Más de 400 variedades de papa andina podrían perderse si no reciben la atención y el valor que requieren, advirtió el Ing. Luis Felipe Artica Arroyo, director del IDMA Huánuco. Esta alerta pone en primer plano una preocupación que afecta a los distritos altoandinos: la riqueza agrícola que hoy se exhibe como orgullo regional depende de agricultores que aún conservan semillas, saberes y prácticas heredadas, pero que enfrentan caminos deficientes, falta de mercado, migración de jóvenes y escaso respaldo productivo.
La advertencia del IDMA se da en el contexto del Mururaymi 2026, la fiesta de las semillas que este año llegará a su edición número 25 en Quichqui. Durante el lanzamiento, el alcalde Eder Feliciano Falcón sostuvo que Huánuco cuenta con más de 500 variedades de papa y una amplia producción de tubérculos, cereales, hortalizas y frutas. Ese dato muestra la dimensión de la riqueza regional, pero también el tamaño del riesgo señalado por Artica.
La pérdida de una variedad no ocurre de un día para otro. Se produce cuando una semilla deja de sembrarse, cuando una familia abandona el cultivo, cuando los hijos migran a la ciudad o cuando el productor no encuentra condiciones para vender lo que conserva. Falcón reconoció que muchos pobladores se han ido del campo y que, al fallecer los conservacionistas, sus hijos ya no siempre continúan con la práctica agrícola.
Una amenaza agrícola y cultural
La alerta no compromete solo a la producción, sino que también pone en riesgo conocimientos acumulados por generaciones: cómo seleccionar una semilla, en qué suelo sembrarla, qué variedad resiste mejor, cuál sirve para cada preparación y cómo se intercambia entre agricultores. En los discursos del lanzamiento, las autoridades insistieron en que la semilla no es solo un producto, sino memoria viva del territorio.
El alcalde de Yacus, Moisés Contreras, sostuvo que los productores campesinos son guardianes de la alimentación y que la seguridad alimentaria no se construye desde una oficina, sino en la tierra. También advirtió sobre la pérdida acelerada de variedades nativas, la dependencia de semillas industriales y los cambios en los ciclos agrícolas vinculados al clima, siempre como parte de su reflexión pública ante los agricultores.
Ese diagnóstico coincide con el llamado del IDMA. Si las semillas nativas pierden valor comercial, cultural y alimentario, los agricultores quedan sin incentivos para sostenerlas. La feria puede exhibir decenas de colores, formas y nombres, pero la conservación real ocurre después, en cada campaña agrícola, cuando el productor decide qué sembrar y qué dejar de sembrar.
Mercado, caminos y relevo generacional
Falcón señaló que el mercado exige volúmenes grandes, pero que los productores no siempre cuentan con herramientas, tecnología, carreteras adecuadas ni mano de obra suficiente para responder a esa demanda. También indicó que la municipalidad trabaja en mantenimiento y apertura de vías, además de apoyo a la producción orgánica, aunque reconoció que falta mucho por hacer.
El Mururaymi aparece, en ese contexto, como una oportunidad y no como solución final. Contreras planteó que la fiesta de semillas debe convertirse en una estrategia territorial articulada con mercados locales, turismo vivencial y educación. Según dijo, los niños y jóvenes deben aprender a valorar las semillas de su tierra no como reliquia del pasado, sino como patrimonio estratégico.
La advertencia de Luis Felipe Artica Arroyo deja una tarea concreta para autoridades, productores y consumidores: pasar del orgullo ceremonial a una política sostenida de conservación. Si Huánuco no protege a quienes siembran, seleccionan e intercambian semillas, la región podría terminar mostrando en sus ferias variedades que ya no se cultivan en sus comunidades.








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