Hace menos de una década, estudiar filosofía implicaba enfrentar la pregunta sobre las pocas salidas laborales. Según datos de 2023 de EuropaPress, la tasa de desempleo de los graduados en Filosofía era 20 veces superior a la de los egresados en Ingeniería Electrónica. Sin embargo, el auge de la inteligencia artificial ha revertido esta tendencia a nivel global: las empresas tecnológicas ahora buscan filósofos para definir cómo deben pensar y comportarse los modelos que interactúan con millones de personas. La demanda ha alcanzado un nivel que sus salarios compiten con los de cualquier ingeniero senior. En Perú, esta tendencia podría abrir nuevas oportunidades para los profesionales de la filosofía, tanto en empresas tecnológicas como en el ámbito académico.
De la academia a la vanguardia tecnológica
El cambio es notable en el mercado laboral académico. Según un artículo de The Atlantic, en 2013 apenas el 1% de las ofertas publicadas en PhilJobs, el portal de empleo para filósofos, mencionaban la inteligencia artificial. Para 2025, esa cifra rozaba el 16%, y muchas de esas plazas eran puestos junior, lo que indica que las empresas incorporan incluso perfiles con poca experiencia.
La razón es que la IA ya procesa datos imitando redes neuronales humanas, pero sus interacciones son con personas, por lo que sus respuestas deben alinearse con valores éticos y morales. Los filósofos han estudiado precisamente eso durante siglos.
Casos emblemáticos: Anthropic, DeepMind y OpenAI
Anthropic es quizá el ejemplo más claro. Su filósofa Amanda Askell lidera el equipo que da forma al carácter del modelo Claude. En enero de 2026, la compañía publicó la 'constitución de Claude', un documento de más de veinte mil palabras que fija los valores del sistema y se usa directamente en su entrenamiento. Askell explicó a Time que aborda su trabajo como si tratara con un niño de altas capacidades:
“Hay que ser honesto, porque un niño listo detecta enseguida cuándo alguien le está mintiendo”.
Google DeepMind dio un paso similar en abril de 2026, según el diario universitario Varsity. La compañía incorporó a Henry Shevlin, filósofo de la mente de la Universidad de Cambridge, para un puesto bautizado literalmente como 'Philosopher'. Su labor incluye el análisis de la conciencia artificial, las relaciones entre humanos e IA y la preparación para la AGI (inteligencia artificial general).
OpenAI también ha seguido este camino, aunque con menos transparencia. Su director ejecutivo, Sam Altman, afirmó que las respuestas actuales de ChatGPT son el resultado de una consulta a 'cientos de expertos', especificando que se trataba de filósofos que han reflexionado sobre la ética de la tecnología.
El lado crítico: ¿moda pasajera o necesidad real?
No todo son buenas noticias. Daniel Fogal, profesor de bioética en la Universidad de Nueva York, advirtió a The Atlantic que este boom tiene un efecto distorsionador sobre la disciplina. Según Fogal, hay filósofos que en el fondo no quieren dedicarse a la IA, pero sienten que no les queda otra para ingresar al mercado laboral. El riesgo, avisa, es que se publique mucho trabajo mediocre solo por encajar en una moda pasajera. 'La buena filosofía necesita tiempo', resume Fogal, y rara vez surge como respuesta directa al mercado. Las empresas de IA, en cambio, lanzan modelos nuevos cada pocos meses.
Mientras tanto, la Asociación Filosófica Americana (APA) entrega desde 2024 dos premios anuales de 10.000 dólares para investigaciones filosóficas sobre IA, una señal de que la disciplina busca adaptarse a esta nueva demanda sin perder su esencia.
¿Qué significa para Perú?
En Perú, la tendencia global podría traducirse en una mayor demanda de filósofos en el sector tecnológico, especialmente en empresas que desarrollan o implementan soluciones de IA. Universidades peruanas podrían también ajustar sus currículos para incluir formación en ética de la IA, preparando a los futuros profesionales para este nuevo mercado laboral. Sin embargo, aún no hay datos concretos sobre la contratación de filósofos en empresas peruanas, por lo que el impacto local está por verse.










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