Hay obras que tardan porque son complejas. Hay proyectos que se frenan por trámites, expedientes, competencias cruzadas o decisiones que dependen de más de una institución. Todo eso puede ocurrir. Lo que no puede normalizarse es que pasen tres años y medio, exista un terreno donado para un nuevo hospital de EsSalud y Huánuco siga mirando un espacio donde debería comenzar a levantarse una solución largamente esperada.
El caso del hospital de Santa María del Valle duele porque resume algo más grande: la distancia entre el discurso y el resultado. Mientras unos responsabilizan al Gobierno Regional y desde la gestión regional aseguran haber cumplido con lo que les correspondía, el expediente técnico del hospital todavía no existe. Esa es la realidad que importa al asegurado que espera atención, a la familia que hace colas y a quien necesita servicios de salud oportunos. El ciudadano no vive de deslindes. Vive —o padece— las consecuencias de lo que las autoridades hacen o dejan de hacer.
Desde Diario Ahora creemos que una gestión regional debe medirse por su capacidad para transformar la región, no por la cantidad de ceremonias, ferias, fiestas, anuncios o pequeñas intervenciones que pueda exhibir. Asfaltar calles puede ser necesario, pero un gobierno regional no puede reducir su horizonte al papel de una municipalidad. Tiene otra escala, otro presupuesto y, sobre todo, otra responsabilidad histórica.
Por eso resulta inevitable preguntarse qué prioridades gobernaron estos años. Huánuco necesita hospitales, grandes vías, infraestructura estratégica y proyectos capaces de cambiar las condiciones de vida de miles de personas. Cuando ese tipo de obras recién aparece con mayor fuerza en el tramo final de una administración, la sensación que queda no es de planificación, sino de apuro. Y el apuro, en inversión pública, suele ser un pésimo consejero.
No se trata de negar lo ejecutado ni de afirmar que todo estuvo mal. Se trata de algo más elemental: mirar el resultado. Si un proyecto hospitalario que comenzó con la donación de un terreno sigue sin expediente técnico tres años y medio después, alguien falló en la cadena. Quizá fueron varias instituciones. Quizá hubo responsabilidades compartidas. Pero el fracaso del Estado, cuando ocurre, no se vuelve menos grave porque sus oficinas consigan repartirse la culpa.
También preocupa que, a pocos meses del cierre de la gestión, aparezcan proyectos de cientos de millones de soles que exigen enorme rigor técnico. Huánuco no necesita obras empujadas a la carrera para engrosar una lista de anuncios. Necesita proyectos bien diseñados, financiados, transparentes y capaces de continuar más allá de una autoridad determinada.
El cariño por una región no se demuestra repitiendo que se la ama. Se demuestra dejando hospitales encaminados, infraestructura útil, expedientes serios y problemas menos graves que los encontrados al asumir el cargo. Las palabras pueden emocionar durante una campaña o una ceremonia. Los resultados son los que permanecen.
Huánuco ya ha escuchado suficientes promesas. Lo que corresponde ahora es mirar qué quedó realmente en pie cuando se apaguen los discursos.










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