La lucha contra el cáncer exige urgencia, pero nunca improvisación. Huánuco necesita un hospital oncológico moderno, equipado y capaz de atender a pacientes que hoy deben viajar, endeudarse o esperar demasiado para recibir tratamiento. Precisamente por esa necesidad, resulta inaceptable que una obra estimada en S/230,8 millones haya comenzado con una ceremonia de primera piedra mientras su expediente técnico todavía no está concluido.
No se trata de una observación menor ni de una discusión reservada para ingenieros. El expediente debe definir qué hospital se construirá, cuántos ambientes tendrá, qué equipos serán instalados, cuál será su capacidad diaria y bajo qué condiciones funcionarán servicios tan delicados como radioterapia, quimioterapia, cirugía oncológica, banco de sangre y diagnóstico por imágenes. Sin esas respuestas cerradas, la población no tiene delante una obra definida, sino una promesa todavía sujeta a cambios.
La modalidad Fast Track, utilizada para desarrollar parcialmente el diseño mientras avanza la ejecución, puede ser legal y permitir plazos más cortos. Pero ninguna modalidad contractual convierte la incertidumbre en planificación. Tampoco libera a las autoridades de explicar qué componentes ya fueron aprobados, cuáles siguen en evaluación y qué garantías existen para evitar ampliaciones, modificaciones o sobrecostos posteriores.
A esa preocupación se suma una advertencia todavía más grave: el número de expediente con el que habría sido registrado el proyecto correspondería al Centro Médico La Esperanza. Este dato debe ser aclarado de manera inmediata y documental. No basta una declaración tranquilizadora ni una explicación verbal. La ciudadanía tiene derecho a conocer el código correcto, la ficha registrada, la denominación oficial del proyecto y todos los documentos que sustentan su ejecución.
Cuando se comprometen cientos de millones de soles y, sobre todo, la esperanza de pacientes con cáncer, cada dato debe ser exacto. Un número equivocado puede ser un error administrativo, pero también puede revelar desorden, falta de control o una preocupante ligereza en la conducción de una inversión pública de enorme importancia. Guardar silencio solo aumenta la desconfianza.
La colocación de una primera piedra no reemplaza los estudios. Las fotografías, los discursos y la maquinaria derribando estructuras tampoco garantizan que el futuro hospital cuente con especialistas, protocolos de seguridad radiológica, mantenimiento permanente, equipamiento operativo y presupuesto suficiente. Huánuco no necesita otro edificio inaugurado a medias ni una infraestructura cuya capacidad real se descubra cuando ya sea demasiado tarde para corregirla.
Las llamadas “megaobras” no pueden administrarse a la carrera ni convertirse en vitrinas políticas. Si otros proyectos impulsados por la gestión regional también comenzaron sin expedientes concluidos, corresponde informar cuáles son, en qué etapa se encuentran y qué riesgos técnicos o económicos enfrentan. La transparencia no debe aparecer después del problema, sino antes de iniciar la construcción.
Amar a Huánuco no es colocar placas, levantar escenarios o adelantar inauguraciones simbólicas. Amar a Huánuco es cuidar cada sol público, respetar los procedimientos, escuchar a los especialistas y entregar obras que funcionen. El hospital oncológico es demasiado importante para construirse “al caballazo”. Antes de avanzar, la gestión regional debe despejar todas las dudas. Los pacientes no pueden pagar el costo de la improvisación.










Comentarios
Comparte tu opinión de manera respetuosa.
Inicia sesión para dejar un comentario.