El cineasta Daniel Monzón presenta en el festival de San Sebastián Ruega por nosotras, una película a caballo entre el drama y el horror que retrata el Patronato de Protección a la Mujer, una de las instituciones represoras del franquismo que, según el director, sirvió para someter a chicas que estaban "caídas o en riesgo de caer". El filme llegará a los cines el 6 de noviembre.
Según los datos que maneja el propio Monzón, al menos 40.000 mujeres de entre 16 y 21 años —aunque la edad podía alargarse hasta los 25— pasaron por las instalaciones del Patronato, creadas para reprimir cualquier atisbo de rebeldía. La institución, presidida por Carmen Polo, esposa del dictador, inició sus actividades en 1902, pero fue durante el franquismo cuando se convirtió en una de sus herramientas más temidas.
Un centro de Observación y Catalogación
En la película, una chica de familia de clase alta acaba internada por su "ligereza de cascos" en uno de los centros del Patronato. Monzón explicó el procedimiento que se narra en pantalla: "Lo primero que hacían era llevarlas a un centro de Observación y Catalogación, situados en grandes ciudades. Allí se decidía, según si era virgen o no, que la chica era completa o incompleta".
De esa clasificación dependía el destino de las internas. "Las desarraigaban de sus lugares de nacimiento, de sus familias", relató el director, que subrayó que la nomenclatura empleada reflejaba los ideales del régimen. El objetivo, según su relato, era quebrarlas "física y moralmente" para que fueran dóciles y aceptaran que "no valían nada".
El cineasta recordó que muchas de las chicas eran recogidas por la calle y detenidas, con el argumento de que así se evitaba la prostitución infantil y la miseria. "Muy discutible, ¿no?", apuntó. Añadió que también hubo padres que consideraron que debían internar a sus hijas, por lo que, más allá de la propia institución, fue la sociedad la que fomentó estas prácticas.
Una represión que se prolongó hasta 1985
Monzón insistió en uno de los aspectos menos conocidos del Patronato: su continuidad tras la muerte de Franco. "El colmo del disparate es que, cuando murió el dictador, el Patronato continuó. Y no unos meses después de que desapareciera Franco, ni un año. No, una década, hasta 1985", señaló, cuando gobernaba Felipe González.
Para el director, ese prolongado funcionamiento explica en parte el desconocimiento social sobre la institución. A ello sumó otra razón: "Las mujeres que pasaron por allí lo asumieron como una lacra y no querían hablar de ello".
El filme toma su título del libro homónimo de Consuelo García del Cid Guerra, la investigadora que más hizo por dar a conocer el horror del Patronato. Según Monzón, ella leyó el guion muy rápido y les dijo que reflejaba lo que fue aquello.
Preparación actoral y mirada sobre la violencia
Para el rodaje, Monzón reunió a todas las actrices que encarnaban a internas y las hizo "pasar por el Patronato". Entrenaron cómo fregar según las indicaciones de las monjas de la época —"rectas sin apoyar el culo, que era mucho más duro y les destrozaba la espalda"—, aprendieron a coser con máquinas de 1974 y memorizaron los rezos con gestos muy determinados, según detalló el cineasta.
Monzón explicó que la película apunta la violencia más que la enseña. "Lo estudiamos mucho, porque usaban montones de castigos físicos. En la película se muestran algunos, pero si lo convertíamos en un rosario de atrocidades, caíamos en el género gore", afirmó. Para el director, se trataba de contar la historia "desde la dignidad de las personas que pasaron por allí".
El realizador de Celda 211 o El Niño expresó su interés en que la película sea vista por público joven. "No saben lo que pasó", advirtió. Contó que algunas actrices le dijeron que, por cómo son, cómo visten o cómo actúan, habrían acabado en el Patronato. "Conviene recordar nuestro pasado para que no pueda repetirse", concluyó.










Comentarios
Comparte tu opinión de manera respetuosa.
Inicia sesión para dejar un comentario.