Cada vez que el fenómeno El Niño (FEN) se presenta, el Perú vuelve a enfrentar lluvias intensas, huaicos, inundaciones y pérdidas humanas y materiales. Según el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), más del 70 % del territorio nacional presenta algún nivel de vulnerabilidad frente a amenazas naturales. El problema no está en que el evento ocurra, sino en que el país sigue siendo sorprendido por un fenómeno que la ciencia anuncia con semanas o meses de anticipación.
Frente a ese escenario, la tecnología se posiciona como una herramienta para anticipar riesgos, mejorar los sistemas de alerta temprana y reforzar la capacidad de respuesta ante emergencias. Satélites, inteligencia artificial, sensores y drones permiten reducir el impacto de fenómenos extremos cuando se combinan con planificación y coordinación entre autoridades y población.
Qué hace un sistema de alerta temprana
De acuerdo con la ONU, los sistemas de alerta temprana están diseñados para proporcionar avisos de forma anticipada y ayudar a las personas y comunidades a tomar medidas para reducir riesgos y hacerles frente. Estos sistemas no son exclusivamente tecnológicos: requieren conocimiento del riesgo, las vulnerabilidades y las exposiciones de cada región; monitorización y previsión con tecnologías de medición como sensores y telemetría, además de modelos predictivos que anticipen la aparición e intensidad de los peligros; y una difusión y comunicación eficaz de las alertas.
Un ejemplo citado en el material de referencia ilustra el impacto de estos sistemas: en 1970, más de 300.000 personas murieron a causa de un potente ciclón en Bangladés. En 2020, el ciclón Amphan, de características similares, dejó 26 muertos en ese país. Entre ambos eventos mediaron décadas de desarrollo de alertas tempranas y preparación de la población.
El factor humano que la tecnología no reemplaza
El geofísico Cristian Farías, de la Universidad Católica de Temuco, en Chile, y experto en comunicación de riesgo y sistemas de alerta para erupciones y eventos naturales, plantea una advertencia central sobre el alcance de estas herramientas.
"Los desastres no son naturales, son fundamentalmente humanos. Un país puede tener un terremoto, una erupción volcánica o una tormenta, eventos que van a ocurrir quieras o no. Pero lo que puede realmente cambiar, sobre lo que tiene poder de decisión, son las medidas de prevención y de respuesta", explica Farías.
El especialista añade que "no hay una única tecnología que resuelva los problemas por sí solos ni que evite los desastres si falla todo lo demás". Las estrategias de prevención, la planificación, la coordinación de los servicios de emergencia, la confianza en las autoridades y la preparación de la población siguen siendo determinantes, según el material consultado.
El costo de no invertir en prevención
Según el último Informe de Evaluación Global sobre la Reducción del Riesgo de Desastres de la ONU, el impacto directo de los desastres asciende actualmente a unos 202.000 millones de dólares anuales, cifra que supera los 2,3 billones si se consideran los costos indirectos y en los ecosistemas. El informe subraya la importancia de invertir en estrategias y sistemas que aumenten la resiliencia de las economías ante desastres, y advierte que el cambio climático incrementará esos costos a medida que aumenten la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos.
Pese a esas cifras, el material de referencia reporta avances. La edición más reciente del Atlas de mortalidad y pérdidas económicas causadas por los riesgos meteorológicos, climáticos e hídricos, publicada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en 2023, señala que, aunque los riesgos se han multiplicado, la pérdida de vidas humanas se ha reducido. En la década de 1980 se registraron cerca de 667.000 muertes por desastres meteorológicos, mientras que en la década de 2010 fueron 184.000.
El Niño en el Perú: alerta vigente y brechas pendientes
En el caso peruano, el Comité Multisectorial encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) mantiene activo el estado de alerta por la continuidad de El Niño costero, que se desarrolla frente a las costas del Perú y Ecuador, mientras en el Pacífico ecuatorial central avanza El Niño de alcance global. Según las proyecciones citadas, ambos podrían prolongarse hasta el verano de 2027, con intensidad fuerte durante varios meses.
El Gobierno ya declaró en emergencia 796 distritos de 22 departamentos ante el peligro de precipitaciones intensas, y las anomalías en la temperatura del mar frente a la costa alcanzan hasta 6 °C por encima de sus valores habituales, según la Marina de Guerra del Perú. Aunque el Estado ha destinado más de S/ 4.200 millones para enfrentar los posibles efectos de El Niño y trabaja en la limpieza y descolmatación de cauces en 75 puntos críticos, la Cámara de Comercio de Lima advierte que están pendientes de ejecución obras preventivas por más de S/ 11.621 millones. El Cenepred estima que más de 9,3 millones de personas podrían resultar afectadas.
El material de referencia recuerda que el Perú ha convivido con El Niño durante siglos y ha vivido episodios como los de 1982-1983, 1997-1998 y 2017. La pregunta que plantean los especialistas es si el país ha aprendido lo suficiente para estar mejor preparado esta vez.
El próximo paso, según el material consultado, no depende de una sola herramienta: los sistemas de alerta temprana deben combinarse con inversión en prevención, coordinación institucional y preparación de la población. Qué tan rápido se cierren las brechas pendientes definirá si el próximo evento se enfrenta con anticipación o, una vez más, con sorpresa.










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