Andres Jara Maylle Por fin después de mucho pensar don Martín el congrezoo decidió cerrar. Fue una tarde muy funesta y peculiar para todos los brutos de fuerza
Ahora Cultura•7 de octubre de 2019•3 min de lectura•592 palabras•16 lecturas
Andres Jara Maylle
Por fin después de mucho pensardon Martín el congrezoo decidió cerrar.Fue una tarde muy funesta y peculiarpara todos los brutos de fuerza popular.Petulantes hasta la última cejacon su uniforme anaranjado en ristrehicieron en sus curules harta bulla y quejasabiendo que por más que pongan la cara tristeya no gozarán más de sus muchas golleríasy de sus tantas otras pillerías.Desde su antiguo escaño se le vio a la bartralevantando su voz con tono indecentegritando sandeces como un mantray poniendo su falsa cara de niña inocente.Pobre becerril, mudo te quedastecuando del solar de quien mal pensastecuestión de confianza propusoante todo ese corral confusoen que se había convertidoel legislativo: nido de alimañas pervertido.Y nuestra consagrada betetala de la dulce escritura y alto pensamientoya no encontrará otra tretapara justificar sin remordimientoel goce impune de la gratis y sabrosa teta.Ni qué decir del innoble galarretaque quiso meter con las justas una agujapara luego, junto a la foronda, otra granuja,sacar como premio inmerecido una gran barreta.¡Te quedaste, como yesenia, con la abierta jeta!¿Alguién se acordará de una tal foronda,chacón o alcorta, con pena honda?Quién podrá extrañar a la vilcatoma,al inefable tubino, o a la esthercita bravucona.Adiós salaverry, hasta nunca indira:ojalá solo se elijan de mentira.La que harta pena da, es sin duda chihuánquien salió con su fama de deslealsin en los bolsillos un real.Con pasos tristes cerró el antiguo zaguánperdiéndose entre el gentío como una truhán.¡Pobre chihuán!Ahora, mamani, que inmunidad no tienescuenta ante el señor fiscal lo que debes:quién te puso el reloj con que grabastea kuszynski y sus ministros en desgaste.No olvides que un fuerte enrejado te esperasi te empecinas en mentir como vulgar ramera.Aquella tarde, sí, aquella tarde,cuando el establo hizo su último alardeal escuchar al presidente disolvente,todos vimos lo que hizo un mulder decadente:ladrar y ladrar como un can cobardejunto a otro congresista cuya mente arde:ese que se hace llamar del castilloquien hablaba y hablaba muy triste y sin brillo.Dicen que ellos son de la vieja guardia apristasaunque actuaron como simples arribistasQué papelón el tuyo, mechita,primero tan escondida y calladita.Presidente sin la presidencial bandaaplaudida, eso sí, por una verdadera tanda,de esa cuadrilla obscena y forajidaque creyó que tú serías la elegida.Dicen que lloraste como una magdalenacon nada de gloria y sí con mucha pena,cuando te enteraste que no serías presidentede ochenta cacasenos al día siguiente.Tú, solo tú tienes la culpa de tu cruel destinopor no actuar con el debido tino,por hacer caso a keiko y a olaecheapor obedecer, ciega, a esa gente tan fea.Qué día aquel, peruano afortunado,cuando pensaste que todo estaba acabadoentró empujando la puerta el ministro primeropara discursear sin tono lastimero,y plantear, desafiante, la cuestión de confianzadizque con el pueblo en alianza.Luego, con su mensaje, vino el presidente,ordenando a toda esa gentelargarse prontamente,dejando a los deprimidos sauriossin el mejor de sus augurios:sus sueldazos espuriosPor eso, ciudadano ejemplar,la próxima elección piensa antes de votar.Y tú, hermano huanuqueño,que eres de tu voto el auténtico dueñono votes por el primer impostor ni pregonerovota por el hombre primeroque trabajó y estudió con mucho esmero.
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