Huánuco no necesita más salidas fáciles. Necesita orden. Que la Municipalidad Provincial ofrezca descuentos de hasta 95% en papeletas antiguas, y deje sacar un vehículo del depósito con solo S/20, puede aliviar un almacén saturado. Pero no es lo mismo vaciar un depósito que ordenar una ciudad. Y esa diferencia es la que la comuna parece no querer explicar.
El problema que identificó la municipalidad es real: más de 3,300 unidades retenidas, ocupando espacio, generando papeleo y pertenecientes, muchas veces, a conductores que simplemente no tienen con qué pagar. Hay familias que viven del día a día con un solo vehículo y que necesitan una oportunidad para regularizarse; eso nadie lo discute. El problema es cuando el alivio económico empieza a sonar a impunidad.
Porque el mensaje que manda una amnistía así solo se sostiene si viene con control de verdad, con fiscalización, con reglas que eviten que esas mismas unidades regresen al caos de siempre. Si no, el que paga sus papeletas, respeta las señales y hace las cosas bien termina sintiéndose el tonto del cuento, mientras el que acumula infracciones año tras año recibe casi un perdón total.
Huánuco carga hace años con un transporte que no funciona: paraderos que nadie ordena, moto taxis sin control, combis peleándose por pasajeros, vehículos con historiales de sanciones y una municipalidad que anuncia operativos y ordenanzas que casi nunca se sostienen en el tiempo. En ese escenario, perdonar multas sin decir qué viene después deja una pregunta abierta y legítima: ¿qué gana realmente la ciudad con esto?
La comuna tiene la obligación de contarle a la gente cuántos vehículos van a salir, cuántos tienen infracciones graves, cuántos han estado involucrados en accidentes, cuántos no tienen papeles en regla, y qué filtros se van a aplicar antes de devolverlos a las calles. Decir que "ciertas faltas no entran al beneficio" no alcanza. La gente necesita saber cómo se va a verificar eso, y quién responde si una unidad liberada vuelve a poner en riesgo a un pasajero o a un peatón.
Y hay algo incómodo que también hay que decir: el transporte no se arregla solo con castigos. Se arregla con rutas claras, con fiscalizadores que sepan hacer su trabajo, con tecnología, con paraderos formales, con las mismas reglas para todos, y con la voluntad política de enfrentar a quienes durante años se han acostumbrado a manejar las calles a su antojo. Pero cualquier reforma seria tiene que empezar por algo básico: que cumplir la norma valga más que romperla.
Para Diario Ahora, esta amnistía puede aceptarse solo como medida excepcional, temporal y transparente. No como premio al infractor, ni como parche para no enfrentar el problema de fondo. La municipalidad tiene hasta el 31 de agosto para demostrar que este beneficio no es otra puerta giratoria del desorden.
Huánuco merece un transporte más humano, sí. Pero también más justo: humano con quien busca regularizarse, firme con quien convirtió la infracción en costumbre. El perdón sin reforma solo limpia depósitos. La ciudad sigue sucia.










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