En el centro de Huánuco, un letrero de «no estacionarse» ya no prohíbe nada. A lo mucho, le indica al chofer dónde dejar el carro. Lo comprobamos el lunes 26 en los jirones Ayacucho, Leoncio Prado, General Prado y San Martín, de tarde y de noche. El caos del centro tiene responsables, y son las autoridades que dejaron de hacer cumplir sus propias reglas.
Lo que encontramos no requiere peritos. Basta caminar. En la esquina de General Prado con Leoncio Prado, un auto estaba estacionado debajo del letrero que lo prohíbe. En la cuadra 3 de General Prado, los vehículos copaban la calle y dejaban apenas un pasadizo. En San Martín, las motos ocupaban una zona rígida. En la esquina de Leoncio Prado con el jirón Huánuco, el comercio ambulatorio se había quedado con las veredas. A las 7:36 de la noche, más de siete combis hacían paradero en una sola cuadra de Leoncio Prado. Otra circulaba por la tarde con la puerta amarrada con una pita.
¿Y la autoridad? El único policía de tránsito que vimos por la tarde estaba frente a la Municipalidad Provincial, en una calle también llena de autos mal estacionados. Difícil encontrar una imagen más elocuente: el desorden llega hasta la puerta de quien debería ponerle fin. En ninguno de los dos recorridos vimos a un inspector o a un policía imponer una sola sanción.
Ya lo habíamos advertido. El 20 de agosto contamos más de doce combis detenidas en las cuadras 9 y 10 de Leoncio Prado, recogiendo pasajeros con el semáforo en verde. En julio cuestionamos que la municipalidad rebajara hasta 95 % las papeletas antiguas sin explicar qué control vendría después. Tres meses más tarde, la respuesta está en la calle. Perdonar multas sin fiscalizar le enseña al infractor que esperar sale más barato que cumplir.
Habrá quien diga que el centro siempre fue así, que faltan paraderos y que el transportista también tiene que trabajar. Lo de los paraderos es cierto, y esa es otra deuda municipal. Pero ninguna carencia autoriza a convertir una calle en terminal ni a llevar gente en una combi con la puerta atada. Cada carro mal parado empuja al peatón a la pista, atrasa al vecino y puede cerrarle el paso a una ambulancia.
Lo que viene será más difícil. La obra del parque Amarilis y la fiesta del Señor de Burgos van a cargar aún más el centro, y hasta el lunes no había un plan de desvíos publicado.
A la Municipalidad Provincial y a la Policía de Tránsito les pedimos lo mínimo: presencia diaria en las cuadras que ya conocen de memoria, multas que se cobren y no se perdonen después, y un plan de paraderos y desvíos que la gente pueda leer antes de salir de casa. Quien respeta el letrero hoy siente que es el único ingenuo de la cuadra. Esa sensación es lo que más daño le hace a una ciudad, y corregirla depende de quienes tienen la autoridad para hacerlo.










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