La reciente interrupción del servicio de agua potable en **Huánuco**, ocurrida hace dos semanas, dejó al descubierto un problema que va más allá de la contingencia. Para **Miguel Berrospi**, **presidente de la Cámara de Comercio e Industrias de Huánuco**, el episodio reveló las limitaciones de una infraestructura antigua con la que **Seda Huánuco** sigue operando y volvió a poner bajo cuestionamiento la falta de planificación para enfrentar una demanda urbana cada vez más exigente. **Berrospi** señaló que la crisis no puede entenderse solo como un corte temporal del servicio. Según indicó en entrevista, la falla mostró debilidades acumuladas en distintos puntos del sistema, desde la captación y conducción del recurso hasta su conexión con la planta de tratamiento. A su juicio, la ciudad arrastra un problema estructural que responde a instalaciones de varias décadas de antigüedad y a decisiones postergadas durante años. El dirigente empresarial sostuvo que una de las principales alertas está en la edad de la red con la que opera la empresa prestadora. Según manifestó, **Huánuco** continúa dependiendo de una infraestructura que ya evidencia desgaste y que hoy resulta insuficiente para garantizar continuidad y capacidad de respuesta ante eventuales fallas. En esa línea, advirtió que el reciente desabastecimiento no hizo más que confirmar una fragilidad que ya era visible para buena parte de la ciudad. El costo de una falla repetida Además del problema técnico, **Berrospi** remarcó el impacto económico que dejó la falta de agua. Aunque reconoció que no maneja cifras exactas de pérdidas, afirmó que el perjuicio fue “**enorme**” para negocios, comercios y trabajadores, en especial durante los **tres y hasta cuatro días** en los que varias actividades quedaron alteradas por el desabastecimiento. Según precisó, hubo retrasos en la jornada laboral y afectación directa en el funcionamiento cotidiano de empresas y servicios. Para el **presidente de la Cámara**, el episodio también obliga a revisar cómo una falla en un servicio básico termina golpeando a la economía local. De acuerdo con su versión, no se trata solo de un problema doméstico, sino de una alteración que repercute en productividad, atención al público y dinámica comercial. Por eso, consideró que el debate sobre **Seda Huánuco** no debería agotarse en la emergencia, sino incorporar el costo que estas interrupciones tienen sobre la ciudad. **Berrospi** planteó además la necesidad de instalar una **mesa de trabajo** para identificar con precisión dónde se encuentra el punto débil del sistema y reconstruir la trazabilidad de los errores. Según explicó, el problema exige una programación de corto, mediano y largo plazo que permita dejar atrás la lógica reactiva con la que, a su juicio, se ha venido respondiendo a estas fallas. En ese marco, la discusión ya no gira solo en torno al último corte de agua, sino a la capacidad real de **Huánuco** para sostener su crecimiento con una red envejecida y sin una hoja de ruta clara. La pregunta de fondo, a partir de lo ocurrido, es si esta nueva alerta abrirá una **revisión técnica e institucional más seria** o si la ciudad volverá a esperar la próxima interrupción para debatir el mismo problema.