La celebración de la shacta huanuqueña llegó este año acompañada de una advertencia sobre quienes mantienen viva su producción. Ricardo López Díaz, representante de Hacienda Cachigaga, afirmó que Huánuco pasó de tener 48 productores de esta bebida tradicional a solo nueve que continuarían actualmente en actividad.
“Se están extinguiendo nuestros productores”, sostuvo durante el lanzamiento de la cuarta edición del festival dedicado a la shacta, realizado en el Museo Regional Leoncio Prado.
Según López, incluso de los nueve productores que aún permanecerían activos, apenas cuatro o cinco participaron en la actividad.
“Esto no debe morir nunca”, expresó al pedir apoyo de las autoridades para quienes todavía continúan elaborando el aguardiente tradicional.
La reducción de 48 a nueve corresponde a la información proporcionada por López y no a un padrón oficial presentado durante la ceremonia. Su declaración, sin embargo, coloca sobre la mesa un problema mayor al propio festival: cómo preservar una actividad cuyo sistema de producción es Patrimonio Cultural de la Nación si cada vez quedan menos productores, según advierte uno de sus representantes.
La producción de shacta es Patrimonio Cultural de la Nación
El Ministerio de Cultura declaró el 6 de julio de 2016 al sistema de producción de la shacta, aguardiente de caña de azúcar de Huánuco, como Patrimonio Cultural de la Nación.
La Resolución Viceministerial N.° 079-2016-VMPCIC-MC reconoce expresamente los conocimientos, saberes, técnicas y prácticas tradicionales vinculados con su elaboración y destaca el valor social y simbólico que tiene esta bebida para los huanuqueños.
La celebración regional incluso antecede a esa declaratoria nacional. La Ordenanza Regional N.° 033-2015-CR-GRH estableció el segundo sábado de septiembre de cada año como Día del Aguardiente de Caña de Azúcar de Huánuco.
La advertencia planteada ahora por López introduce así una contradicción: la shacta ha ganado reconocimiento legal, cultural y turístico, pero uno de sus productores sostiene que quienes conservan el sistema tradicional de elaboración son cada vez menos.
Piden apoyo para que productores puedan mantenerse
López afirmó que algunos de los productores ya no tendrían capacidad económica para continuar y pidió que el Estado los considere dentro de mecanismos de apoyo destinados a actividades productivas.
“Hay muchos productores que ya no tienen la capacidad de seguir en pie”, manifestó.
El gobernador regional Antonio Pulgar recogió públicamente el pedido.
“Si son nueve, hay que repotenciar los nueve”, señaló y pidió que el área correspondiente evalúe alternativas para apoyar a los productores, mencionando específicamente el mecanismo de Procompite.
El anuncio no representa todavía un financiamiento aprobado ni garantiza que los productores de shacta vayan a recibir recursos. Por ahora, se trata de un planteamiento del gobernador para evaluar su posible incorporación a mecanismos de apoyo productivo.
La preocupación del sector viene de años atrás
El pedido de López tampoco aparece por primera vez.
En agosto de 2020 fue presentado ante la Comisión de Comercio Exterior y Turismo del Congreso como representante de la Asociación de Productores de Shacta. En aquella intervención expuso las dificultades económicas que enfrentaba el sector durante la pandemia y advirtió que los productores habían sufrido fuertes pérdidas.
Seis años después, el problema que plantea es de continuidad.
El lanzamiento de la cuarta edición del festival reunió a representantes de diferentes fundos y anunció actividades culturales, gastronómicas, artísticas y turísticas, incluido un concurso de coctelería con shacta dirigido a estudiantes y bartenders.
Sin embargo, la principal alerta surgida durante la presentación no estuvo en el programa del festival, sino en la cantidad de productores que seguirían elaborando la bebida.
El reto ya no es solo promocionar la shacta
La declaratoria patrimonial protege y reconoce un sistema de producción, no únicamente una bebida terminada. Esto incluye precisamente los conocimientos, técnicas y prácticas transmitidas alrededor de su elaboración.
Por eso, la advertencia de López plantea un problema de fondo: si disminuyen los productores capaces de mantener esos procedimientos, la preservación de la shacta depende también de que esas prácticas continúen siendo económicamente sostenibles.
La cifra exacta de productores necesita todavía ser contrastada con un padrón actualizado del sector. Pero el llamado realizado durante el lanzamiento fue inequívoco: los productores que permanecen piden apoyo para que el reconocimiento cultural de la shacta vaya acompañado de medidas que permitan mantener viva su producción tradicional.










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