El aniversario de la ciudad debería convocarnos a compartir, encontrarnos y recuperar el orgullo colectivo. Pero cerrar vías sin información suficiente, tolerar el desorden y trasladar el costo de la feria a los vecinos convierte la fiesta en una nueva fuente de malestar.
Huánuco se prepara para celebrar un aniversario más, pero la escena previa vuelve a ser dolorosamente conocida: calles cerradas, rutas alteradas, conductores desorientados y una ciudad obligada a acomodarse, casi de un momento a otro, a decisiones que parecen tomadas sin considerar la vida cotidiana de sus habitantes. La feria instalada alrededor de la laguna Viña del Río puede tener valor económico y festivo, pero ninguna celebración justifica convertir el tránsito urbano en una prueba de paciencia.
El cierre de la cuadra uno del jirón Dos de Mayo ha desplazado buena parte de la circulación hacia el jirón Tarma, Leoncio Prado y el Puente Arpa. Esa modificación no es un detalle menor. Afecta a transportistas, vecinos, comerciantes, motociclistas y familias que se movilizan entre Huánuco y Pillco Marca. También aumenta la presión sobre calles que ya soportan una circulación intensa y que no fueron diseñadas para absorber, sin dificultades, todo el flujo desviado.
Lo más preocupante no es únicamente el cierre, sino la sensación de improvisación que lo acompaña. Los inspectores pueden orientar durante las primeras horas y las señales pueden indicar una salida provisional, pero eso no reemplaza una comunicación anticipada, clara y completa. La población necesita saber cuánto durará la restricción, cuáles serán los horarios de carga y descarga, qué accesos permanecerán disponibles y qué ocurrirá ante una emergencia. Celebrar no puede significar informar tarde y corregir sobre la marcha.
Una feria también genera movimiento económico, trabajo y espacios de encuentro. Eso debe reconocerse. Sin embargo, su organización no puede reducirse a colocar carpas y cerrar calles. Requiere orden, limpieza, seguridad, control del comercio informal y condiciones que permitan convivir con quienes residen alrededor de Viña del Río. Los vecinos no pueden convertirse en invitados incómodos dentro de su propio barrio.
Tampoco se puede ignorar el temor ciudadano frente a la delincuencia. Cuando una actividad concentra público, dinero y comercio, la seguridad debe ser visible y sostenida. No basta con reaccionar después de un incidente. La prevención forma parte de la organización y debería recibir la misma atención que el montaje de los puestos o el programa festivo.
Huánuco merece celebrar con alegría, pero también con respeto. El aniversario no debería ser una temporada en la que la ciudad pierde orden, movilidad y tranquilidad. La identidad huanuqueña no se fortalece cuando el vecino siente que la fiesta se organiza a costa de su tiempo, su seguridad y su derecho a circular.
La responsabilidad de las autoridades y de los organizadores es demostrar que una feria puede convivir con la ciudad, y no imponerse sobre ella. Informar el cronograma completo, ordenar los accesos, mantener limpias las zonas utilizadas, controlar los riesgos y escuchar a los residentes no son favores: son obligaciones básicas.
El aniversario debe unirnos, no enfrentarnos con el desorden. Si cada año repetimos los mismos cierres, las mismas quejas y las mismas respuestas tardías, entonces el problema ya no es la falta de experiencia. Es la falta de voluntad para aprender.










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