Un patinador que inicia un salto con 30 grados de desviación, el meñique de un gimnasta que pisa fuera del tapiz o un mensaje de odio enviado a un atleta a las tres de la mañana. Son situaciones que el ojo humano tarda en detectar y que el Comité Olímpico Internacional (COI) busca atender con inteligencia artificial. Al frente de esa apuesta está el ingeniero aeroespacial riojano Alejandro Merino-Madrid, de 39 años, quien dirige la Agenda Olímpica de IA del organismo desde 2024.
Merino llegó al COI tras unas 13 entrevistas. Su trayectoria comenzó en 2010 en la empresa GMV con un proyecto de diseño guiado por datos para Airbus, y desde entonces pasó por los sectores aeronáutico, aeroespacial, de automoción y de semiconductores. Su misión, según explicó, es preparar al movimiento olímpico para la llegada de la inteligencia artificial: mitigar riesgos, aprovechar oportunidades y lograr que la tecnología apoye a los atletas y al deporte.
Un centinela contra el ciberacoso
Una de las herramientas más sensibles es la que protege a los deportistas del acoso en redes sociales. «Estamos desarrollando una especie de centinela, como un vigilante, que observa lo que ocurre en las redes sociales», detalló Merino. El sistema relaciona el contenido denunciado con la norma concreta que infringe en cada plataforma, para que X o TikTok no puedan despachar el caso como un asunto de opinión. «Si el proceso funciona bien, el contenido puede retirarse en cuestión de minutos y la campaña de odio se detiene antes de que avance», señaló.
El ingeniero aclaró que el objetivo no es censurar la crítica deportiva. «Decir que a alguien no le gusta cómo corre es libertad de expresión. Otra cosa son los mensajes racistas, machistas o los deseos de muerte», precisó. Según los datos que expuso, de 2,4 millones de interacciones examinadas entre los Juegos Olímpicos de invierno de este año, 10.200 resultaron ser mensajes de odio.
Asistencia a atletas y comités
Para Los Ángeles 2028, el COI quiere ampliar la aplicación que los deportistas ya usan en la Villa Olímpica, hoy limitada a información práctica como la ubicación de la cafetería o la lavandería. La idea es que puedan consultarle cualquier duda, incluso si alguien les ofrece dinero para dejarse ganar. Muchos atletas que no son estrellas no tienen un entrenador dedicado en exclusiva, y la IA les daría ese primer nivel de orientación.
Algo similar ocurre con NOCnet, la red de los 206 comités olímpicos nacionales. Si un comité quiere saber cómo tramitar la beca de una campeona olímpica, ya no depende del horario de Suiza: puede preguntar a las tres de la mañana y en el idioma que prefiera, dentro de los que maneja el COI. Durante los Juegos de Invierno de Milán-Cortina, la app de Olympics.com incorporó un asistente de texto para que el aficionado preguntara, por ejemplo, qué acaba de pasar en una prueba de curling. Merino contó que al principio las dudas eran básicas y que, pasadas un par de semanas, las consultas agregadas ya hablaban de estrategia y táctica.
Apoyo arbitral y captación de talento
La gran pregunta es si la IA acabará arbitrando. Merino se mostró prudente: el COI no pretende decir a las federaciones cómo juzgar y no hay una solución universal. «Hay que estudiarlo deporte por deporte», afirmó. En patinaje artístico, los jueces de Milán-Cortina contaron con una herramienta desarrollada con Omega que podía detectar una desviación de unos 30 grados al iniciar un salto. Para los Juegos de verano se estudian soluciones como comprobar en gimnasia si la punta del pie pisó fuera del tapiz. «En lugar de que el árbitro tenga que revisar seis repeticiones y ralentizar el proceso, la herramienta podría señalar la cámara y el instante exactos en los que se produce la infracción. Después, el árbitro tomaría la decisión, por supuesto», describió.
La filosofía de cara a 2028 es clara: «La prioridad es que cada vez haya menos subjetividad en aquellos aspectos que se pueden medir de manera objetiva». Muchas federaciones, añadió, quieren que los árbitros sigan teniendo un papel central, porque todavía no confían plenamente en la IA. También se comparten soluciones de salud, como medidores de aceleración que alertan de una posible conmoción tras un golpe, en deportes como el rugby.
El proyecto que más ha sorprendido a Merino nació en torno a los Juegos Olímpicos de la Juventud de Dakar, que comienzan el próximo sábado. Un equipo del movimiento olímpico viajó a Senegal con varias tabletas para ofrecer a más de mil jóvenes con talento pero pocas oportunidades unas pruebas voluntarias: saltos laterales, flexiones, un esprint. La tableta analizaba velocidad de reacción, fuerza y equilibrio para sugerir disciplinas con potencial. Los resultados individuales se entregan a los propios jóvenes y los agregados, al comité nacional, que puede decidir en qué instalaciones invertir. El mayor obstáculo es legal: «Almacenar datos de niños y adolescentes de otro país es un asunto muy delicado», reconoció.
Menos costos y más tiempo
La IA también llega a la trastienda con el objetivo de reducir costos. Para los medios audiovisuales, el COI crea réplicas digitales de los estadios con las que se simulan la posición del sol o de las cámaras, como el vóley playa con la Torre Eiffel de fondo en París 2024. Con esa réplica, «el equipo audiovisual obtiene el 99 % de la solución antes de desplazarse. Basta enviar a una persona un día, en vez de a todo un equipo tres semanas», expuso Merino-Madrid. Dentro del propio COI, una herramienta desarrollada con un gran proveedor tecnológico ahorra de media 72 minutos diarios a cada empleado que la usa, según sus mediciones. «El objetivo no es despedir a nadie», subrayó. A los patrocinadores también se les dan herramientas para que sus marcas se adapten a las estrictas reglas del manejo de los símbolos olímpicos.
Con Los Ángeles 2028 como horizonte, el COI mantiene en desarrollo estas herramientas y estudia su aplicación deporte por deporte, mientras las federaciones reclaman que la decisión final siga en manos de los árbitros.










Comentarios
Comparte tu opinión de manera respetuosa.
Inicia sesión para dejar un comentario.