Huánuco no está condenado a ocupar el puesto 21. Lo que sí resulta inaceptable es que, después de una década, la región siga atrapada en el mismo lugar mientras otras avanzan, corrigen, arriesgan y compiten. El INCORE 2025 no solo muestra cifras: retrata una forma de gobernar que ha aprendido a celebrar pequeños avances sin enfrentar el problema de fondo.
Subir de 4.1 a 4.4 puntos puede sonar alentador en un discurso oficial, pero no cambia la realidad central: Huánuco sigue rezagado. Mejoró algo en salud, educación y economía, pero continúa último en el pilar laboral, retrocede en infraestructura y mantiene instituciones débiles. Ese no es un detalle técnico. Es la explicación de por qué miles de jóvenes no encuentran empleo digno, por qué las obras no transforman territorios y por qué la ciudadanía desconfía de sus autoridades.
Desde Diario Ahora lo decimos con claridad: Huánuco no necesita más conformismo maquillado de optimismo. Necesita una ruptura seria con la improvisación, la baja ejecución, la política pequeña y la falta de visión regional. No basta inaugurar, prometer o posar para la foto. Gobernar es producir resultados verificables.
El golpe más duro está en el empleo. Que la región siga en el último lugar del país en el pilar laboral debe avergonzar a cualquier autoridad con responsabilidad pública. La informalidad, el bajo ingreso y el deterioro en oportunidades para jóvenes no son estadísticas lejanas; son familias que sobreviven al día, profesionales que migran y emprendedores que trabajan sin respaldo real.
La infraestructura tampoco puede seguir siendo el cuello de botella eterno. Si el acceso al agua baja, si el saneamiento retrocede, si la conectividad no alcanza para mejorar aprendizajes y productividad, entonces no estamos hablando de desarrollo, sino de parches. Ninguna región despega con caminos deficientes, servicios básicos débiles y proyectos dispersos.
También preocupa la fragilidad institucional. Una región no se transforma solo con presupuesto; se transforma con equipos técnicos, continuidad, planificación y honestidad en la gestión. Cuando la percepción sobre la gestión regional cae y la resolución de expedientes judiciales sigue limitada, el mensaje ciudadano es evidente: la gente no siente que el Estado funcione a su favor.
Huánuco tiene recursos, talento, territorio, producción y una población que trabaja pese al abandono. Lo que falta es dirección. Falta una agenda regional que deje de mirar el corto plazo y empiece a ordenar prioridades: empleo formal, infraestructura básica, educación útil, salud preventiva e instituciones confiables.
El puesto 21 no debe asumirse como destino, sino como una advertencia. La mejora parcial no alcanza. Huánuco no puede seguir celebrando décimas mientras pierde generaciones enteras de oportunidades. La pregunta ya no es por qué seguimos atrás. La pregunta es quiénes están dispuestos a tomar decisiones incómodas para mover, por fin, a la región del lugar donde nunca debió quedarse.










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