con nuestras mascotas en un Huánuco y un Perú cada vez más conectados con estos compañeros, donde más de 5 millones de hogares ya tienen al menos un animal doméstico.
Crédito de imagen: Fuente externa










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