Por Nelson Fernando Nuñez Vergara
Especialista en Sistemas e Inteligencia Artificial
Kybernet.
Imagínese a un productor de palta Hass en el valle del Huallaga. Cada temporada se levanta antes del amanecer, riega sus árboles y cosecha con esfuerzo. Luego vende su producto a un acopiador que le paga lo que quiere, porque no tiene otra opción. Lo que quizás no sabe es que esa palta termina en Shanghái, a un precio que multiplica varias veces lo que él recibe. China compra la mitad de la palta que exporta Huánuco. Él no lo decide, no lo negocia, no lo aprovecha del todo. Alguien más decide por él.
Detrás de esa imagen hay números que vale la pena mirar. En 2025, China compró el 46% de todo lo que Huánuco vendió al mundo. En el primer semestre de 2026, esa cifra subió al 83%. ¿La razón? Los minerales: plomo, plata y zinc. Son productos que se venden sin procesar, como sacar la papa de la chacra y venderla sin pelar ni embolsar. Pero no es solo porque exportemos más. También influyen los precios internacionales de los metales y la falta de plantas refinadoras en el país. Dependemos de China no solo porque nos compra, sino porque nuestro modelo exportador sigue siendo el mismo desde hace décadas: sacamos materia prima y la vendemos sin transformar.
Esa concentración es una gran oportunidad, pero también una gran responsabilidad. Depender de un solo mercado exige gestionar esa relación con inteligencia y capacidad de negociación. La relación ya existe. Lo que falta es gobernarla desde Huánuco. Gobernar significa organizarnos para tomar mejores decisiones: saber qué producimos, a quién le vendemos, a qué precio, y qué nos falta para ganar más.
Porque no solo son minerales. El cacao de Tingo María, el café de Leoncio Prado y la papayita andina ya llegan a mercados internacionales. Y hay un dato que invita a soñar: la palta huanuqueña se destina principalmente a China, con el 50% del total exportado. Ya existe un estudio que analiza si conviene construir una planta para juntar, seleccionar y empacar la palta antes de exportarla. El estudio dice que sí conviene. Las proyecciones pasan de 2,736 toneladas en 2024 a 3,277 en 2029. Pero el estudio está guardado. Nadie lo ha ejecutado.
China no solo compra. También invierte. China Three Gorges Corporation adquirió la central hidroeléctrica Chaglla por aproximadamente US$ 1,400 millones. Es la tercera hidroeléctrica más grande del Perú, con 456 megavatios. Es una inversión china de primer nivel, operando aquí, en nuestra región.
Y hay más. China Railway 20 Bureau Group Corporation ejecuta el corredor vial Huánuco–La Unión–Huallanca–Antamina, con un contrato de S/ 1,241 millones, actualizado a S/ 1,341 millones. La obra reducirá el trayecto de Huánuco a Punto Unión de dos horas y media a una hora y veinte. La empresa señala que prioriza la contratación de mano de obra local. No es solo una carretera: es empleo y formación.
Hay un proyecto que podría cambiar la geografía económica de la región: el Tren Amazónico, una línea férrea de 904 kilómetros que uniría Pucallpa, Tingo María, Huánuco y Cerro de Pasco con el megapuerto de Chancay. Está en estudios preliminares, con una inversión estimada de S/ 70 mil millones. De concretarse, Huánuco dejaría de ser un punto de paso para convertirse en un lugar donde los productos se almacenan, se transforman y se redistribuyen. Pero un tren que pasa no es lo mismo que un tren que se queda. Para capturar valor, Huánuco necesita prepararse: formar técnicos en logística, habilitar zonas de almacenamiento, atraer empresas de servicios.
El Tren Amazónico moverá toneladas de carga. Pero también moverá personas. Roe Mío López Toribio, odontólogo de Jacas Grande, en Huamalíes, egresado de la UNHEVAL, ganó la beca Gran Muralla, un programa del Gobierno chino que financia estudios de posgrado en sus universidades. Cuenta que aprendió chino con facilidad porque el idioma tiene similitudes fonéticas con el quechua. Roe Mío es hoy una excepción. La pregunta es cuántos más podrían seguir su camino si tuviéramos una estrategia.
Porque hay preguntas que todavía no tienen respuesta. ¿Cuántos técnicos huanuqueños trabajan en Chaglla en puestos calificados? ¿Qué pasará con el empleo cuando termine el corredor vial? ¿Quién prepara capacidades logísticas para el Tren Amazónico? ¿Cuántos profesionales formados en la UNHEVAL y la UDH encuentran aquí un empleo a su altura? La inversión llega. La pregunta es si estamos listos para capturarla. Y para eso hace falta algo que hoy no tenemos: gobernanza. Un sistema para tomar decisiones, monitorear resultados y coordinar a actores con intereses distintos.
No partimos de cero. La Cámara de Comercio ya tiene contactos con China. La UNHEVAL ha firmado convenios con universidades chinas. El Gobierno Regional ha impulsado el Tren Amazónico. El problema no es que no haya esfuerzos; es que están dispersos. Cada institución trabaja por su lado. Lo que falta es articularlos en una estrategia común.
Necesitamos un espacio donde el Gobierno Regional, las universidades, los empresarios y la sociedad civil se sienten a coordinar. No para crear otra oficina, sino para que las que ya existen trabajen juntas. No es una nueva burocracia porque no crea nuevos cargos. No tiene presupuesto propio. Su poder no viene de la ley, sino de la información: quien tiene los datos, decide mejor. Ese espacio puede llamarse Mesa Regional de Innovación. Imaginemos cómo funcionaría. La Mesa se reúne una vez al mes. La Dirección Regional de Comercio Exterior presenta un informe: qué exportamos, a qué precio, a qué país. La UNHEVAL presenta un estudio: qué carreras técnicas hacen falta. La Cámara de Comercio presenta una demanda: qué necesitan las pymes para exportar. Con esa información, la Mesa define prioridades y asigna responsables.
Producción y servicios públicos son como las dos patas de un banco. Si una falla, el banco se cae. Si Huánuco exporta más pero no mejora su posta médica, su escuela o su carretera, la gente sigue viviendo igual. Si mejora sus servicios pero no genera empleo formal, los jóvenes siguen emigrando.
Huánuco tiene hoy una oportunidad histórica. China ya está aquí, comprando, invirtiendo, confiando. Volvamos al productor de palta del valle del Huallaga. Él no necesita saber qué es la geopolítica ni qué es la inteligencia artificial. Necesita que su producto llegue a Shanghái a un precio justo. Necesita que sus hijos encuentren trabajo aquí. Necesita que su región tenga un plan. No se trata de esperar a que Lima o Beijing decidan por nosotros. Se trata de construir, desde la región, la capacidad de gestionar nuestra propia relación con el mundo.











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