Hay problemas que pueden explicarse por una tubería rota, una emergencia inesperada o una obra que encontró dificultades en el camino. Pero cuando los incumplimientos se repiten, las multas se acumulan y los gerentes cambian uno detrás de otro, ya no estamos frente a un tropiezo. Estamos frente a un problema de gestión. Y eso es precisamente lo que merece discutirse hoy sobre Seda Huánuco.
La última sanción de Sunass vuelve imposible mirar hacia otro lado. La empresa alcanzó apenas 67,6% en su índice global de cumplimiento de metas, cuando el mínimo aceptable era 85%. Más preocupante todavía resulta el 4% alcanzado en la ejecución de la reserva destinada a conservar las fuentes de agua. Son recursos que salen del recibo que pagan los usuarios. No hablamos, entonces, de una cifra lejana perdida en un expediente administrativo: hablamos del dinero de miles de familias y de aquello que sostiene el agua que llegará mañana a sus hogares. La Resolución N.° 210-2026-SUNASS-DS figura además en el registro oficial de sanciones de Sunass.
Aquí aparece una responsabilidad institucional que no puede diluirse. Seda Huánuco está bajo el Régimen de Apoyo Transitorio y el OTASS tiene intervención directa en su administración; la normativa atribuye a su Consejo Directivo la designación de los gerentes de las empresas sometidas a ese régimen. Por eso, cuando existe una sucesión de nombramientos que no consigue estabilizar la empresa, corresponde examinar también la calidad de esas decisiones.
Los usuarios no tienen por qué aprenderse el nombre del gerente de turno. Quieren abrir el caño y tener agua; recibir atención cuando reclaman; pagar una tarifa comprensible y saber que el dinero cobrado se utiliza correctamente. Eso es lo elemental. Sin embargo, Sunass informó en julio que entre 2025 y mayo de 2026 impuso 12 medidas correctivas e inició un procedimiento sancionador para corregir deficiencias relacionadas con calidad, continuidad y seguridad del servicio.
Y allí está el verdadero problema: la factura de una mala administración nunca termina únicamente en los escritorios. Termina alcanzando al ciudadano. La multa se paga con recursos de la empresa; los proyectos retrasados afectan al servicio; la rotación gerencial rompe continuidad; y cualquier incremento que aparece en los recibos resulta mucho más difícil de aceptar cuando el usuario percibe que la calidad no avanza al mismo ritmo.
Desde Diario Ahora creemos que Huánuco ya ha esperado demasiado para que Seda Huánuco encuentre estabilidad. No corresponde atribuir responsabilidad personal por las sanciones a un funcionario determinado cuando las resoluciones no lo establecen. Sí corresponde exigir responsabilidad institucional a quienes administran, nombran, supervisan y toman decisiones.
El OTASS llegó para recuperar una empresa con problemas, no para acostumbrarnos a vivir con ellos. Si después de años de intervención continúan las sanciones, los incumplimientos y el descontento, la pregunta es inevitable: ¿qué está funcionando realmente?
Huánuco no necesita otro cambio de nombre en la puerta de la gerencia. Necesita gestión profesional, continuidad, transparencia y resultados que puedan sentirse en cada hogar. Porque mientras las autoridades discuten responsabilidades, hay una verdad bastante más sencilla: el usuario sigue pagando la cuenta.










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