El viento de la tarde suele correr con prisa por el Jirón Crespo y Castillo, pero el pasado miércoles 20 de mayo de 2026, una quietud reverencial se apoderó de Huánuco. A los 81 años, se despidió de este mundo don Floresmiro Julio Trujillo Pazos. Con su partida, no solo se apaga la rotativa física de un pionero; se cierra un capítulo fundamental de las letras, la docencia y el periodismo regional. Detrás del personaje público, del exdecano del Colegio de Periodistas y del fundador del diario más influyente de la región centro-oriental del país, existió un ser humano complejo, vibrante y audaz, cuya vida se rigió por una máxima innegociable: el desarrollo de su tierra a través de la verdad y la educación.
El carácter de un visionario: Entre la picardía y la firmeza
Quienes trabajaron con don Julio saben que su personalidad no conocía de posturas falsas. Era un hombre espontáneo, de reacciones rápidas y, a veces, impulsivo, guiado siempre por la pasión de su oficio. Esa misma naturalidad le daba una amabilidad única y un ingenio muy huanuqueño. Sabía exactamente cuándo su redacción necesitaba un chiste oportuno o una salida pícara para calmar las tensiones en los momentos de mayor presión antes de cerrar la edición.
Sin embargo, detrás de esa sonrisa y ese trato cercano, había un director de carácter fuerte. Don Julio no temía fijar posturas claras ni defender la verdad, sin importar si sus opiniones resultaban incómodas para algunos. No buscaba complacer a todos; buscaba el progreso de su tierra, y esa firmeza fue la que definió su estilo periodístico: un hombre respetado por su valentía y recordado por su autenticidad.
Esa misma firmeza lo convirtió en un periodista de armas tomar. Su pluma y su línea editorial, orientadas siempre a la fiscalización y al progreso regional, lo llevaron a ser querido por un pueblo que encontró en él una voz, pero también cuestionado y odiado por aquellos sectores cuyos intereses colisionaban con la verdad y el desarrollo que él tanto exigía. Don Julio no buscaba la complacencia general; buscaba el impacto y la justicia social.
Pachitea y Huánuco en la mirada prospectiva de un emprendedor
Su visión de futuro comenzó mucho antes de las tintas. Graduado en Educación, Filosofía y Ciencias Sociales por la Universidad Nacional Hermilio Valdizán en 1972, entendió que un pueblo sin educación estaba condenado al estancamiento. Ejerció el magisterio en San Rafael, en el Colegio Nacional Industrial Hermilio Valdizán, en la GUE Leoncio Prado y en su natal Panao. Con el tiempo, trasladó esa vocación educadora a los medios masivos: el periodismo radial, televisivo y escrito.
Como auténtico emprendedor, fundó el diario Ahora con una meta clara: romper el aislamiento informativo y generar un espacio de análisis que obligara a las autoridades a mirar un paso adelante. Don Julio solía decir con orgullo y fina ironía: "Con mucha sinceridad y sin ánimos de ofender a nadie, le enseñamos a leer a mucha gente de Huánuco". No se refería a la alfabetización básica, sino a la formación cívica y crítica de una ciudadanía que aprendió a exigir sus derechos a través de sus páginas. Su amor por Pachitea quedó inmortalizado no solo en su exigencia de infraestructura y desarrollo, sino en obras esenciales como Pachitea. Visión Cultural y Pachitea, usos y costumbres, rescatando la identidad para las futuras generaciones.
El semillero del periodismo regional
La redacción de don Julio fue la gran escuela práctica de la región. Ahora se transformó en el semillero indiscutible de casi todos los periodistas de renombre que hoy ejercen en la zona, incluyendo a valiosos cuadros que hoy integran diversos medios de comunicación locales y nacionales.
Él no era un director de escritorio; era el guía que ofrecía el consejo preciso a tiempo, el estratega que enseñaba a evaluar el impacto de cada titular y el maestro que demostró que la prensa regional se sostiene sobre dos pilares: decencia y valentía. Su pasión por el deporte, grabada en las transmisiones radiales del León de Huánuco de 1972 y en su posterior libro histórico sobre el club, reflejaba su propia filosofía de vida: garra, entrega desinteresada y amor absoluto por la camiseta local.
El refugio del Jirón Crespo y Castillo y el relevo del legado
Fuera de las salas de redacción, del ruido político y de los debates gremiales que lideró como Decano del Colegio de Periodistas, Filial Huánuco, (1990-1991), el verdadero motor de don Julio estaba en su hogar. Al lado de su amada esposa, la señora Lenni Olivo de Trujillo, edificó un matrimonio ejemplar basado en el respeto mutuo. Juntos criaron a sus tres hijos: Julio Roberto, Juan Carlos y Jimmy Augusto.
Hoy, ese legado de planificación y búsqueda de la excelencia no se detiene. Su hijo Jimmy Trujillo ha asumido el reto de liderar la transición integral del diario hacia un formato digital y gratuito. Esta evolución tecnológica no es solo una adaptación empresarial; es la continuidad de la visión prospectiva de don Julio. La voz del maestro ya no depende del papel: ahora cruza fronteras en tiempo real, conectando a los huanuqueños en el mundo y manteniendo vivo el debate crítico que él sembró.
La página que nunca se borra
Huánuco despide al maestro, al periodista radial y escrito, al polemista indomable y al ciudadano ejemplar. Queda el vacío de su presencia física, pero permanece el impacto de sus obras.










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