La política huanuqueña está poniendo a prueba algo más importante que una prohibición electoral: está poniendo a prueba el respeto por el sentido de la ley. Cuatro alcaldes en funciones —Diana Plejo, Delia Verde, Gide Falcón y Edson Cabrera— aparecen inscritos como candidatos a regidores en sus propias jurisdicciones. En tres de esos casos, quienes encabezaban las listas como candidatos a alcalde renunciaron. El resultado es, cuando menos, políticamente inquietante: autoridades impedidas de buscar la reelección inmediata podrían quedar nuevamente muy cerca del sillón municipal.
Desde Diario Ahora consideramos que este escenario merece una discusión mucho más seria que la simple pregunta de si una inscripción es formalmente válida. La democracia no funciona únicamente con casilleros marcados, resoluciones y artículos interpretados al milímetro. También funciona con reglas comprensibles para el ciudadano y con una mínima coherencia entre aquello que la norma pretende impedir y aquello que la práctica política intenta conseguir.
La prohibición de la reelección inmediata de alcaldes tiene un propósito evidente: evitar que quien ejerce el poder municipal prolongue inmediatamente su permanencia en el cargo mediante una nueva elección. Sin embargo, cuando un alcalde que no puede postular otra vez como alcalde se presenta como primer regidor, mientras el candidato inicialmente colocado por encima de él abandona la competencia, aparece una zona gris que golpea directamente la confianza pública.
Conviene ser precisos. Estar inscrito como candidato a regidor no convierte automáticamente a ninguno de estos alcaldes en infractor de la ley. Tampoco corresponde afirmar que exista una maniobra ilegal mientras una autoridad electoral o judicial no lo determine. Pero una cosa es la legalidad formal de una candidatura y otra muy distinta la legitimidad política de utilizar una ruta que podría terminar produciendo justamente aquello que la norma buscó evitar.
El caso de Yarowilca es especialmente ilustrativo. Allí, Edson Cabrera permanece como candidato a primer regidor mientras el postulante a alcalde continúa en carrera. Si esa organización ganara y posteriormente se produjera una ausencia o vacancia, el primer regidor ocuparía la alcaldía conforme al mecanismo de sucesión municipal descrito en la propia información electoral. No significa que eso vaya a ocurrir. Significa que la posibilidad existe. Y cuando se trata del ejercicio del poder público, las posibilidades también deben ser examinadas.
Algo parecido ocurre con las renuncias registradas en Pillco Marca, San Pablo de Pillao y Lauricocha. Puede haber razones personales, de salud o decisiones internas perfectamente legítimas. Pero cuando varias circunstancias terminan colocando a alcaldes en funciones detrás de candidatos que abandonan la competencia, la ciudadanía tiene derecho a mirar con atención y pedir explicaciones claras.
Nuestra posición es sencilla: las reglas electorales no pueden convertirse en un juego de puertas laterales. Si la ley prohíbe la reelección inmediata, su aplicación debe preservar también ese espíritu. Y si existen vacíos que permiten interpretaciones distintas, corresponde a las autoridades electorales aclararlos antes de que el voto ciudadano produzca una controversia mayor.
Huánuco necesita elecciones donde se discutan propuestas, capacidad y resultados, no estrategias para descubrir hasta dónde puede estirarse una norma. La democracia pierde cuando el elector siente que la ley dice una cosa, pero la política encuentra siempre una forma de rodearla.










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