Ya hace más de un siglo que el maestro Manuel González Prada lanzó su proclama más popular y polémica a la vez: « ¡Los viejos a la tumba; los jóvenes a la obra!». Y es que pedía dar paso a las ideas renovadoras que traían los nuevos tiempos. Años después, Mariátegui complementaría esta máxima de Prada, al afirmar que «la juventud no es la esperanza del mañana; es la acción de hoy o no es nada». De esta manera, ambos pensadores históricos le otorgan gran importancia a la juventud y su participación en la construcción de un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo. Mariátegui había conocido la lucha tenaz de los jóvenes por la reforma universitaria y conoció su capacidad para conquistar grandes objetivos que coadyuven a transformar la sociedad. Hoy, en el Perú, tenemos una tasa de desempleo juvenil aproximada de 9,6% que equivale a un promedio de 272,000 jóvenes desempleados, mientras que el 85% se desempeña en empleos informales. Hoy, debemos advertir a la juventud que el gobierno intenta modificar la ley laboral en perjuicio de la clase trabajadora y, en consecuencia, de la juventud trabajadora. Busca reducir beneficios laborales conquistados históricamente por los trabajadores del Perú; ha planteado ya la reducción de horas de descanso, el aumento de horas laborales, disminución de salarios y bonificaciones, aumento de los años de jubilación, etc., mientras que aspira a darle libertad plena a los grandes bancos y a la minería extranjera; es decir, aplicará una política supuestamente neoliberal, pero con apoyo estatal a los grandes grupos empresariales del Perú y de Norteamérica.
Sería muy extenso explayarnos aquí sobre estos temas que corresponden al aspecto económico, pero la juventud debe estar alerta a que se impulse una nueva Ley 30288, más conocida como la Ley Pulpín que, en su momento, despertó la indignación de los jóvenes, quienes se volcaron a las calles y fueron encarcelados y hasta torturados. Frente a esto, no olvidemos lo que describiera el propio Maquiavelo analizando a la nobleza y su ambición de poder: una enfermedad como la tisis, al principio, es fácil de curar, pero difícil de diagnosticar; en cambio, si se deja avanzar el mal, será fácil diagnosticar, pero difícil de curar. Esto ocurre en las cuestiones políticas y en el mal que encarnan las políticas represivas que implantan las clases dominantes. (…) Debo indicar que el moldeamiento ideológico que hace el neoliberalismo en los jóvenes, se sustenta en lo mismo que ha hecho durante siglos para sostener la opresión del capital: el engaño, la tergiversación y la alteración de la realidad objetiva. Algo que, en términos económicos, Karl Marx llamaba “fetichismo de la mercancía”; algo que Keynes satiriza diciendo que «los teóricos clásicos se asemejan a los geómetras euclidianos en un mundo no euclidiano que, al descubrir que en la realidad las líneas rectas aparentemente paralelas se encuentran con frecuencia, reprenden a las líneas por no mantenerse rectas»; es decir, en lugar de corregir sus teorías en base a la realidad, pretenden distorsionar la realidad para acoplarla o forzarla a sus teorías. Por otro lado, está lo que el escritor Huxley planteaba: el objetivo de toda dictadura eficaz es hacer que los esclavos amen su servidumbre y, por eso, ocultar la verdad es lo más valioso en las grandes tiranías. Para esto, necesitan implementar un sistema educativo (no solo escuelas y universidades) que tiende hacia la mentira y el engaño; que, sofisticadamente, busque enajenar a la juventud hasta transformarla en una mercancía más, desprendiéndola al máximo de sus capacidades cognitivas y humanas.
El capitalismo conoce el poder de la juventud; por eso, busca adormecerla, primero desprendiéndole de su capacidad crítica; con este fin, distorsionan la historia, pintan de bello el sistema actual, les prometen, con platillos y bombos, la libertad, ¿pero en verdad hay libertad o solo se les otorga el libertinaje sexual para distraerlos y mantenerlos sometidos a la opresión económica, social y hasta de pensamiento? La opresión del capital, tal como sucede con la clase obrera en general, convierte a la juventud en una mercancía fácil de traficar, mientras le inculcan el individualismo radical, el consumismo enfermizo, eliminando toda necesidad de reflexión social. La educación se transforma en una simple instrucción para convertir a las mayorías sociales en mano de obra barata, mas, no para el desarrollo íntegro del nuevo ciudadano. La modificación de la currícula educativa de USA en la década del 60 es un gran referente de ello, pues el funcionalismo educativo sirvió para educar a los jóvenes según las necesidades del mercado y del sistema que, a corto y mediano plazo, trajo consecuencias funestas: aumento de matanzas masivas, incremento de la tasa de suicidios, pobreza y pobreza extrema, amplitud de la brecha económica y social, etc.
En el Perú, como país semicolonial, dependiente principalmente de Norteamérica, se busca crear en los jóvenes una alienación desorbitante, haciéndoles creer que no existe una solución para el Perú, salvo el reverenciar a las grandes potencias mundiales (aquí es importante que se tergiverse la teoría de la selección natural de Darwin, tal como lo hicieron los nazis) y se impulsa la fuga de cerebros, porque en el Perú jamás se priorizó el desarrollo económico, industrial, científico y hasta artístico; jamás hubo una política que impulse el desarrollo nacional, pese a las inmensas riquezas que posee. Debemos, por ende, impulsar y exigir una educación más democratizada y, para eso, habrá que democratizar la economía y exigir una educación que impulse el desarrollo del pensamiento crítico de los estudiantes. Esto será ya un gran avance, pues permitirá que los jóvenes abandonen el letargo al que quieren someterlos, porque de ellos es el mañana y sus luchas actuales edificarán ese mañana; ellos no son solo esperanza, son la lucha actual y la realización de los anhelos de una sociedad superior.








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