El director Daniel Monzón regresa a la pantalla grande con ‘Ruega por nosotras’, un drama carcelario que se estrena este 6 de noviembre y que retrata el paso de una joven de familia burguesa franquista por el correccional de San Fernando de Henares, en Madrid. La cinta, protagonizada por Zoe Bonafonte, Manuela Calle, Adelfa Calvo y María Cerezuela, se sumerge en el sistema de reclusión femenina que operó bajo el Patronato de Protección a la Mujer, una institución reorganizada en 1941 y activa hasta 1984.
Un síntoma, no una anomalía
El Patronato, presidido de honor por Carmen Polo, tenía como misión la “dignificación moral de la mujer” y llegó a contar con 500 centros en toda España. En ellos fueron encerradas niñas de 11 y 12 años hasta jóvenes de 21, señaladas por las autoridades como “caídas o en riesgo de caer”. Según el texto, el cierre definitivo del Reformatorio de San Fernando de Henares se produjo tras un desenlace fatal, lo que puso fin a trabajos forzados, celdas de castigo, agresiones y torturas cometidas por el sistema, tutelado por las monjas católicas de las Cruzadas Evangélicas.
La película se inicia en 1974 y sigue la tragedia de la protagonista durante el paso de la dictadura a la democracia. Monzón, fiel a su cine de género, articula la historia dentro de los cánones del drama carcelario, un terreno que ya exploró en ‘Celda 211’ (2009), aunque en esta ocasión los personajes son “poco más que crías”.
Una denuncia que elude el realismo salvaje
El texto señala que Monzón compone una película que quiere denunciar sin ofrecer toda la panoplia del salvaje realismo de las situaciones. Como ya hiciera en ‘Las leyes de la frontera’ (2021), el director opta por dulcificar las coyunturas de las chicas y elige un caso que ayude a entender lo injusto del conjunto. Sin embargo, la crítica apunta que esa totalidad no fue homogénea y que en la película sí lo es.
Las crónicas del cierre del reformatorio hablan de atrocidades contra las reclusas, pero también de situaciones marginales y de exclusión, como prostitución y drogadicción por inhalación de cola y pegamento. En la cinta, en cambio, las características físicas e interpretativas de todas las chicas, su modo de hablar y desenvolverse, son las de niñas bien masacradas por el sistema, que como mucho se fuman un piti. “Como si hubiesen encerrado en la cárcel de Cadena perpetua a las crías del colegio de monjas de Las niñas, de Pilar Palomero”, ilustra el texto.
Esa elusión, según la reseña, blanquea la historia sin necesidad y no favorece al filme. La injusticia de la degradación y el dolor causado fue igual de cruel para las niñas de “buena familia” un tanto “descarriadas”, para las chicas sin recursos y para las pequeñas o grandes ladronzuelas que lo hicieron por necesidad o porque simplemente les dio la gana.
Un atropello contra la mujer
Sin juicios ni garantías legales, aquello fue un atropello contra la mujer, tratada como simple y llana esclava, sostiene el texto. Pero la película prefiere la superficialidad y el arquetipo —la joven monjita buena, el padre violador, el zagal guapo del carbón— al desarrollo complejo, trascendente y acusatorio de todo el sistema religioso, social y político de control de la mujer. Como detalle significativo, la canción que sobrevuela el espíritu del filme es de Los Diablos y no de Los Chichos, lo que también podría ser un síntoma.
‘Ruega por nosotras’ tiene una duración de 136 minutos y se estrena este 6 de noviembre. Con este trabajo, Monzón vuelve a abordar un episodio oscuro de la historia reciente de España, aunque lo hace desde la ficción y con las licencias propias del drama carcelario.








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