Que Huánuco haya cerrado 2025 con una tasa de analfabetismo de 14,5 % entre la población de 15 años a más no puede quedar como una cifra más en un informe. Significa que casi uno de cada siete huanuqueños dentro de ese grupo de edad no sabe leer ni escribir. El promedio nacional fue de 4,6 %: la tasa regional supera en más de tres veces esa referencia. El informe que contiene estos indicadores fue publicado por el INEI el 19 de agosto de 2026.
El problema tampoco apareció ayer. Huánuco registraba 12,7 % en 2015 y alcanzó 14,5 % en 2025. Incluso después de haber descendido a 12,1 % en 2024, el indicador volvió a subir 2,4 puntos porcentuales en un año. El propio análisis de CEPLAN sobre datos del INEI ya colocaba a Huánuco entre los departamentos con mayor analfabetismo en 2024.
Hay una dimensión todavía más dura: cuando la medición incorpora la comprobación mediante cartilla de lectura, la tasa regional llega a 16,3 %. Entre las mujeres alcanza 23,3 %, frente a 9,6 % entre los hombres. Detrás de esos porcentajes hay personas adultas que enfrentan mayores barreras para desenvolverse con autonomía en una sociedad donde leer y escribir atraviesa trámites, trabajo, información y ejercicio de derechos.
Por eso, reducir la discusión a que “no hay presupuesto” deja preguntas esenciales sin contestar. Según la entrevista proporcionada a Diario Ahora, el director regional de Educación, Kelvin Álvarez Matos —quien continúa figurando oficialmente como máxima autoridad de la DRE Huánuco— reconoció que actualmente no existe un programa regional de alfabetización y dijo no tener conocimiento de que alguno se haya ejecutado durante la presente gestión.
El asunto no depende únicamente del Ministerio de Educación. La Ley Orgánica de Gobiernos Regionales establece expresamente que corresponde a los gobiernos regionales ejecutar y evaluar, junto con los gobiernos locales, los programas de alfabetización dentro de las políticas nacionales. La legislación municipal asigna igualmente a los municipios funciones de promoción, coordinación, ejecución y evaluación de estas intervenciones, considerando las características socioculturales y lingüísticas de cada localidad.
Ese punto es importante. Huánuco tiene realidades territoriales, sociales, culturales y lingüísticas diversas, pero esas particularidades forman parte del desafío que la política pública debe atender; la propia legislación dispone que sean consideradas. No bastan, por sí mismas, para explicar qué acciones se planificaron, qué presupuesto se solicitó, qué distritos fueron priorizados, cuántas personas fueron atendidas o qué resultados se obtuvieron.
A pocos meses del término de la actual administración regional, esas son las respuestas que faltan. Más que trasladar el problema a la siguiente gestión, corresponde dejar información verificable sobre lo realizado y lo pendiente: presupuesto, cobertura, metas, coordinación con municipalidades y resultados.
El 14,5 % no debería convertirse en otro número que aparezca una vez al año y luego desaparezca de la agenda. La discusión relevante es mucho más concreta: qué se hizo durante estos años para reducirlo, qué resultado produjo y qué quedó sin hacer. Ahí comienza la rendición de cuentas que este problema exige.










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