Cada familia de Marabamba, en la provincia de Huánuco, recibe cuatro baldes de agua a la semana, solo para cocinar. Los reparte los jueves una cisterna de la Municipalidad Provincial de Huánuco. El reservorio del centro poblado está cerrado porque el agua del canal llega con barro, dijo Candy Rucoba Moreno, que coordina el reparto.
«Nosotros damos, dotamos cuatro baldes por familia para lo que es el tema de la cocción de sus alimentos», dijo Rucoba. Para no gastar mucho el agua, contó, la cocina se recortó: «Ya no haremos sopa, no haremos chicha, este, puro segundo nada más».
Según su recuento, en Marabamba hay más de mil viviendas. Con cuatro o cinco personas por casa, Rucoba calcula que son más de 5000 vecinos. El centro poblado no tiene línea de conducción de Seda Huánuco: su agua viene solo del canal.
Dos viajes cada jueves
La cisterna hace dos viajes a Marabamba los jueves para casi toda la población. La regla es de cuatro baldes por vivienda, pero no siempre se cumple. En casa de Rucoba viven cuatro personas y reciben dos. «Lo utilizamos nada más para cocinar», dijo.
También hay vecinos que se llevan seis, ocho o diez baldes con el argumento de que en su casa viven dos o tres familias, contó. La población creció y el agua no alcanza, por eso el reparto se raciona por baldes. «A veces la gente no entiende», dijo.
Con esa cantidad no hay agua para otra cosa en la semana. «No hacemos nada. O sea, por eso nos racionamos», dijo Rucoba.
El barro baja de la sierra
En Marabamba no llueve, pero en la sierra sí. Rucoba nombró a Chaulán, Yarumayo y Margos: el agua de esas lluvias baja turbia por el canal. «El agua que viene del canal, pues está totalmente barro», dijo.
Con esa turbidez el agua no se puede clorar, explicó, y la pequeña planta de tratamiento del centro poblado no abastece a todos. El agua se clora solo cuando llega limpia; con barro, «va a ser lo mismo que nada», dijo. Tampoco llueve como para guardar agua para lavar y asearse.
Por eso el reservorio sigue cerrado. Una parte de los vecinos pide abrirlo para usar el agua en los servicios higiénicos. Algunos lo abrieron por su cuenta, el agua llegó a algunos caños y lo volvieron a cerrar, dijo Rucoba. Ella lo relacionó con la campaña por las elecciones en los centros poblados.
Cinco viajes en Pichipampa
Rucoba se reunió con un ingeniero de la municipalidad provincial para pedir agua para los sectores que no tenían dotación. Esa tarde, entre las 4:00 y las 5:00 p. m., una cisterna subió a Pichipampa. Lo que faltó repartir en Libertadores y Marabamba Alta se completa con un viaje que sale a las 5:30 a. m., dijo.
La dotación se amplió así a Pichipampa Grande y al sector de Terrazas con Pillcomozo, donde la cisterna llenó los reservorios de la zona. Con eso, dijo Rucoba, alcanzará para dos o tres baldes por familia.
Otro día, la cisterna hace dos viajes a Pichipampa, Casuarinas, Chancadora y Sol y Luna. Con los nuevos sectores son cerca de cinco viajes. Según le dijo un ingeniero de la municipalidad, eso excede lo programado, porque la cisterna también abastece Aparicio Pomares, Las Moras y la parte alta de Colpa.
La Sunass llamó a la municipalidad
Un vecino difundió el problema en redes sociales, algo que Rucoba atribuyó a fines políticos. Después, la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass) llamó a la municipalidad y a ella; Rucoba cree que a la municipalidad le hicieron alguna observación. Esa presión, dijo, quizá ayudó a que se enviara una cisterna más a Pichipampa.
Rucoba dijo que, aun así, «la municipalidad de una u otra manera nos está apoyando». Pide a las nuevas autoridades que mejoren el reservorio y construyan en Marabamba una planta de tratamiento, «una mini PTAP como la de SEDA Huánuco». Mientras siga lloviendo en la sierra, dijo, el agua del canal seguirá llegando sucia.










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