Gobernar es administrar responsable y disciplinadamente una región. Todos deseamos que los próximos cuatro años no sean perdidos, sin resultados ni con los problemas de ahora y de siempre incólumes. Educación, salud, servicios básicos (luz eléctrica, Internet, agua, desagüe), infraestructura, calidad del gasto presupuestal asignado anualmente y eficiencia de gestión pública en beneficio de los ciudadanos y usuarios son indicadores para medir si un gobernador regional es efectivo o simplemente su oferta electoral ha rebasado sus posibilidades de cumplimiento. En política, quien ofrece y no cumple es un demagogo, le ha mentido al electorado, su palabra es vacía, sin acción. Una gestión pública sin resultados mensurables y concretos es una grosera estafa. El voto ciudadano no ha cumplido su fin: elegir correctamente. A eso, hay que agregarle, como requisito imperativo, el componente ético y actitudinal. En campaña electoral, el candidato sonríe de oreja a oreja, abraza efusivamente a cuanto transeúnte aparezca en su camino, si es niño pordiosero o anciano indigente, mejor, regala a diestra y siniestra cosas para pedir votos, hace altares religiosos en la acera de la calle para esperar un milagro político; pero, en la realidad, es una impostura, un acto fariseo. En su lógica, en política vale todo. Si tiene que bailar en cueros con Lucifer o el arcángel Gabriel, en la Plaza de Armas, lo hará porque el “fin justifica los medios”. La honradez del gobernante garantiza que el gasto público o una licitación de obras sea transparente, sin coger un céntimo del Estado. Sé que no hay confianza en los políticos por sus acciones deleznables y cuestionables. En estas elecciones, está servida la oportunidad para elegir a un gobernador regional que nos devuelva la esperanza y la confianza. Hipotecar la gestión regional a intereses de grupos económicos y políticos es peligroso; solo va a generar retraso y rezago de las inversiones públicas y atención de las necesidades de los pueblos. El poder político muestra en vitrina quién es el gobernante. A veces el poder político lo convierte en un energúmeno histriónico y cleptómano compulsivo. Un gobernador regional así, no merecemos. Tenemos la opción histórica para elegir al gobernador regional idóneo y decente.
La agenda sincera de educación, a corto y mediano plazo, es la hoja de ruta que debe seguir el gobernador regional sin escapatoria, es su responsabilidad política y administrativa, y así se lo exige la ley de gobiernos regionales. El gobierno regional lidera la implementación de las políticas educativas consagradas en la Constitución, la ley de educación, la carrera pública magisterial, el Plan Educativo Nacional y las normas técnicas que emite el Minedu; esto es válido para instituciones educativas públicas y privadas. El gobernador regional, la gerencia de desarrollo social, la DRE y las 11 ugeles de Huánuco tienen esa misión. El plan de educación del ministro Chang se tendrá que acoplar a las realidades de las regiones y al Proyecto Educativo Regional (PER). No hay nada concreto sobre la hora obligatoria de la lectura. ¿Qué deben leer? ¿Quién va a seleccionar los textos de lectura? ¿Qué estrategia se van utilizar para fomentar la lectura? Jamás olvidar que la lectura se enseña con el ejemplo del docente o del padre de familia. La guía para padres se familia va a esperar largos meses. De la directiva del Minedu, sobre la suspensión o expulsión de estudiantes de comportamiento disruptivo e incorregible, aún no hay nada. Es necesario formular y consensuar un Proyecto Curricular Regional que obedezca a las necesidades e intereses de los estudiantes de la región Huánuco. Educación va de la mano con salud y vías de comunicación. La gestión pública no es un archipiélago. Reducir los índices de analfabetismo, mejorar los aprendizajes y otorgar soporte socioemocional a estudiantes y docentes es un gran desafío.
Que estas elecciones no nos sorprendan con los pantalones flojos. Mirando retrospectivamente, los gobernantes, salvo alguna excepción, no han estado a la altura de las circunstancias históricas de Huánuco; se ubicaron por debajo del estándar de gobernanza, resultados de gestión pública y calidad de gasto presupuestal. El analfabetismo sigue intacto o en aumento, el pago de la deuda social de los docentes espera pacientemente, los niños asisten a la escuela con anemia y desnutrición. Ahí está la tarea que se debe cumplir con responsabilidad social. El voto ciudadano tiene que ser convicto, informado, lúcido, consciente y sin el compromiso de pagar deudas y favores políticos. Un gobernador regional tiene que ejercer su función pública en beneficio de las 11 provincias, visitarlas y escucharlas. Vamos a elegir un gobernador regional para cuatro años, 48 meses, 1640 días. En ese tiempo, sabremos a quién hemos elegido. En la carta electoral, hay menúes de todos los precios, cantidades y gustos. Un gobernador regional tiene que mostrar a los ciudadanos competencias para una gestión pública eficiente y de resultados, una marcada actitud ética y un comportamiento decente y emocionalmente maduro durante el ejercicio del poder político. La historia demuestra que entregar la voluntad del pueblo a los pillos y bribones es dejar al gato que cuide la despensa. El pueblo elegirá a un solo ciudadano para ser gobernador regional y este debe entender que el gobierno regional no es una parcela feudal donde se actúa con tropelía y despilfarro, sino una institución desde donde se proyecta la solución de los problemas que afectan a los ciudadanos. Esa es la misión, full time, sin excusas, del gobernador regional, no hacerse rico.
El domingo 4 de octubre, los ciudadanos huanuqueños tienen la oportunidad de tomar una decisión sabia e histórica: elegir al candidato con el perfil idóneo y ético para entregarle, mediante el voto popular, el desempeño de gobernador regional. Ahora es el momento de recuperar el justo merecimiento, la dignidad, la esperanza y la confianza en las instituciones y la política que demanda alta vocación de servicio, honradez y compromiso con el bienestar y respeto a los ciudadanos. No basta cumplir con el deber ciudadano de votar, de modo automático y rutinario, sino es necesario distinguir la paja del trigo, analizar y distinguir símbolos, promesas, actitudes de candidatos y equipos técnicos de soporte profesional, hacer un acto de comparación serena y reflexiva entre uno y otro candidato y quién de ellos merece que le demos nuestro voto, quién de ellos nos representa legítimamente. Si bien el poder de la democracia proviene de la voluntad de los ciudadanos; sin embargo, se elige a quien, finalmente, no tiene el perfil ni las condiciones mínimas de liderazgo ni competencias profesionales, de experiencia ni vocación de servicio. Cuando el feligrés prende muchas velas, el santo desconfía. Merecemos un gobernador regional que ejerza el cargo público con responsabilidad social y política, sea concertador, considere avances y logros de la gestión anterior para continuarlos y fortalecerlos. El voto elige autoridades para cuatro años, pero no gobierna ni decide.








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