Venezuela vivió una jornada de pánico y destrucción luego de que dos fuertes terremotos sacudieran el norte del país el miércoles 24 de junio, dejando a miles de familias en alerta, viviendas dañadas, edificios colapsados y escenas de desesperación en las calles de Caracas y La Guaira.
De acuerdo con reportes internacionales, los movimientos telúricos alcanzaron magnitudes superiores a 7 y se registraron con pocos segundos de diferencia, lo que provocó una emergencia de gran escala en varias zonas urbanas. En Caracas, vecinos de sectores como Caricuao, Los Ilustres, El Marqués, Los Palos Grandes, El Hatillo y Chacao salieron apresuradamente de sus viviendas al sentir que pisos, paredes y ventanas se movían con violencia.
Los testimonios recogidos por medios internacionales describen momentos de terror. Algunos residentes afirmaron que nunca habían vivido una experiencia similar, mientras otros relataron que tuvieron que evacuar edificios entre gritos, cortes de energía y temor a nuevas réplicas. En varios puntos, familiares pedían ayuda para ubicar a personas desaparecidas, asistir a adultos mayores y encontrar espacios seguros para pasar la noche.
La situación más crítica se reportó en La Guaira, donde el colapso de edificaciones y los daños en infraestructura complicaron las labores de rescate. Equipos de emergencia, voluntarios y vecinos trabajaban entre los escombros para intentar localizar sobrevivientes, mientras las autoridades evaluaban la magnitud de los daños y coordinaban la atención a los damnificados.
El desastre mantiene en zozobra a la población venezolana, especialmente por el riesgo de nuevas réplicas y por la fragilidad de muchas estructuras. Las autoridades pidieron evitar inmuebles afectados y mantenerse atentos a los comunicados oficiales, mientras continúa la búsqueda de personas atrapadas y la asistencia humanitaria en las zonas más golpeadas.







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