En estos momentos, la difusión y desarrollo del metaverso están viviendo un auge exponencial derivado de las altas expectativas generadas a raíz de una serie de anuncios muy sonados y del avance de tecnologías que hasta hace no mucho eran de índole promisorio. Sin embargo, cuenta con unos orígenes bien definidos determinados tanto por acontecimientos culturales como técnicos.
La teoría de los multiversos originada en la física teórica y la cosmología adquiere un notable impacto en la configuración actual de los metaversos, esto es, en los espacios virtuales donde las personas que participen pueden desarrollar un conjunto de actividades recreativas y laborales que, sin duda irán desplegando mundos alternativos limitados únicamente por la capacidad creativa de sus artífices y los recursos tecnológicos a su disposición, de modo que, los nuevos universos que determinaran para bien o para mal el futuro próximo de la humanidad serán experimentados como realidades intersubjetivas paralelas, capaces de desdibujar nuestra noción tradicional de realidad.
El metaverso describe una visión de un mundo virtual 3D conectado, donde los mundos real y digital se integran utilizando tecnologías como la realidad virtual (VR) y la realidad aumentada (AR). A este universo virtual se podrá acceder a través de dispositivos como gafas de realidad virtual o realidad aumentada y aplicaciones para teléfonos inteligentes.
Desde la aparición de la pandemia de COVID-19 la virtualidad mediante las Tics obtiene un carácter inusitado en el mundo de hoy demostrando que, actividades como la educación, la administración de justicia, el ejercicio de la democracia y las finanzas, entre otras, pueden funcionar bien con un mínimo de contacto persona a persona. En este orden de ideas, no es descabellado suponer entonces que, en la próxima década, o quizá antes, los metaversos serán los principales espacios simbólicos para el desarrollo de las principales actividades, políticas, económicas y socioculturales de buena parte de la humanidad y que, por lo tanto, estos serán objeto de disputas de poder entre actores hegemónicos locales, nacionales y mundiales.
Además, todo indica que el metaverso como fase superior del multiverso, surge estrechamente vinculado a otros fenómenos que, como las finanzas descentralizadas, la tecnología Blockchain, lananorrobótica, la inteligencia artificial, la ingeniería genética y el transhumanismo, pueden cambiar sustancialmente la esencia distintiva de las sociedades modernas al diluir las fronteras materiales y simbólicas entre la tecnología y la persona humana, la realidad social y la realidad virtual, la racionalidad antrópica y la inteligencia artificial con un desenlace incierto que puede conducir a la superación ilimitada de las capacidades humanas en todos los ámbitos imaginables o, incluso a la superación de la persona humana por una entidad post-humana muy diferente que dará al traste con la especie homo sapiens.
De cualquier manera, la configuración paulatina de más y mejores metaversos traerá consigo amplias consecuencia políticas, jurídicas y sociales que muy rápidamente pondrán a prueba el ingenio de los juristas, estudiosos del derecho y científicos sociales en general, para desarrollar investigaciones no convencionales que sirvan de orientación a los hacedores profesionales de políticas, arquitectos de cuerpos normativos y comunidad en general, sobre la mejor forma de gestionar y conducir los cambios de se avecinan, gusten o no.
Un fenómeno que puede traer los metaversos es la aparición de auténticos países virtuales de-pendientes de corporaciones y grandes plataformas digitales. La forma en que se construya y gobierne el metaverso determinará los resultados sociales en el futuro cercano y de las generaciones venideras. Si se entiende que un país soberano es un lugar con una población permanente, con unas fronteras delimitadas, un gobierno y la capacidad de establecer lazos con otros estados soberanos, la interpretación es sencilla. Teniendo en cuenta estas cuestiones, los diversos metaversos disponen de sus propias condiciones de uso (leyes) y pretenden financiarse con criptomonedas, en algunos casos, propias, como el maná de Decentraland o libra-deim de Facebook Horizon, ahora rebautizado como Horizon Worlds (Meta).
Los usuarios pasarán a ser masivos, adquiriendo la condición de ciudadanos, como ya los catalogan en algunos espacios. El derecho a la propiedad está garantizado gracias a los non ungible tokens (NFT) y las relaciones interpersonales complejas como el matrimonio comienzan a ser factibles. La analogía frontera estaría materializada en las diversas ventanas de acceso (cascos de realidad virtual y pantallas secundarias) con sus correspondientes sistemas de login. Por último, la capacidad de relacionar-se con otros países soberanos se establecería mediante la interoperatividad con otros espacios, como ocurre hoy con las redes sociales y las diversas conexiones de las corporaciones con los estados tradicionales. A esta postura se le puede sumar cuestiones análogas a un país como las infraestructuras, que se pueden identificar con estructuras físicas tales como los servidores o las redes, o virtuales como los espacios de socialización o aprendizaje. Por último, se señala la defensa soberana, que en los ambientes sintéticos de esta índole vendrían a ser sistemas como los cortafuegos y el correspondiente ejército de seguridad cibernética, cada vez más requeridos en la era de la guerra híbrida.










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