Por Israel Tolentino
Sus ojos de artista dan vueltas por las calles hermosas y cargadas de antigüedad de la plaza del Cusco, mientras atraviesa por las viejas construcciones murmura con cierta rabia: se debe cambiar toda esta cochinada enquistada como el moho en las piedras, tanto sudor y sangre en este lugar milenario donde Manco Cápac y Mamá Ocllo comenzaron nuestra historia, donde inmortalizaron a Micaela Bastidas y Túpac Amaru II y, José María Arguedas encontró su piedra angular. Mira a todos los lados y junto con los jóvenes indignados con lo que sucede en el país movilizan la tremenda escultura que han bautizado “La descarada”.
El artista forja el arte, no es al revés, las voces se muestran, por lo tanto, diversas, múltiples, a más artistas, muchas más lecturas. El arte en el país ha contribuido desde siempre en las reivindicaciones sociales, sustentó visualmente al movimiento indigenista, la revista Amauta sin las ilustraciones de José Sabogal sería una moneda sin cara; los afiches de Jesús Ruiz Durand son la reforma agraria; la vida y obra de Víctor Humareda espejo de la Parada; en los últimos años de la dictadura fujimorista los artistas se hicieron presentes frente a palacio de gobierno con la acción “lava la bandera”, hábiles creadores transformaron su imaginería en exclamación. Eduardo Villanes fue el artista que encaró al régimen, “Evaporados” es un conjunto de obras y acciones de potente actualidad. El artista desde sus trincheras contribuye en las salidas sociales y políticas, sobre todo en un país capturado por la corrupción, hoy una jaculatoria histórica.
Gobierna el país una dictadura cívico militar (nuevas formas en que el camaleónico poder mafioso se camufla) nuestro país suma 70 asesinatos en sus calles a vista y paciencia de los más de 33 millones de ciudadanos. Hay algo que debe sensibilizarnos, saber que los creadores han salido a las calles haciendo que los medios cubran esa gesta, las provincias nunca han estado menos que Lima, sus voces han participado con la misma intensidad, recordemos lugares como Puno, Cusco, Arequipa, Ayacucho, Huacho, Sarhua, Cajamarca, Huánuco, Tacna, Huaraz, Pucallpa, Trujillo…
César Aguilar Peña (1965) es un artista que expone su obra y vida como un solo grito, más allá de la arenga y el panfleto, le conocen como “Ch’illico” y con un grupo de artistas y estudiantes de la Escuela Diego Tito Quispe edificaron en el mes jubilar (En Cusco no recuerdan la fundación hispana) “La descarada”: dos cuernos le salen de la frente, un ave, especie de gallinazo sobre su cabeza, luce un vestido amarillo, una blusa blanca que deja ver el ombligo, una reluciente banda presidencial recién hechecita, saluda con porte militar y debajo de sus botas pisoteando restos óseos, cráneos sobre la wiphala, el pueblo matado. Policías a ambos lados de la vía resguardan el desfile alegórico, muchos toman fotografías.
Los primeros detractores salieron de los condiscípulos y de la Dirección Desconcentrada de Cultura (DDC) de Cusco - me viene el recuerdo del poeta salvadoreño Roque Dalton asesinado por sus propios camaradas - usando las artimañas de amedrentamiento y difamaciones quisieron acallar la imagen y al autor. La fuerza de los artistas está viva, hace algunos años lograron paralizar la obra del hotel Marriot, construían sobre andenes, le han hecho el pare a Toledo, a la iglesia, a todos los que usan el valor histórico cusqueño solamente como mercancía y repartija. Como sucede, cuando se censura una obra hecha en la libertad de idea y opinión se hace viral, “La descarada” es hoy un tótem insignia, símbolo nacional; otra vez la voz del arte tomó el espacio público, espacio de todos y para todos, para evidenciar que los artistas y el arte no están en una torre de marfil, aunque haya alguno.
De un lugar cercano se levanta una humareda amarilla y roja, una figura femenina se desvanece como lo que es, un espejismo malévolo. El autor de la obra ve el humo sobre el azul infinito y como un rayo que ha caído espera que ese humo sea el presagio de cambio de gobierno, cambio de conciencias. Una voz amiga me dice: ¡grande Ch’illico! comparto la frase (Prusia, julio 2023).










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